Ovidio, Metamorfosis
Selección de 13 mitos: ficha de cada uno y texto latino completo con traducción.
El autor
Publio Ovidio Nasón (Publius Ovidius Naso) nació en Sulmona, en la región de los pelignos (centro de Italia), en el año 43 a. C., en una familia acomodada del orden ecuestre. Estudió retórica en Roma y viajó por Grecia y Asia Menor, pero abandonó la carrera política para dedicarse a la poesía. Formó parte del círculo de Mesala Corvino y fue el poeta de moda de la Roma de Augusto.
En el año 8 d. C. Augusto lo desterró a Tomis, en la costa del mar Negro (la actual Constanza, en Rumanía). El propio Ovidio atribuye el destierro a «un poema y un error» (carmen et error, Tristes II, 207): el poema sería el Arte de amar, contrario a la política moral de Augusto; el error nunca lo explicó. No obtuvo el perdón ni de Augusto ni de Tiberio y murió en el exilio hacia el 17 o 18 d. C.
La obra
Título y tema
Metamorphoses es una palabra griega que significa «transformaciones». El poema reúne unas 250 historias míticas en las que alguien cambia de forma: personas que se convierten en plantas, animales, piedras, fuentes o estrellas. El proemio lo anuncia: In nova fert animus mutatas dicere formas / corpora («Mi ánimo me lleva a hablar de formas transformadas en cuerpos nuevos», I, 1-2).
Extensión y métrica
15 libros y casi 12.000 versos, todos en hexámetro dactílico, el verso de la épica.
Género
Las orientaciones de la PAU lo definen como poema épico-didáctico (epicodidàctic). Tiene la forma de la épica (hexámetro, extensión, dioses y héroes, invocación a los dioses en el proemio) pero no un único héroe ni una única acción: es una cadena de relatos (carmen perpetuum, «canto continuo») con una intención de saber enciclopédico sobre el origen de las cosas (explicaciones etiológicas: por qué la araña teje, por qué la morera da frutos oscuros, de dónde viene el nombre del mar Icario). Combina tonos muy distintos: épico, elegíaco, trágico, humorístico.
Estructura
El poema avanza en orden cronológico desde el Caos y la creación del mundo (libro I) hasta la época de Ovidio: la muerte y divinización (apoteosis) de Julio César y el elogio de Augusto (libro XV). Suele dividirse en tres grandes bloques: los dioses (libros I-VI), los héroes (VI-XI) y la historia, desde Troya hasta Roma (XI-XV). Los relatos se enlazan con transiciones ingeniosas y muchas veces van encajados unos dentro de otros: un personaje cuenta una historia en la que otro personaje cuenta otra (por ejemplo, Ceres y Proserpina lo canta la musa Calíope; Apolo y Jacinto forma parte del canto de Orfeo).
Composición
Ovidio lo escribió aproximadamente entre el 2 y el 8 d. C. Cuando partió al destierro aún no lo había revisado del todo; según cuenta él mismo (Tristes I, 7), quemó su copia, pero el poema ya circulaba entre sus amigos y se conservó. Termina con la célebre afirmación de inmortalidad poética: vivam, «viviré» (XV, 879).
Fuentes
Mitología griega (Hesíodo, la tragedia, los poetas alejandrinos como Calímaco y Nicandro, autor de unas Heteroeúmena, «transformaciones») y también tradiciones romanas e itálicas.
Temas principales
El amor como fuerza que lo domina todo, incluso a los dioses (Apolo y Dafne, Apolo y Jacinto); el castigo divino a la soberbia (hybris) humana (Aracne, Faetonte) o al que ve lo que no debe (Acteón); el amor imposible o trágico (Píramo y Tisbe, Narciso, Orfeo y Eurídice, Ifis); la transgresión de los límites humanos (Ícaro, Faetonte); el cambio como ley del universo; el arte y el artista (Aracne, Dédalo, Orfeo).
Estilo
Narración ágil y visual, descripciones muy plásticas de la propia transformación (el cuerpo que se va convirtiendo poco a poco en árbol, flor o animal), discursos y monólogos de los personajes de gran fuerza retórica, ironía y humor incluso ante los dioses, y abundantes explicaciones etiológicas.
Relación con Augusto
El poema culmina en la exaltación de César y de Augusto, pero muestra a menudo dioses caprichosos, crueles o injustos, y esa visión se ha leído como una forma de distancia respecto a la religión oficial y al programa moral del príncipe. Frente a la Eneida de Virgilio, épica nacional con un héroe y un destino, las Metamorfosis no tienen centro y celebran la variedad y el cambio.
Pervivencia
Ha sido una de las obras más influyentes de la literatura occidental, la gran fuente de la mitología para la Edad Media (el Ovide moralisé), el Renacimiento y el Barroco. En la literatura hispánica, Garcilaso, Góngora, Quevedo o Lope de Vega reescribieron sus mitos; en la pintura y la escultura, Tiziano, Rubens, Velázquez o Bernini. Ejemplos concretos en cada mito.
Los trece mitos
1Deucalión y PirraMet. I, 313-415
Personajes
Deucalión, hijo de Prometeo; Pirra, su esposa, hija de Epimeteo (son, por tanto, primos); Júpiter; Tritón, dios marino; Temis, diosa que tenía el oráculo antes que Apolo.
Contexto
Júpiter, indignado por la maldad de los hombres (la crueldad de Licaón), ha enviado un diluvio que inunda toda la tierra. El pasaje empieza cuando la pequeña barca de Deucalión y Pirra encalla en el monte Parnaso, en la Fócide.
Resumen
Deucalión y Pirra son los únicos supervivientes porque eran los más justos y piadosos; al llegar a tierra veneran a las ninfas coricias y a Temis. Júpiter ve que solo quedan un hombre y una mujer inocentes y detiene el diluvio: aparta las nubes con el viento del norte, y Neptuno ordena a Tritón que, soplando su caracola, haga retirarse las aguas. Deucalión, desolado ante el mundo vacío, se dirige a Pirra («oh hermana, oh esposa») y desea poder repoblar la tierra como su padre Prometeo, que modeló a los hombres con barro. Se purifican con agua del río Cefiso, van al santuario de Temis y piden ayuda. El oráculo responde: «Alejaos del templo, cubríos la cabeza, soltaos los cinturones de los vestidos y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre». Pirra se niega, horrorizada, a profanar los huesos de su madre. Deucalión interpreta el enigma: la gran madre es la Tierra y sus huesos son las piedras. Las piedras que lanzan se ablandan y toman forma humana, como una estatua que se va desbastando: las de Deucalión se convierten en hombres y las de Pirra en mujeres.
Metamorfosis
Piedras que se convierten en seres humanos.
Explicación etiológica
Por eso los humanos somos una raza dura y resistente al trabajo, y damos prueba de nuestro origen (inde genus durum sumus, I, 414).
Temas
La piedad recompensada; el castigo divino de la maldad humana; el renacimiento de la humanidad; el oráculo ambiguo que hay que interpretar; la pareja fiel y solidaria.
Claves para la PAU
Monte Parnaso; Temis y su oráculo; «los huesos de la gran madre» = las piedras de la Tierra; Deucalión hijo de Prometeo y Pirra hija de Epimeteo; piedras de él → hombres, de ella → mujeres. Es el equivalente grecorromano del diluvio bíblico de Noé.
Pervivencia
Pintura: Peter Paul Rubens, Deucalión y Pirra (boceto, 1636-1637, Museo del Prado), preparatorio para un cuadro de la Torre de la Parada; Giovanni Benedetto Castiglione, Deucalión y Pirra (1655, Denver Art Museum). Literatura: el mito aparece en la Biblioteca de Apolodoro y en las Fábulas de Higino.
Texto latino y traducción (Met. I, 313-415)
Versos 313-366
313Separat Aonios Oetaeis Phocis ab arvis,
314terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo
315pars maris et latus subitarum campus aquarum.
316Mons ibi verticibus petit arduus astra duobus,
317nomine Parnasus, superantque cacumina nubes.
318Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)
319cum consorte tori parva rate vectus adhaesit,
320Corycidas nymphas et numina montis adorant
321fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat.
322Non illo melior quisquam nec amantior aequi
323vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.
324Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem
325et superesse virum de tot modo milibus unum,
326et superesse videt de tot modo milibus unam,
327innocuos ambo, cultores numinis ambo,
328nubila disiecit nimbisque aquilone remotis
329et caelo terras ostendit et aethera terris.
330Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo
331mulcet aquas rector pelagi supraque profundum
332exstantem atque umeros innato murice tectum
333caeruleum Tritona vocat conchaeque sonanti
334inspirare iubet fluctusque et flumina signo
335iam revocare dato. Cava bucina sumitur illi,
336tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,
337bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,
338litora voce replet sub utroque iacentia Phoebo.
339Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba
340contigit et cecinit iussos inflata receptus,
341omnibus audita est telluris et aequoris undis,
342et quibus est undis audita, coercuit omnes.
343Iam mare litus habet, plenos capit alveus amnes,
344flumina subsidunt collesque exire videntur,
345surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,
346postque diem longam nudata cacumina silvae
347ostendunt limumque tenent in fronde relictum.
348Redditus orbis erat. Quem postquam vidit inanem
349et desolatas agere alta silentia terras,
350Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:
351“O soror, o coniunx, o femina sola superstes,
352quam commune mihi genus et patruelis origo,
353deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,
354terrarum, quascumque vident occasus et ortus,
355nos duo turba sumus; possedit cetera pontus.
356Haec quoque adhuc vitae non est fiducia nostrae
357certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.
358Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,
359nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem
360ferre modo posses? quo consolante doleres?
361Namque ego (crede mihi) si te quoque pontus haberet,
362te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.
363O utinam possim populos reparare paternis
364artibus atque animas formatae infundere terrae!
365Nunc genus in nobis restat mortale duobus
366(sic visum superis) hominumque exempla manemus.”
vv. 313-317La Fócide separa los campos aonios de los del Eta; era una tierra fértil mientras fue tierra, pero en aquel tiempo era parte del mar y una vasta llanura de aguas repentinas. Allí un monte escarpado se alza hacia los astros con dos cumbres; se llama Parnaso, y sus cimas sobrepasan las nubes.
vv. 318-323Cuando Deucalión (pues el mar había cubierto todo lo demás), llevado en una pequeña balsa con la compañera de su lecho, quedó varado aquí, adoran a las ninfas coricias, a las divinidades del monte y a Temis, que predice el destino y que entonces era dueña del oráculo. No hubo hombre mejor que él ni más amante de la justicia, ni mujer alguna más temerosa de los dioses que ella.
vv. 324-329Cuando Júpiter ve que el orbe está anegado en lagunas de agua y que, de tantos miles que había hasta hacía poco, sobrevive un solo hombre, y que, de tantos miles que había hasta hacía poco, sobrevive una sola mujer, inocentes ambos, ambos devotos de la divinidad, dispersó los nubarrones y, una vez apartadas las nubes por el aquilón, mostró las tierras al cielo y el cielo a las tierras.
vv. 330-338Tampoco persiste la ira del mar: dejando a un lado el arma de tres puntas, el soberano del piélago calma las aguas y llama al azulado Tritón, que sobresale por encima de las profundidades con los hombros cubiertos de múrice nacido en su piel, y le ordena soplar en la caracola sonora y hacer retroceder ya, con la señal dada, las olas y los ríos. Él toma la hueca trompa, retorcida, que se va ensanchando en espiral desde su base; la trompa que, cuando ha recibido el aire en medio del mar, llena con su voz las costas que se extienden bajo el Febo naciente y bajo el poniente.
vv. 339-347También entonces, en cuanto tocó la boca del dios, que goteaba de su barba empapada, e, hinchada de aire, dio el toque de retirada ordenado, la oyeron todas las aguas de la tierra y del mar, y a todas las aguas que la oyeron las contuvo. Ya el mar tiene costa, el cauce acoge los ríos crecidos, las corrientes bajan y las colinas parecen salir a la superficie; se eleva el suelo, los lugares crecen a medida que decrecen las aguas y, tras largo tiempo, los bosques muestran sus copas desnudas y conservan en el follaje el lodo que quedó en ellas.
vv. 348-355El mundo había sido devuelto. Cuando Deucalión vio que estaba vacío y que las tierras desoladas guardaban un profundo silencio, con lágrimas que le brotaban, habló así a Pirra: «Oh hermana, oh esposa, oh única mujer superviviente, a quien me unieron primero el linaje común y nuestro origen de primos, después el lecho, y ahora nos unen los mismos peligros: de todas las tierras que ven el ocaso y el orto, nosotros dos somos toda la multitud; lo demás lo posee el mar.
vv. 356-366Y ni siquiera esta confianza en nuestra vida es todavía bastante segura: aún ahora las nubes aterran mi mente. ¿Qué ánimo tendrías ahora, desdichada, si te hubieras librado de la muerte sin mí? ¿Cómo podrías soportar tú sola el miedo? ¿Quién te consolaría en tu dolor? Pues yo (créeme), si el mar te tuviera también a ti, te seguiría, esposa, y el mar me tendría también a mí. ¡Ojalá pudiera yo restaurar los pueblos con las artes de mi padre e infundir almas en la tierra modelada! Ahora el género mortal sobrevive solo en nosotros dos (así lo han querido los dioses), y quedamos como únicas muestras de la humanidad».
Versos 367-415
367Dixerat, et flebant. Placuit caeleste precari
368numen et auxilium per sacras quaerere sortes.
369Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,
370ut nondum liquidas, sic iam vada nota secantes.
371Inde ubi libatos inroravere liquores
372vestibus et capiti, flectunt vestigia sanctae
373ad delubra deae, quorum fastigia turpi
374pallebant musco stabantque sine ignibus arae.
375Ut templi tetigere gradus, procumbit uterque
376pronus humi gelidoque pavens dedit oscula saxo
377atque ita “si precibus” dixerunt “numina iustis
378victa remollescunt, si flectitur ira deorum,
379dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri
380arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus.”
381Mota dea est sortemque dedit: “Discedite templo
382et velate caput cinctasque resolvite vestes
383ossaque post tergum magnae iactate parentis.”
384Obstipuere diu, rumpitque silentia voce
385Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,
386detque sibi veniam pavido rogat ore, pavetque
387laedere iactatis maternas ossibus umbras.
388Interea repetunt caecis obscura latebris
389verba datae sortis secum inter seque volutant.
390Inde Promethides placidis Epimethida dictis
391mulcet et “aut fallax” ait “est sollertia nobis,
392aut pia sunt nullumque nefas oracula suadent.
393Magna parens terra est, lapides in corpore terrae
394ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur.”
395Coniugis augurio quamquam Titania mota est,
396spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo
397diffidunt monitis. Sed quid temptare nocebit?
398Discedunt velantque caput tunicasque recingunt
399et iussos lapides sua post vestigia mittunt.
400Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste vetustas?)
401ponere duritiem coepere suumque rigorem
402mollirique mora mollitaque ducere formam.
403Mox ubi creverunt naturaque mitior illis
404contigit, ut quaedam, sic non manifesta, videri
405forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,
406non exacta satis rudibusque simillima signis.
407Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco
408et terrena fuit, versa est in corporis usum;
409quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;
410quae modo vena fuit, sub eodem nomine mansit;
411inque brevi spatio superorum numine saxa
412missa viri manibus faciem traxere virorum,
413et de femineo reparata est femina iactu.
414Inde genus durum sumus experiensque laborum
415et documenta damus qua simus origine nati.
vv. 367-374Había hablado, y lloraban. Decidieron implorar a la divinidad celeste y buscar ayuda por medio de los sagrados oráculos. No se demoran: se dirigen juntos a las aguas del Cefiso, que, aunque todavía no estaban limpias, ya corrían por su cauce de siempre. Desde allí, después de rociar sus vestidos y su cabeza con el agua que habían tomado, encaminan sus pasos hacia el santuario de la sagrada diosa, cuyos frontones palidecían cubiertos de feo musgo y cuyos altares estaban sin fuego.
vv. 375-380En cuanto tocaron las gradas del templo, ambos se postran boca abajo en el suelo y, temblorosos, besaron la fría piedra y dijeron así: «Si las divinidades, vencidas por súplicas justas, se ablandan, si se doblega la ira de los dioses, dinos, Temis, con qué arte puede repararse la pérdida de nuestro linaje, y socorre, clementísima, a un mundo sumergido».
vv. 381-387La diosa se conmovió y dio este oráculo: «Salid del templo, cubríos la cabeza, soltaos los vestidos ceñidos y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre». Se quedaron atónitos largo rato; Pirra es la primera en romper el silencio y se niega a obedecer las órdenes de la diosa; con voz temblorosa le pide perdón, y teme ofender la sombra de su madre arrojando sus huesos.
vv. 388-394Entretanto, repasan las palabras del oráculo recibido, oscuras por su sentido oculto, y les dan vueltas cada uno para sí y entre ellos. Después el hijo de Prometeo calma a la hija de Epimeteo con palabras serenas y le dice: «O nuestra sagacidad nos engaña, o los oráculos son piadosos y no aconsejan ningún sacrilegio. La gran madre es la tierra; creo que se llama huesos a las piedras que hay en el cuerpo de la tierra: se nos ordena arrojarlas a nuestra espalda».
vv. 395-402Aunque la Titania se conmovió con la interpretación de su esposo, su esperanza sigue en duda: tan poco confían ambos en los avisos del cielo. Pero ¿qué daño hará intentarlo? Se alejan, se cubren la cabeza, se desciñen las túnicas y lanzan detrás de sus pasos las piedras, como se les había ordenado. Las piedras (¿quién lo creería, si no diera fe de ello la antigüedad?) comenzaron a deponer su dureza y su rigidez, a reblandecerse con el tiempo y, ya blandas, a ir tomando forma.
vv. 403-410Pronto, cuando crecieron y les tocó en suerte una naturaleza más blanda, puede verse en ellas cierta forma humana, aunque no clara, sino como la de las figuras empezadas en mármol, no lo bastante acabadas y muy parecidas a estatuas toscas. Sin embargo, la parte de ellas que era húmeda por algún jugo y terrosa se transformó en carne; lo que es sólido y no puede doblarse se convierte en huesos; lo que hace poco era vena siguió con el mismo nombre.
vv. 411-415Y en un breve espacio de tiempo, por voluntad de los dioses, las piedras lanzadas por las manos del hombre tomaron el aspecto de hombres, y de lo que lanzó la mujer renació la mujer. De ahí que seamos una raza dura y curtida en los trabajos, y que demos prueba del origen del que nacimos.
2DafneMet. I, 452-567
Personajes
Febo Apolo; Cupido (Amor); Dafne, ninfa hija del río Peneo (en Tesalia).
Resumen
Es «el primer amor de Febo», y no nació del azar, sino de la ira de Cupido. Apolo, orgulloso de haber matado a flechazos a la serpiente Pitón, se burla del niño Cupido y le dice que deje el arco para los dioses como él. Cupido se venga desde el Parnaso con dos flechas: una de oro y punta afilada, que provoca el amor, con la que hiere a Apolo; y otra de plomo y punta roma, que hace huir del amor, con la que hiere a Dafne. Dafne, imitadora de la virgen Diana (Febe), rechaza a todos sus pretendientes y ha pedido a su padre que le conceda la virginidad perpetua. Apolo la ve, se enamora y la persigue; mientras corre le habla para convencerla: no es un pastor ni un campesino, sino el hijo de Júpiter, el dios de la profecía, de la música y de la medicina, aunque ninguna hierba cura el amor. La persecución se compara con la de un perro galo que da caza a una liebre. Agotada, a orillas del Peneo, Dafne suplica a su padre que destruya la figura por la que ha gustado demasiado. Al instante se transforma en laurel: el pecho se cubre de corteza, el pelo se vuelve hojas, los brazos ramas, los pies raíces. Apolo sigue amándola, abraza el tronco y declara que, ya que no puede ser su esposa, será su árbol: el laurel adornará su cabello, su lira y su aljaba, coronará a los generales romanos en el triunfo y guardará la puerta del palacio de Augusto; y, como él es siempre joven, el laurel tendrá siempre las hojas verdes. El laurel parece asentir moviendo la copa.
Metamorfosis
Dafne → laurel (en griego dáphne significa «laurel»).
Explicación etiológica
Por qué el laurel es el árbol de Apolo, por qué es de hoja perenne y por qué coronaba a los triunfadores y a los poetas (de ahí «laureado»).
Temas
El poder del amor (Cupido vence incluso al dios que venció a Pitón); el amor no correspondido; la virginidad y el deseo; la persecución y la huida; la alusión a Augusto (el laurel ante su casa en el Palatino).
Claves para la PAU
Flecha de oro (amor) / flecha de plomo (rechazo); Dafne hija del río Peneo; Apolo había matado a Pitón; Dafne quiere ser como Diana (Febe); se transforma en laurel.
Pervivencia
Escultura: Gian Lorenzo Bernini, Apolo y Dafne (1622-1625, Galería Borghese, Roma). Pintura: Antonio del Pollaiolo, Apolo y Dafne (c. 1470-1480, National Gallery de Londres); Theodoor van Thulden, según diseño de Rubens, Apolo y Dafne (1636-1638, Museo del Prado), para la Torre de la Parada. Literatura: Garcilaso de la Vega, soneto XIII, «A Dafne ya los brazos le crecían»; Petrarca juega en el Cancionero con Laura y lauro; Quevedo, soneto burlesco «A Apolo siguiendo a Dafne». Música: Dafne de Jacopo Peri (1598), considerada la primera ópera.
Texto latino y traducción (Met. I, 452-567)
Versos 452-503
452Primus amor Phoebi Daphne Peneia, quem non
453fors ignara dedit, sed saeva Cupidinis ira.
454Delius hunc, nuper victa serpente superbus,
455viderat adducto flectentem cornua nervo
456“quid” que “tibi, lascive puer, cum fortibus armis?”
457dixerat, “ista decent umeros gestamina nostros,
458qui dare certa ferae, dare vulnera possumus hosti,
459qui modo pestifero tot iugera ventre prementem
460stravimus innumeris tumidum Pythona sagittis.
461Tu face nescio quos esto contentus amores
462inritare tua, nec laudes adsere nostras.”
463Filius huic Veneris “figat tuus omnia, Phoebe,
464te meus arcus:” ait “quantoque animalia cedunt
465cuncta deo tanto minor est tua gloria nostra.”
466Dixit et eliso percussis aere pennis
467inpiger umbrosa Parnasi constitit arce
468eque sagittifera prompsit duo tela pharetra
469diversorum operum: fugat hoc, facit illud amorem.
470Quod facit, auratum est et cuspide fulget acuta;
471quod fugat, obtusum est et habet sub harundine plumbum.
472Hoc deus in nympha Peneide fixit, at illo
473laesit Apollineas traiecta per ossa medullas.
474Protinus alter amat, fugit altera nomen amantis
475silvarum tenebris captivarumque ferarum
476exuviis gaudens innuptaeque aemula Phoebes.
477Vitta coercebat positos sine lege capillos.
478Multi illam petiere, illa aversata petentes
479inpatiens expersque viri nemora avia lustrat,
480nec quid Hymen, quid Amor, quid sint conubia curat.
481Saepe pater dixit “generum mihi, filia, debes,”
482saepe pater dixit “debes mihi nata, nepotes:”
483illa, velut crimen taedas exosa iugales,
484pulchra verecundo suffunditur ora rubore,
485inque patris blandis haerens cervice lacertis
486“da mihi perpetua, genitor carissime,” dixit
487“virginitate frui: dedit hoc pater ante Dianae.”
488Ille quidem obsequitur, sed te decor iste quod optas
489esse vetat. Votoque tuo tua forma repugnat:
490Phoebus amat visaeque cupit conubia Daphnes,
491quodque cupit, sperat, suaque illum oracula fallunt.
492Utque leves stipulae demptis adolentur aristis,
493ut facibus saepes ardent, quas forte viator
494vel nimis admovit vel iam sub luce reliquit,
495sic deus in flammas abiit, sic pectore toto
496uritur et sterilem sperando nutrit amorem.
497Spectat inornatos collo pendere capillos
498et “quid, si comantur?” ait. Videt igne micantes
499sideribus similes oculos, videt oscula, quae non
500est vidisse satis; laudat digitosque manusque
501bracchiaque et nudos media plus parte lacertos.
502Siqua latent, meliora putat. Fugit ocior aura
503illa levi neque ad haec revocantis verba resistit:
vv. 452-462El primer amor de Febo fue Dafne, la hija del Peneo; no se lo deparó un azar ignorante, sino la ira despiadada de Cupido. El dios de Delos, orgulloso por haber vencido hacía poco a la serpiente, lo había visto curvar los extremos del arco tensando la cuerda y le había dicho: «¿Qué tienes tú que ver, niño travieso, con armas poderosas? Esas armas son propias de mis hombros, de mí, que puedo asestar heridas certeras a una fiera, asestarlas a un enemigo; que hace poco abatí con innumerables flechas al hinchado Pitón, que oprimía tantas yugadas con su vientre pestilente. Tú conténtate con provocar con tu antorcha no sé qué amores, y no te atribuyas mis glorias».
vv. 463-471El hijo de Venus le respondió: «Que tu arco, Febo, lo traspase todo; a ti te traspasará el mío, y cuanto todos los animales son inferiores a un dios, tanto menor es tu gloria que la mía». Dijo, y, hendiendo el aire con el batir de sus alas, se posó presuroso en la cima sombría del Parnaso y sacó de la aljaba portadora de flechas dos dardos de efectos opuestos: uno ahuyenta el amor, el otro lo provoca. El que lo provoca es de oro y brilla con su punta aguda; el que lo ahuyenta es romo y tiene plomo bajo la caña.
vv. 472-480Este lo clavó el dios en la ninfa hija del Peneo; con aquel, en cambio, hirió a Apolo, atravesándole los huesos hasta la médula. Al instante uno ama; la otra huye hasta del nombre de amante, y disfruta en la espesura de los bosques y con los despojos de las fieras que caza, émula de la virgen Febe. Una cinta sujetaba sus cabellos, sueltos sin orden. Muchos la pretendieron; ella, rechazando a los pretendientes, sin soportar ni conocer varón, recorre los bosques sin senderos y no se preocupa de qué es Himeneo, qué el Amor, qué los matrimonios.
vv. 481-487Muchas veces le dijo su padre: «Hija, me debes un yerno»; muchas veces le dijo su padre: «Hija mía, me debes nietos». Ella, que aborrecía como un crimen las antorchas nupciales, cubre su hermoso rostro de un rubor pudoroso y, colgada del cuello de su padre con brazos cariñosos, le dijo: «Concédeme, padre queridísimo, gozar de una virginidad perpetua; ya se lo concedió antes a Diana su padre».
vv. 488-496Él, desde luego, accede; pero esa belleza tuya te impide ser lo que deseas, y tu hermosura se opone a tu deseo: Febo ama y, en cuanto ha visto a Dafne, desea unirse a ella; y lo que desea, lo espera, y sus propios oráculos lo engañan. Y como arden los rastrojos ligeros una vez segadas las espigas, como se queman los setos por las antorchas que por casualidad un caminante acercó demasiado o dejó abandonadas al rayar el día, así el dios se convirtió en llamas, así se abrasa en todo su pecho y alimenta con esperanzas un amor estéril.
vv. 497-503Contempla los cabellos que le cuelgan sin adorno sobre el cuello y dice: «¿Y si se peinaran?». Ve sus ojos, que centellean como el fuego, semejantes a estrellas; ve sus labios, que no basta con haber visto; alaba sus dedos y sus manos, sus antebrazos y sus brazos, desnudos más allá de la mitad; lo que queda oculto, lo supone aún mejor. Ella, más rápida que la leve brisa, huye y no se para ante las palabras con que él intenta hacerla volver:
Versos 504-556
504“Nympha, precor, Penei, mane! Non insequor hostis:
505nympha, mane! sic agna lupum, sic cerva leonem,
506sic aquilam penna fugiunt trepidante columbae,
507hostes quaeque suos: amor est mihi causa sequendi.
508Me miserum! ne prona cadas indignave laedi
509crura notent sentes et sim tibi causa doloris.
510Aspera, qua properas, loca sunt. Moderatius, oro,
511curre fugamque inhibe; moderatius insequar ipse.
512Cui placeas, inquire tamen. Non incola montis,
513non ego sum pastor, non hic armenta gregesque
514horridus observo. Nescis, temeraria, nescis
515quem fugias, ideoque fugis. Mihi Delphica tellus
516et Claros et Tenedos Patareaque regia servit,
517Iuppiter est genitor; per me quod eritque fuitque
518estque patet; per me concordant carmina nervis.
519Certa quidem nostra est, nostra tamen una sagitta
520certior, in vacuo quae vulnera pectore fecit.
521Inventum medicina meum est, opiferque per orbem
522dicor, et herbarum subiecta potentia nobis:
523ei mihi, quod nullis amor est sanabilis herbis
524nec prosunt domino, quae prosunt omnibus, artes.”
525Plura locuturum timido Peneia cursu
526fugit cumque ipso verba inperfecta reliquit,
527tum quoque visa decens. Nudabant corpora venti,
528obviaque adversas vibrabant flamina vestes,
529et levis inpulsos retro dabat aura capillos,
530auctaque forma fuga est. Sed enim non sustinet ultra
531perdere blanditias iuvenis deus, utque monebat
532ipse Amor, admisso sequitur vestigia passu.
533Ut canis in vacuo leporem cum Gallicus arvo
534vidit, et hic praedam pedibus petit, ille salutem:
535alter inhaesuro similis iam iamque tenere
536sperat et extento stringit vestigia rostro,
537alter in ambiguo est, an sit conprensus, et ipsis
538morsibus eripitur tangentiaque ora relinquit:
539sic deus et virgo est hic spe celer, illa timore.
540Qui tamen insequitur pennis adiutus Amoris,
541ocior est requiemque negat tergoque fugacis
542inminet et crinem sparsum cervicibus adflat.
543Viribus absumptis expalluit illa citaeque
544victa labore fugae spectans Peneidas undas
545“fer pater” inquit “opem si flumina numen habetis.
546[qua nimium placui, tellus aut hisce vel istam,]
547[quae facit ut laedar, mutando perde figuram.]
547Qua nimium placui, mutando perde figuram!”
548Vix prece finita torpor gravis occupat artus:
549mollia cinguntur tenui praecordia libro,
550in frondem crines, in ramos bracchia crescunt,
551pes modo tam velox pigris radicibus haeret,
552ora cacumen habet; remanet nitor unus in illa.
553Hanc quoque Phoebus amat, positaque in stipite dextra
554sentit adhuc trepidare novo sub cortice pectus
555conplexusque suis ramos, ut membra, lacertis
556oscula dat ligno: refugit tamen oscula lignum.
vv. 504-511«Ninfa del Peneo, te lo ruego, ¡detente! No te persigo como enemigo. ¡Ninfa, detente! Así huye la cordera del lobo, así la cierva del león, así las palomas, con ala temblorosa, del águila: cada una de sus enemigos; a mí el amor es lo que me hace seguirte. ¡Ay de mí! ¡Que no caigas de bruces, que las zarzas no arañen tus piernas, que no merecen ser heridas, y no sea yo para ti causa de dolor! Ásperos son los lugares por donde corres. Corre más despacio, te lo ruego, y frena tu huida: yo mismo te seguiré más despacio.
vv. 512-518Pregunta, al menos, a quién le gustas. No soy un montañés, no soy un pastor, no vigilo aquí, desgreñado, vacadas ni rebaños. No sabes, imprudente, no sabes de quién huyes, y por eso huyes. A mí me sirven la tierra de Delfos, Claros, Ténedos y el palacio de Pátara; Júpiter es mi padre; por mí se revela lo que será, lo que fue y lo que es; por mí concuerdan los cantos con las cuerdas.
vv. 519-524Certera es, sí, mi flecha, pero hay una más certera que la mía, que ha abierto una herida en mi pecho, antes libre. La medicina es invención mía, en todo el orbe me llaman el que socorre, y el poder de las hierbas me está sometido. ¡Ay de mí, que el amor no se cura con ninguna hierba, y no le sirven a su dueño las artes que sirven a todos!».
vv. 525-532Cuando iba a decir más, la hija del Peneo huye con carrera temerosa y lo deja a él con sus palabras inacabadas; también entonces pareció hermosa. Los vientos desnudaban su cuerpo, las brisas que le venían de frente agitaban sus vestidos, y un aire ligero echaba hacia atrás sus cabellos: la huida aumentó su belleza. Pero el joven dios no soporta seguir malgastando ternezas y, como le incitaba el propio Amor, sigue sus huellas a toda carrera.
vv. 533-539Como cuando un lebrel galo ha divisado una liebre en un campo despejado, y el uno corre tras la presa y la otra tras su salvación: uno, como si estuviera a punto de atraparla, espera tenerla ya, ya, y roza sus huellas con el hocico extendido; la otra no sabe si ha sido atrapada, y se escapa de los mismos mordiscos y deja atrás la boca que ya la toca: así el dios y la doncella; él es veloz por la esperanza, ella por el miedo.
vv. 540-547Sin embargo, el que persigue, ayudado por las alas del Amor, es más rápido, no le da descanso, se cierne sobre la espalda de la fugitiva y echa su aliento sobre el cabello esparcido por su cuello. Agotadas sus fuerzas, ella palideció y, vencida por la fatiga de la rápida huida, mirando hacia las aguas del Peneo, dijo: «¡Ayúdame, padre, si los ríos tenéis poder divino! [Ábrete, tierra, o bien esta figura con la que he gustado demasiado,] [la que hace que me hieran, destrúyela transformándola.] ¡Destruye, transformándola, esta figura con la que he gustado demasiado!».
vv. 548-556Nada más acabar su ruego, una pesada rigidez invade sus miembros: una delgada corteza envuelve su tierno pecho, sus cabellos se alargan en hojas y sus brazos en ramas; el pie, tan rápido hace un momento, queda sujeto por raíces perezosas; donde estaba su rostro hay ahora una copa; en ella solo perdura su brillo. También así la ama Febo y, apoyando la diestra en el tronco, siente que todavía tiembla el pecho bajo la nueva corteza y, abrazando con sus brazos las ramas como si fueran miembros, besa la madera; pero la madera rehúye sus besos.
Versos 557-567
557Cui deus “at quoniam coniunx mea non potes esse,
558arbor eris certe” dixit “mea. Semper habebunt
559te coma, te citharae, te nostrae, laure, pharetrae:
560tu ducibus Latiis aderis, cum laeta triumphum
561vox canet et visent longas Capitolia pompas:
562postibus Augustis eadem fidissima custos
563ante fores stabis mediamque tuebere quercum,
564utque meum intonsis caput est iuvenale capillis,
565tu quoque perpetuos semper gere frondis honores.”
566Finierat Paean: factis modo laurea ramis
567adnuit utque caput visa est agitasse cacumen.
vv. 557-567Y el dios le dijo: «Pues ya que no puedes ser mi esposa, serás sin duda mi árbol. Siempre te llevarán a ti, laurel, mi cabellera, mis cítaras, mis aljabas. Tú acompañarás a los generales latinos cuando una voz alegre cante el triunfo y el Capitolio contemple los largos desfiles. Tú misma, como fidelísima guardiana de las jambas de Augusto, estarás ante su puerta y protegerás la encina que hay en medio; y, así como mi cabeza es juvenil con sus cabellos sin cortar, lleva tú también siempre el honor perpetuo de tu follaje». Peán había acabado de hablar; el laurel, con sus ramas recién nacidas, hizo un gesto de asentimiento y pareció agitar la copa igual que una cabeza.
3FaetonteMet. II, 1-400
Personajes
Faetonte, hijo del Sol (Febo) y de la ninfa Clímene; el Sol; Épafo, hijo de Júpiter e Ío (el que provoca la historia, al final del libro I, al burlarse de Faetonte diciéndole que su padre no es el Sol); la Tierra (Tellus); Júpiter; las Helíades, hermanas de Faetonte (Faetusa y Lampecie); Cicno, rey de Liguria y pariente de Faetonte.
Resumen
Para demostrar que es hijo del Sol, Faetonte viaja al palacio de su padre, una construcción resplandeciente labrada por Vulcano. El Sol, sentado en su trono y rodeado por los Días, los Meses, los Años, los Siglos, las Horas y las cuatro Estaciones, lo reconoce como hijo y, para demostrarlo, le jura por la laguna Estigia concederle lo que pida. Faetonte pide conducir un día el carro del Sol. El padre se arrepiente e intenta disuadirlo: ni siquiera Júpiter podría guiarlo; el camino es empinado, el cielo gira y los caballos son indomables. Le da consejos: no usar el aguijón sino las riendas y seguir el camino del medio (medio tutissimus ibis, «irás más seguro por el medio», II, 137), ni demasiado alto ni demasiado bajo. Faetonte no cede. Los caballos (Piroo, Eoo, Etón y Flegonte) notan el poco peso del carro y se desbocan; Faetonte, aterrado al ver el Escorpión, suelta las riendas. El carro se acerca a la tierra y todo arde: montes, ciudades, ríos; según el poeta, entonces los etíopes se volvieron de piel oscura, Libia se convirtió en desierto y el Nilo escondió su nacimiento. La Tierra, abrasada, suplica a Júpiter; este fulmina a Faetonte con un rayo, que cae ardiendo al río Erídano (el Po). Las náyades de Hesperia lo entierran con un epitafio: «Aquí yace Faetonte, auriga del carro de su padre; si no pudo dominarlo, cayó al menos en una gran empresa». Su madre Clímene recorre el mundo buscando sus restos. Sus hermanas, las Helíades, lloran junto a la tumba hasta convertirse en árboles (Ovidio no dice de qué especie; la tradición los identifica con álamos), y sus lágrimas, endurecidas por el sol, se vuelven ámbar. Cicno, que lo llora, se transforma en cisne, ave que evita el fuego del cielo. El Sol, de luto, se niega a seguir alumbrando hasta que los dioses le ruegan y Júpiter lo amenaza; vuelve a su tarea y castiga con furia a los caballos, culpándolos de la muerte de su hijo.
Metamorfosis
Las Helíades → álamos (y sus lágrimas → ámbar); Cicno → cisne. Faetonte no se transforma: muere fulminado.
Explicación etiológica
El origen del ámbar, del desierto de Libia, del color de la piel de los etíopes, del cisne que huye del fuego.
Temas
La ambición desmedida y la imprudencia juvenil (hybris); la búsqueda de la identidad y del reconocimiento paterno; la promesa irrevocable de los dioses; la moderación y el término medio (aurea mediocritas); el caos cósmico.
Claves para la PAU
Faetonte hijo del Sol y Clímene; Épafo; el juramento por la Estigia; el carro; los consejos del padre; Júpiter lo fulmina; cae en el Erídano (Po); Helíades en álamos y lágrimas en ámbar; Cicno en cisne.
Pervivencia
Pintura: Peter Paul Rubens, La caída de Faetón (c. 1604-1605, National Gallery of Art, Washington); Gustave Moreau, Faetón (1878, Louvre). Dibujo: Miguel Ángel, La caída de Faetón (1533). Literatura: Conde de Villamediana, Fábula de Faetonte (1617); Calderón de la Barca, El hijo del Sol, Faetón. Música: Jean-Baptiste Lully, ópera Phaéton (1683).
Texto latino y traducción (Met. II, 1-400)
Versos 1-53
1Regia Solis erat sublimibus alta columnis,
2clara micante auro flammasque imitante pyropo:
3cuius ebur nitidum fastigia summa tegebat,
4argenti bifores radiabant lumine valvae.
5Materiam superabat opus: nam Mulciber illic
6aequora caelarat medias cingentia terras,
7terrarumque orbem, caelumque quod inminet orbi.
8Caeruleos habet unda deos, Tritona canorum
9Proteaque ambiguum, balaenarumque prementem
10Aegaeona suis inmania terga lacertis,
11Doridaque et natas, quarum pars nare videtur,
12pars in mole sedens virides siccare capillos,
13pisce vehi quaedam: facies non omnibus una,
14non diversa tamen, qualem decet esse sororum.
15Terra viros urbesque gerit silvasque ferasque
16fluminaque et nymphas et cetera numina ruris.
17Haec super imposita est caeli fulgentis imago
18signaque sex foribus dextris totidemque sinistris.
19Quo simul acclivi Clymeneia limite proles
20venit et intravit dubitati tecta parentis,
21protinus ad patrios sua fert vestigia vultus
22consistitque procul: neque enim propiora ferebat
23lumina. Purpurea velatus veste sedebat
24in solio Phoebus claris lucente smaragdis.
25A dextra laevaque Dies et Mensis et Annus
26Saeculaque et positae spatiis aequalibus Horae
27Verque novum stabat cinctum florente corona,
28stabat nuda Aestas et spicea serta gerebat,
29stabat et Autumnus, calcatis sordidus uvis,
30et glacialis Hiems, canos hirsuta capillos.
31Inde loco medius rerum novitate paventem
32Sol oculis iuvenem, quibus adspicit omnia, vidit
33“quae” que “viae tibi causa? quid hac” ait “arce petisti,
34progenies, Phaethon, haud infitianda parenti?”
35Ille refert “o lux inmensi publica mundi,
36Phoebe pater, si das usum mihi nominis huius
37nec falsa Clymene culpam sub imagine celat,
38pignera da, genitor, per quae tua vera propago
39credar, et hunc animis errorem detrahe nostris.”
40Dixerat: at genitor circum caput omne micantes
41deposuit radios propiusque accedere iussit;
42amplexuque dato “nec tu meus esse negari
43dignus es, et Clymene veros” ait “edidit ortus.
44Quoque minus dubites, quodvis pete munus, ut illud
45me tribuente feras. Promissis testis adesto
46dis iuranda palus, oculis incognita nostris.”
47Vix bene desierat, currus rogat ille paternos
48inque diem alipedum ius et moderamen equorum.
49Paenituit iurasse patrem. Qui terque quaterque
50concutiens inlustre caput “temeraria” dixit,
51“vox mea facta tua est. Utinam promissa liceret
52non dare! confiteor, solum hoc tibi, nate, negarem.
53Dissuadere licet. Non est tua tuta voluntas.
vv. 1-7El palacio del Sol se alzaba sobre elevadas columnas, resplandeciente de oro centelleante y de piropo, que imita las llamas; un marfil brillante cubría lo más alto de su techumbre, y las puertas de dos hojas irradiaban el brillo de la plata. La obra superaba al material, pues allí Múlciber había cincelado los mares que ciñen las tierras situadas en medio, el orbe de las tierras y el cielo que se cierne sobre el orbe.
vv. 8-18El agua tiene sus dioses azulados: al sonoro Tritón, al cambiante Proteo y a Egeón, que oprime con sus brazos los inmensos lomos de las ballenas, y a Doris y sus hijas, de las que una parte parece nadar, otra, sentada en un peñasco, secar sus verdes cabellos, y algunas ser llevadas a lomos de un pez: no todas tienen el mismo aspecto, pero tampoco distinto, tal como conviene que sea el de unas hermanas. La tierra lleva hombres y ciudades, bosques y fieras, ríos y ninfas y las demás divinidades del campo. Sobre todo ello se colocó la imagen del cielo resplandeciente, con seis signos en la hoja derecha de la puerta y otros tantos en la izquierda.
vv. 19-24En cuanto el hijo de Clímene llegó allí por una senda empinada y entró en la morada de aquel padre puesto en duda, dirige al instante sus pasos hacia el rostro paterno y se detiene a lo lejos, pues no soportaba su luz más de cerca. Cubierto con un manto de púrpura, Febo estaba sentado en un trono que relucía con brillantes esmeraldas.
vv. 25-30A derecha e izquierda estaban el Día, el Mes y el Año, los Siglos y las Horas, colocadas a intervalos iguales; estaba la Primavera nueva, ceñida con una corona de flores; estaba el Verano desnudo, que llevaba guirnaldas de espigas; estaba también el Otoño, manchado de uvas pisadas, y el gélido Invierno, erizado de canos cabellos.
vv. 31-39Desde allí, sentado en el centro, el Sol vio con los ojos con que lo contempla todo al joven, asustado por la novedad de lo que veía, y le dijo: «¿Cuál es el motivo de tu viaje? ¿Qué has venido a buscar a esta ciudadela, Faetonte, hijo a quien tu padre no podría negar?». Él responde: «¡Oh luz común del inmenso universo, padre Febo!, si me permites usar este nombre y Clímene no oculta una culpa bajo una falsa apariencia, dame pruebas, padre, por las que se me tenga por tu verdadero hijo, y arranca de mi ánimo esta incertidumbre».
vv. 40-46Así había hablado; y su padre se quitó los rayos que centelleaban alrededor de toda su cabeza y le ordenó acercarse más; y, tras abrazarlo, le dijo: «Ni tú mereces que se niegue que eres mío, ni Clímene te ha mentido sobre tu verdadero origen. Y para que dudes menos, pide el regalo que quieras, para que lo obtengas de mí. Sea testigo de mi promesa la laguna por la que deben jurar los dioses, que mis ojos no conocen».
vv. 47-53Apenas había terminado, cuando él pide el carro de su padre y el derecho a gobernar durante un día los caballos de pies alados. El padre se arrepintió de haber jurado. Sacudiendo tres y cuatro veces su cabeza resplandeciente, dijo: «Tu petición ha vuelto temeraria mi palabra. ¡Ojalá me fuera lícito no cumplir lo prometido! Lo confieso: solo esto te negaría, hijo. Pero disuadirte sí puedo. Tu deseo no es seguro.
Versos 54-102
54Magna petis, Phaethon, et quae nec viribus istis
55munera conveniant nec tam puerilibus annis.
56Sors tua mortalis, non est mortale quod optas.
57Plus etiam, quam quod superis contingere possit,
58nescius adfectas. Placeat sibi quisque licebit,
59non tamen ignifero quisquam consistere in axe
60me valet excepto. Vasti quoque rector Olympi,
61qui fera terribili iaculatur fulmina dextra,
62non agat hos currus: et quid Iove maius habemus?
63Ardua prima via est et qua vix mane recentes
64enitantur equi: medio est altissima caelo,
65unde mare et terras ipsi mihi saepe videre
66fit timor, et pavida trepidat formidine pectus.
67Ultima prona via est et eget moderamine certo:
68tunc etiam quae me subiectis excipit undis,
69ne ferar in praeceps, Tethys solet ipsa vereri.
70Adde quod adsidua rapitur vertigine caelum
71sideraque alta trahit celerique volumine torquet.
72Nitor in adversum, nec me, qui cetera, vincit
73impetus, et rapido contrarius evehor orbi.
74Finge datos currus: quid ages? poterisne rotatis
75obvius ire polis, ne te citus auferat axis?
76Forsitan et lucos illic urbesque deorum
77concipias animo delubraque ditia donis
78esse? per insidias iter est formasque ferarum.
79Utque viam teneas nulloque errore traharis,
80per tamen adversi gradieris cornua tauri
81Haemoniosque arcus violentique ora leonis
82saevaque circuitu curvantem bracchia longo
83scorpion atque aliter curvantem bracchia cancrum.
84Nec tibi quadrupedes animosos ignibus illis,
85quos in pectore habent, quos ore et naribus efflant,
86in promptu regere est: vix me patiuntur, ubi acres
87incaluere animi, cervixque repugnat habenis.
88At tu, funesti ne sim tibi muneris auctor,
89nate, cave, dum resque sinit, tua corrige vota.
90Scilicet ut nostro genitum te sanguine credas,
91pignera certa petis? do pignera certa timendo
92et patrio pater esse metu probor. Adspice vultus
93ecce meos; utinamque oculos in pectora posses
94inserere et patrias intus deprendere curas!
95Denique quidquid habet dives, circumspice, mundus,
96eque tot ac tantis caeli terraeque marisque
97posce bonis aliquid: nullam patiere repulsam.
98Deprecor hoc unum, quod vero nomine poena,
99non honor est: poenam, Phaethon, pro munere poscis.
100Quid mea colla tenes blandis, ignare, lacertis?
101ne dubita, dabitur (Stygias iuravimus undas)
102quodcumque optaris: sed tu sapientius opta.”
vv. 54-62Pides algo muy grande, Faetonte, un regalo que no conviene ni a esas fuerzas tuyas ni a una edad tan juvenil. Tu suerte es mortal; no es mortal lo que deseas. Sin saberlo, aspiras incluso a más de lo que les está dado a los dioses. Que cada cual se tenga en mucho, si quiere; sin embargo, nadie salvo yo es capaz de mantenerse en el carro que lleva el fuego. Ni siquiera el soberano del vasto Olimpo, que lanza con su terrible diestra los feroces rayos, conduciría este carro; ¿y qué tenemos más grande que Júpiter?
vv. 63-69El primer tramo del camino es empinado, y por él, de mañana, apenas logran subir los caballos, aun frescos; en medio del cielo es altísimo, y desde allí a mí mismo me da a menudo miedo mirar el mar y las tierras, y mi pecho tiembla de pavoroso espanto. El último tramo es cuesta abajo y requiere una conducción firme: entonces incluso la propia Tetis, que me recibe en sus aguas tendidas debajo, suele temer que me precipite de cabeza.
vv. 70-75Añade que el cielo es arrastrado en un giro incesante y lleva consigo los altos astros y los hace girar en veloz rotación. Yo me esfuerzo en sentido contrario, y no me vence el ímpetu que vence a todo lo demás, y avanzo en dirección opuesta a la rápida bóveda. Supón que se te concede el carro: ¿qué harás? ¿Podrás ir contra los polos que giran, sin que el veloz eje del cielo te arrastre?
vv. 76-83¿Acaso te imaginas que allí hay bosques sagrados, ciudades de dioses y templos ricos en ofrendas? El camino pasa entre emboscadas y figuras de fieras. Y aunque mantengas el rumbo y no te desvíe ningún error, tendrás que avanzar, aun así, entre los cuernos del Toro, que te sale al encuentro, el arco hemonio, las fauces del violento León, el Escorpión, que curva sus fieros brazos en un largo rodeo, y el Cangrejo, que curva los suyos en sentido contrario.
vv. 84-89Tampoco te resultará fácil gobernar a los cuadrúpedos, enardecidos por esos fuegos que tienen en el pecho y que exhalan por la boca y por los ollares: apenas me soportan a mí cuando sus fogosos ánimos se encienden, y su cuello se resiste a las riendas. Pero tú, hijo, para que no sea yo el autor de un regalo funesto para ti, ten cuidado y, mientras aún es posible, corrige tus deseos.
vv. 90-97¿Pides, sin duda, pruebas seguras para creer que has nacido de mi sangre? Te doy pruebas seguras temiendo por ti, y con mi miedo de padre demuestro que soy tu padre. Mira, aquí tienes mi rostro; ¡y ojalá pudieras introducir tus ojos en mi pecho y descubrir dentro mis angustias de padre! En fin, mira a tu alrededor cuanto posee el rico universo y, de entre tantos y tan grandes bienes del cielo, de la tierra y del mar, pide algo: no sufrirás ninguna negativa.
vv. 98-102Solo te ruego que renuncies a esto, que, llamado por su verdadero nombre, es un castigo, no un honor: un castigo, Faetonte, pides en lugar de un regalo. ¿Por qué, ignorante, me rodeas el cuello con tus brazos zalameros? No lo dudes: se te dará (lo hemos jurado por las aguas estigias) lo que desees; pero tú desea con más sensatez».
Versos 103-155
103Finierat monitus: dictis tamen ille repugnat
104propositumque premit flagratque cupidine currus.
105Ergo qua licuit genitor cunctatus ad altos
106deducit iuvenem, Vulcania munera, currus.
107Aureus axis erat, temo aureus, aurea summae
108curvatura rotae, radiorum argenteus ordo;
109per iuga chrysolithi positaeque ex ordine gemmae
110clara repercusso reddebant lumina Phoebo.
111Dumque ea magnanimus Phaethon miratur opusque
112perspicit, ecce vigil nitido patefecit ab ortu
113purpureas Aurora fores et plena rosarum
114atria. Diffugiunt stellae, quarum agmina cogit
115Lucifer et caeli statione novissimus exit.
116Quem petere ut terras mundumque rubescere vidit
117cornuaque extremae velut evanescere lunae,
118iungere equos Titan velocibus imperat Horis.
119Iussa deae celeres peragunt, ignemque vomentes,
120ambrosiae suco saturos, praesepibus altis
121quadrupedes ducunt adduntque sonantia frena.
122Tum pater ora sui sacro medicamine nati
123contigit et rapidae fecit patientia flammae
124imposuitque comae radios, praesagaque luctus
125pectore sollicito repetens suspiria dixit:
126“Si potes his saltem monitis parere parentis,
127parce, puer, stimulis et fortius utere loris:
128sponte sua properant; labor est inhibere volentes.
129Nec tibi directos placeat via quinque per arcus:
130sectus in obliquum est lato curvamine limes,
131zonarumque trium contentus fine polumque
132effugit australem iunctamque aquilonibus arcton.
133Hac sit iter: manifesta rotae vestigia cernes.
134Utque ferant aequos et caelum et terra calores,
135nec preme nec summum molire per aethera currum.
136Altius egressus caelestia tecta cremabis,
137inferius terras: medio tutissimus ibis.
138Neu te dexterior tortum declinet ad anguem,
139neve sinisterior pressam rota ducat ad aram:
140inter utrumque tene. Fortunae cetera mando,
141quae iuvet et melius quam tu tibi, consulat opto.
142Dum loquor, Hesperio positas in litore metas
143umida nox tetigit. Non est mora libera nobis:
144poscimur: effulget tenebris aurora fugatis.
145Corripe lora manu, vel, si mutabile pectus
146est tibi, consiliis, non curribus utere nostris,
147dum potes et solidis etiamnunc sedibus adstas
148dumque male optatos nondum premis inscius axes.
149Quae tutus spectes, sine me dare lumina terris!”
150Occupat ille levem iuvenali corpore currum,
151statque super manibusque datas contingere habenas
152gaudet et invito grates agit inde parenti.
153Interea volucres Pyrois et Eous et Aethon,
154Solis equi, quartusque Phlegon, hinnitibus auras
155flammiferis implent pedibusque repagula pulsant.
vv. 103-110Había terminado sus advertencias; él, sin embargo, se resiste a sus palabras, se aferra a su propósito y arde en deseos del carro. Así pues, su padre, después de retrasarlo cuanto pudo, conduce al joven hasta el alto carro, obra de Vulcano. De oro era el eje, de oro la lanza, de oro el aro que cerraba las ruedas, de plata la hilera de los radios; a lo largo del yugo, crisólitos y gemas colocadas en orden devolvían brillantes destellos al reflejar a Febo.
vv. 111-118Y mientras el magnánimo Faetonte admira todo esto y examina la obra, he aquí que la vigilante Aurora abrió en el resplandeciente oriente sus puertas purpúreas y sus atrios llenos de rosas. Huyen las estrellas, cuyas filas reúne Lucífero, que es el último en abandonar su puesto en el cielo. Cuando el Titán lo vio dirigirse hacia la tierra, y vio que el firmamento enrojecía y que los cuernos de la luna menguante parecían desvanecerse, ordena a las veloces Horas que unzan los caballos.
vv. 119-125Las rápidas diosas cumplen las órdenes y sacan de los altos pesebres a los cuadrúpedos, que vomitan fuego, saciados con el jugo de la ambrosía, y les ponen los sonoros frenos. Entonces el padre untó el rostro de su hijo con un ungüento sagrado y lo hizo capaz de soportar la llama devoradora; le colocó los rayos sobre la cabellera y, sacando de su pecho angustiado suspiros que presagiaban el duelo, le dijo:
vv. 126-133«Si al menos puedes obedecer estos consejos de tu padre, no uses el aguijón, muchacho, y sírvete con más fuerza de las riendas: corren por sí solos; lo difícil es contenerlos cuando quieren correr. Y no te plazca el camino recto a través de los cinco círculos: hay una senda trazada en oblicuo, en amplia curva, que, ceñida a los límites de tres zonas, evita el polo austral y la Osa, vecina de los aquilones.
vv. 134-141Sea este tu camino: verás claramente las huellas de las ruedas. Y para que el cielo y la tierra reciban un calor equilibrado, no bajes demasiado el carro ni lo lleves por lo más alto del éter. Si subes demasiado, quemarás las moradas celestes; si bajas demasiado, las tierras: por el medio irás más seguro. Que la rueda, desviándose demasiado a la derecha, no te aparte hacia la retorcida Serpiente, ni, demasiado a la izquierda, te lleve hacia el Altar, que está abajo: mantente entre ambos. Lo demás lo encomiendo a la Fortuna, y deseo que te ayude y mire por ti mejor que tú mismo.
vv. 142-149Mientras hablo, la húmeda noche ha alcanzado las metas situadas en la costa de Hesperia. No somos libres de demorarnos: se nos reclama; resplandece la aurora, puestas en fuga las tinieblas. Toma con la mano las riendas o, si tu corazón aún puede cambiar, sírvete de mis consejos, no de mi carro, mientras puedes y todavía pisas suelo firme, y mientras, sin saber lo que haces, aún no ocupas el carro que tan mal deseaste. ¡Deja que yo dé la luz a las tierras, y tú contémplala seguro!».
vv. 150-155Él ocupa con su cuerpo juvenil el ligero carro, se pone en pie sobre él, se alegra de tocar con sus manos las riendas que le han entregado y desde allí da las gracias a su padre, que se lo concede a su pesar. Entretanto, los veloces caballos del Sol, Pirois, Eoo y Etón, y el cuarto, Flegonte, llenan los aires de relinchos llameantes y golpean con los cascos las barreras.
Versos 156-205
156Quae postquam Tethys, fatorum ignara nepotis
157reppulit, et facta est inmensi copia caeli,
158corripuere viam pedibusque per aera motis
159obstantes scindunt nebulas pennisque levati
160praetereunt ortos isdem de partibus Euros.
161Sed leve pondus erat, nec quod cognoscere possent
162Solis equi, solitaque iugum gravitate carebat;
163utque labant curvae iusto sine pondere naves
164perque mare instabiles nimia levitate feruntur,
165sic onere adsueto vacuus dat in aera saltus
166succutiturque alte similisque est currus inani.
167Quod simulac sensere, ruunt tritumque relinquunt
168quadriiugi spatium, nec quo prius ordine currunt.
169Ipse pavet nec qua commissas flectat habenas,
170nec scit, qua sit iter; nec, si sciat, imperet illis.
171Tum primum radiis gelidi caluere triones
172et vetito frustra temptarunt aequore tingi,
173quaeque polo posita est glaciali proxima serpens,
174frigore pigra prius nec formidabilis ulli,
175incaluit sumpsitque novas fervoribus iras.
176Te quoque turbatum memorant fugisse, Boote,
177quamvis tardus eras et te tua plaustra tenebant.
178Ut vero summo despexit ab aethere terras
179infelix Phaethon penitus penitusque iacentes,
180palluit et subito genua intremuere timore,
181suntque oculis tenebrae per tantum lumen obortae.
182Et iam mallet equos numquam tetigisse paternos,
183iam cognosse genus piget et valuisse rogando,
184iam Meropis dici cupiens ita fertur, ut acta
185praecipiti pinus borea, cui victa remisit
186frena suus rector, quam dis votisque reliquit.
187Quid faciat? multum caeli post terga relictum,
188ante oculos plus est! animo metitur utrumque,
189et modo quos illi fatum contingere non est,
190prospicit occasus, interdum respicit ortus:
191quidque agat ignarus stupet et nec frena remittit
192nec retinere valet nec nomina novit equorum.
193Sparsa quoque in vario passim miracula caelo
194vastarumque videt trepidus simulacra ferarum.
195Est locus, in geminos ubi bracchia concavat arcus
196scorpius et cauda flexisque utrimque lacertis
197porrigit in spatium signorum membra duorum.
198Hunc puer ut nigri madidum sudore veneni
199vulnera curvata minitantem cuspide vidit,
200mentis inops gelida formidine lora remisit.
201Quae postquam summum tetigere iacentia tergum,
202exspatiantur equi, nulloque inhibente per auras
203ignotae regionis eunt, quaque impetus egit,
204hac sine lege ruunt altoque sub aethere fixis
205incursant stellis rapiuntque per avia currum.
vv. 156-160Después de que Tetis, ignorante del destino de su nieto, las retiró y se les abrió la inmensidad del cielo, se lanzan al camino y, moviendo las patas por el aire, hienden las nubes que se les oponen y, elevados por sus alas, dejan atrás a los euros, que nacen en esas mismas regiones.
vv. 161-166Pero el peso era ligero, no tal que pudieran reconocerlo los caballos del Sol, y el yugo carecía de su gravedad habitual; y como las naves curvas se tambalean sin el lastre adecuado y, inestables por su excesiva ligereza, van a la deriva por el mar, así el carro, libre de su carga acostumbrada, da saltos en el aire, es zarandeado en lo alto y parece vacío.
vv. 167-175En cuanto lo notaron, los cuatro caballos se desbocan, abandonan la pista trillada y no corren en el orden de antes. Él mismo se asusta y no sabe hacia dónde girar las riendas que se le han confiado, ni por dónde va el camino; y, aunque lo supiera, no podría dominarlos. Entonces, por primera vez, los helados Triones se calentaron con los rayos e intentaron en vano sumergirse en el mar que les está prohibido; y la Serpiente, situada junto al polo glacial, antes entorpecida por el frío y sin inspirar temor a nadie, se calentó y cobró con el ardor una furia nueva.
vv. 176-181Cuentan que también tú, Boyero, huiste turbado, aunque eras lento y te retenía tu carro. Y cuando el desdichado Faetonte miró desde lo más alto del éter las tierras que yacían abajo, muy, muy lejos, palideció, sus rodillas temblaron de repente por el miedo y, en medio de tanta luz, le surgieron tinieblas ante los ojos.
vv. 182-186Y ya preferiría no haber tocado nunca los caballos de su padre; ya le pesa haber conocido su linaje y haber conseguido lo que pedía; ya, deseando que lo llamen hijo de Mérope, es arrastrado como una nave llevada por el impetuoso bóreas, cuyo piloto, vencido, ha soltado el timón y la ha abandonado a los dioses y a las plegarias.
vv. 187-192¿Qué puede hacer? Mucho cielo ha quedado a sus espaldas; ¡ante sus ojos hay más! Mide con el pensamiento lo uno y lo otro, y unas veces mira hacia delante, al ocaso, que el destino no le permite alcanzar, y otras vuelve la vista hacia el oriente; sin saber qué hacer, se queda paralizado, y ni suelta las riendas ni es capaz de sujetarlas, ni conoce los nombres de los caballos.
vv. 193-200Ve también, tembloroso, prodigios esparcidos aquí y allá por el variado cielo, y figuras de enormes fieras. Hay un lugar donde el Escorpión curva sus pinzas en dos arcos y, con la cola y los brazos doblados a uno y otro lado, extiende sus miembros por el espacio de dos signos. En cuanto el muchacho lo vio, empapado en el sudor de un negro veneno y amenazando con herirlo con su aguijón curvado, fuera de sí, soltó las riendas, helado de terror.
vv. 201-205En cuanto las riendas, sueltas, les tocaron lo alto del lomo, los caballos se desbocan y, sin que nadie los frene, corren por los aires de una región desconocida; por donde los empuja el ímpetu, por allí se precipitan sin ley, chocan bajo el alto éter contra las estrellas fijas y arrastran el carro por lugares sin camino.
Versos 206-256
206Et modo summa petunt, modo per declive viasque
207praecipites spatio terrae propiore feruntur.
208Inferiusque suis fraternos currere Luna
209admiratur equos, ambustaque nubila fumant;
210corripitur flammis ut quaeque altissima, tellus
211fissaque agit rimas et sucis aret ademptis.
212Pabula canescunt, cum frondibus uritur arbor,
213materiamque suo praebet seges arida damno.
214Parva queror: magnae pereunt cum moenibus urbes,
215cumque suis totas populis incendia gentes
216in cinerem vertunt. Silvae cum montibus ardent,
217ardet Athos Taurusque Cilix et Tmolus et Oete
218et tum sicca, prius creberrima fontibus, Ide,
219virgineusque Helicon et nondum Oeagrius Haemus;
220ardet in inmensum geminatis ignibus Aetna
221Parnasusque biceps et Eryx et Cynthus et Othrys,
222et tandem nivibus Rhodope caritura, Mimasque
223Dindymaque et Mycale natusque ad sacra Cithaeron.
224Nec prosunt Scythiae sua frigora: Caucasus ardet
225Ossaque cum Pindo maiorque ambobus Olympus
226aeriaeque Alpes et nubifer Appenninus.
227Tum vero Phaethon cunctis e partibus orbem
228adspicit accensum nec tantos sustinet aestus,
229ferventesque auras velut e fornace profunda
230ore trahit currusque suos candescere sentit;
231et neque iam cineres eiectatamque favillam
232ferre potest calidoque involvitur undique fumo,
233quoque eat, aut ubi sit, picea caligine tectus
234nescit et arbitrio volucrum raptatur equorum.
235Sanguine tum credunt in corpora summa vocato
236Aethiopum populos nigrum traxisse colorem.
237Tum facta est Libye raptis umoribus aestu
238arida, tum nymphae passis fontesque lacusque
239deflevere comis: quaerit Boeotia Dircen,
240Argos Amymonen, Ephyre Pirenidas undas.
241Nec sortita loco distantes flumina ripas
242tuta manent: mediis Tanais fumavit in undis
243Peneusque senex Teuthranteusque Caicus
244et celer Ismenos cum Phegiaco Erymantho
245arsurusque iterum Xanthus flavusque Lycormas,
246quique recurvatis ludit Maeandrus in undis,
247Mygdoniusque Melas et Taenarius Eurotas.
248Arsit et Euphrates Babylonius, arsit Orontes
249Thermodonque citus Gangesque et Phasis et Hister.
250Aestuat Alpheus, ripae Spercheides ardent,
251quodque suo Tagus amne vehit, fluit ignibus aurum,
252et quae Maeonias celebrabant carmine ripas
253flumineae volucres, medio caluere Caystro.
254Nilus in extremum fugit perterritus orbem
255occuluitque caput, quod adhuc latet: ostia septem
256pulverulenta vacant, septem sine flumine valles.
vv. 206-213Y unas veces buscan las alturas, otras, por pendientes y caminos en picado, se lanzan por un espacio más cercano a la tierra. La Luna se asombra de que los caballos de su hermano corran por debajo de los suyos, y las nubes, abrasadas, humean. La tierra es presa de las llamas, empezando por las zonas más altas; rajada, se abre en grietas y se seca, privada de sus jugos. Los pastos se vuelven blancos, el árbol arde junto con sus hojas y la mies seca ofrece material para su propia ruina.
vv. 214-219Pero me quejo de poco: grandes ciudades perecen con sus murallas, y los incendios convierten en ceniza naciones enteras con sus pueblos. Los bosques arden con los montes: arde el Atos, y el Tauro de Cilicia, y el Tmolo, y el Eta, y el Ida, seco entonces, antes riquísimo en fuentes, y el virginal Helicón, y el Hemo, que aún no era de Eagro;
vv. 220-226arde desmesuradamente el Etna, con sus fuegos redoblados, y el Parnaso de dos cumbres, y el Érice, y el Cinto, y el Otris, y el Ródope, que al fin iba a quedarse sin nieves, y el Mimante, y el Díndimo, y el Mícale, y el Citerón, nacido para los ritos sagrados. A Escitia no le sirven de nada sus fríos: arde el Cáucaso, y el Osa con el Pindo, y el Olimpo, mayor que ambos, y los Alpes, que se elevan hasta el aire, y el Apenino, portador de nubes.
vv. 227-234Entonces Faetonte ve el orbe incendiado por todas partes y no soporta un calor tan grande; aspira por la boca un aire ardiente, como salido de un horno profundo, y siente que su carro se pone al rojo blanco; ya no puede soportar las cenizas y las pavesas que salen despedidas, y por todas partes lo envuelve un humo caliente; cubierto por una oscuridad negra como la pez, no sabe adónde va ni dónde está, y es arrastrado al capricho de los veloces caballos.
vv. 235-240Creen que fue entonces cuando los pueblos de los etíopes adquirieron el color negro, al afluir la sangre a la superficie del cuerpo. Entonces Libia se volvió árida, arrebatada su humedad por el calor; entonces las ninfas, con los cabellos sueltos, lloraron por sus fuentes y sus lagos: Beocia busca a Dirce, Argos a Amimone, Éfira las aguas de Pirene.
vv. 241-249Ni siquiera los ríos a los que tocaron en suerte orillas muy separadas permanecen a salvo: humeó el Tanais en medio de sus aguas, y el viejo Peneo, y el Caico de Teutrante, y el rápido Ismeno con el Erimanto de Fegeo, y el Janto, que había de arder por segunda vez, y el rubio Licormas, y el Meandro, que juguetea en sus aguas sinuosas, y el Melas de Migdonia, y el Eurotas del Ténaro. Ardió también el Éufrates de Babilonia, ardió el Orontes, y el veloz Termodonte, y el Ganges, y el Fasis, y el Histro.
vv. 250-256Hierve el Alfeo, arden las orillas del Esperquio, y el oro que el Tajo arrastra en su corriente fluye fundido por el fuego; y las aves de río que celebraban con su canto las orillas meonias se abrasaron en medio del Caístro. El Nilo huyó aterrado al extremo del mundo y escondió su cabeza, que todavía hoy permanece oculta; sus siete desembocaduras están vacías, cubiertas de polvo: siete cauces sin río.
Versos 257-308
257Fors eadem Ismarios Hebrum cum Strymone siccat
258Hesperiosque amnes Rhenum Rhodanumque Padumque,
259cuique fuit rerum promissa potentia, Thybrin.
260Dissilit omne solum, penetratque in Tartara rimis
261lumen et infernum terret cum coniuge regem.
262Et mare contrahitur, siccaeque est campus harenae
263quod modo pontus erat: quosque altum texerat aequor,
264exsistunt montes et sparsas Cycladas augent.
265Ima petunt pisces, nec se super aequora curvi
266tollere consuetas audent delphines in auras;
267corpora phocarum summo resupina profundo
268exanimata natant. Ipsum quoque Nerea fama est
269Doridaque et natas tepidis latuisse sub antris.
270Ter Neptunus aquis cum torvo bracchia vultu
271exserere ausus erat, ter non tulit aeris ignes.
272Alma tamen Tellus, ut erat circumdata ponto,
273inter aquas pelagi contractosque undique fontes,
274qui se condiderant in opacae viscera matris,
275sustulit oppressos collo tenus arida vultus
276opposuitque manum fronti magnoque tremore
277omnia concutiens paulum subsedit et infra
278quam solet esse fuit, siccaque ita voce locuta est:
279“Si placet hoc, meruique, quid o tua fulmina cessant,
280summe deum? liceat periturae viribus ignis
281igne perire tuo clademque auctore levare.
282Vix equidem fauces haec ipsa in verba resolvo”
283(presserat ora vapor): “tostos en adspice crines
284inque oculis tantum, tantum super ora favillae.
285Hosne mihi fructus, hunc fertilitatis honorem
286officiique refers, quod adunci vulnera aratri
287rastrorumque fero totoque exerceor anno,
288quod pecori frondes, alimentaque mitia, fruges,
289humano generi, vobis quoque tura ministro?
290Sed tamen exitium fac me meruisse: quid undae,
291quid meruit frater? cur illi tradita sorte
292aequora decrescunt et ab aethere longius absunt?
293Quodsi nec fratris nec te mea gratia tangit,
294at caeli miserere tui. Circumspice utrumque,
295fumat uterque polus. Quos si vitiaverit ignis,
296atria vestra ruent. Atlas en ipse laborat
297vixque suis umeris candentem sustinet axem.
298Si freta, si terrae pereunt, si regia caeli,
299in chaos antiquum confundimur. Eripe flammis,
300siquid adhuc superest, et rerum consule summae.”
301Dixerat haec Tellus: neque enim tolerare vaporem
302ulterius potuit nec dicere plura: suumque
303rettulit os in se propioraque manibus antra.
304At pater omnipotens, superos testatus et ipsum,
305qui dederat currus, nisi opem ferat, omnia fato
306interitura gravi, summam petit arduus arcem,
307unde solet nubes latis inducere terris,
308unde movet tonitrus vibrataque fulmina iactat.
vv. 257-264La misma suerte seca el Hebro ismario junto con el Estrimón, y los ríos de Hesperia, el Rin, el Ródano y el Po, y el Tíber, a quien se había prometido el dominio del mundo. Todo el suelo se resquebraja, y la luz penetra por las grietas hasta el Tártaro y aterra al rey de los infiernos y a su esposa. También el mar se contrae, y es una llanura de arena seca lo que hace poco era mar; y los montes que el profundo mar había cubierto emergen y aumentan el número de las dispersas Cícladas.
vv. 265-271Los peces buscan el fondo, y los curvos delfines no se atreven a saltar sobre las aguas hacia el aire, como acostumbraban; los cuerpos de las focas flotan sin vida, boca arriba, en la superficie del mar. Se cuenta que incluso Nereo, y Doris, y sus hijas se ocultaron en grutas tibias. Tres veces se había atrevido Neptuno a sacar los brazos del agua con rostro torvo; tres veces no soportó el fuego del aire.
vv. 272-278Sin embargo, la Tierra nutricia, rodeada como estaba por el mar, entre las aguas del piélago y las fuentes, encogidas por todas partes, que se habían escondido en las entrañas de su madre oscura, levantó, reseca, hasta el cuello su rostro abrumado, se puso la mano en la frente y, sacudiéndolo todo con un gran temblor, se hundió un poco y quedó más abajo de donde suele estar; y habló así con voz seca:
vv. 279-284«Si esto te parece bien y lo he merecido, ¿por qué se detienen tus rayos, oh supremo entre los dioses? Si he de perecer por la fuerza del fuego, que se me permita perecer por tu fuego y aliviar mi desgracia por ser tú quien la causa. A duras penas logro abrir la garganta para pronunciar estas mismas palabras» (el vapor le oprimía la boca); «mira mis cabellos chamuscados y cuánta ceniza hay en mis ojos, cuánta sobre mi rostro.
vv. 285-292¿Este es el fruto, este el honor que me das por mi fertilidad y mis servicios, porque soporto las heridas del corvo arado y de los rastrillos y me trabajan durante todo el año, porque proporciono al ganado follaje, al género humano mieses, alimento suave, y a vosotros, los dioses, incienso? Pero, aun así, supón que yo he merecido la destrucción: ¿qué han merecido las aguas, qué ha merecido tu hermano? ¿Por qué los mares que le fueron entregados en suerte menguan y se alejan más del cielo?
vv. 293-300Y si no te conmueve ni la consideración a tu hermano ni la mía, compadécete al menos de tu cielo. Mira a uno y otro lado: humean ambos polos. Si el fuego los daña, se derrumbarán vuestros palacios. Mira: el propio Atlas está en apuros y a duras penas sostiene sobre sus hombros el eje incandescente. Si perecen los mares, si las tierras, si el palacio del cielo, volveremos a confundirnos en el antiguo caos. Arranca de las llamas lo que aún quede, si queda algo, y vela por el conjunto del universo».
vv. 301-308Esto había dicho la Tierra, pues no pudo soportar más tiempo el vapor ni decir más, y retiró su rostro dentro de sí, a las cavernas más cercanas a los manes. Pero el padre todopoderoso, después de poner por testigos a los dioses y al mismo que había entregado el carro de que, si él no prestaba ayuda, todo iba a perecer con un destino funesto, sube a lo más alto de su ciudadela, desde donde suele extender las nubes sobre las anchas tierras, desde donde mueve los truenos y lanza los rayos vibrantes.
Versos 309-357
309Sed neque quas posset terris inducere nubes
310tunc habuit, nec quos caelo demitteret imbres.
311Intonat et dextra libratum fulmen ab aure
312misit in aurigam pariterque animaque rotisque
313expulit et saevis compescuit ignibus ignes.
314Consternantur equi et saltu in contraria facto
315colla iugo eripiunt abruptaque lora relinquunt.
316Illic frena iacent, illic temone revulsus
317axis, in hac radii fractarum parte rotarum,
318sparsaque sunt late laceri vestigia currus.
319At Phaethon rutilos flamma populante capillos,
320volvitur in praeceps longoque per aera tractu
321fertur, ut interdum de caelo stella sereno
322etsi non cecidit, potuit cecidisse videri.
323Quem procul a patria diverso maximus orbe
324excipit Eridanus fumantiaque abluit ora.
325Naïdes Hesperiae trifida fumantia flamma
326corpora dant tumulo, signant quoque carmine saxum:
327HIC SITUS EST PHAETHON, CURRUS AURIGA PATERNI:
328QUEM SI NON TENUIT, MAGNIS TAMEN EXCIDIT AUSIS.
329Nam pater obductos, luctu miserabilis aegro
330condiderat vultus: et, si modo credimus, unum
331isse diem sine sole ferunt: incendia lumen
332praebebant aliquisque malo fuit usus in illo.
333At Clymene postquam dixit quaecumque fuerunt
334in tantis dicenda malis, lugubris et amens
335et laniata sinus totum percensuit orbem,
336exanimesque artus primo, mox ossa requirens
337repperit (ossa tamen peregrina condita ripa!),
338incubuitque loco nomenque in marmore lectum
339perfudit lacrimis et aperto pectore fovit.
340Nec minus Heliades lugent et inania morti
341munera dant lacrimas, et caesae pectora palmis
342non auditurum miseras Phaethonta querellas
343nocte dieque vocant adsternunturque sepulcro.
344Luna quater iunctis implerat cornibus orbem:
345illae more suo (nam morem fecerat usus)
346plangorem dederant. E quis Phaethusa, sororum
347maxima, cum vellet terra procumbere, questa est
348deriguisse pedes. Ad quam conata venire
349candida Lampetie subita radice retenta est.
350Tertia cum crinem manibus laniare pararet,
351avellit frondes; haec stipite crura teneri,
352illa dolet fieri longos sua bracchia ramos.
353Dumque ea mirantur, complectitur inguina cortex,
354perque gradus uterum pectusque umerosque manusque
355ambit et exstabant tantum ora vocantia matrem.
356Quid faciat mater, nisi, quo trahat impetus illam,
357huc eat atque illuc, et, dum licet, oscula iungat?
vv. 309-318Pero entonces no tenía nubes que extender sobre las tierras ni lluvias que enviar desde el cielo. Truena y, tras balancear el rayo junto a su oreja derecha, lo lanzó contra el auriga, lo arrojó a la vez de la vida y del carro y con un fuego cruel reprimió el fuego. Los caballos se espantan y, dando un salto en dirección contraria, arrancan el cuello del yugo y abandonan las riendas rotas. Aquí yacen los frenos, allí el eje arrancado del timón, en esta parte los radios de las ruedas rotas, y los restos del carro destrozado quedan esparcidos por todas partes.
vv. 319-328Pero Faetonte, mientras la llama devora sus cabellos rojizos, se precipita dando vueltas y cae por el aire dejando una larga estela, como a veces una estrella que, aunque no ha caído, pudo parecer que había caído desde el cielo sereno. Lejos de su patria, en el otro extremo del mundo, lo recibe el inmenso Erídano y le lava el rostro humeante. Las náyades de Hesperia dan sepultura a su cuerpo, que humea aún por la llama de tres puntas, y graban también en la piedra estos versos: AQUÍ YACE FAETONTE, AURIGA DEL CARRO DE SU PADRE; SI NO LO SUPO SUJETAR, CAYÓ AL MENOS POR UNA GRAN AUDACIA.
vv. 329-339Pues su padre, digno de compasión por su enfermo duelo, había cubierto y ocultado su rostro; y, si es que lo creemos, cuentan que pasó un día entero sin sol: los incendios daban luz, y aquella desgracia sirvió de algo. Y Clímene, después de decir todo lo que había que decir en tan grandes males, enlutada y fuera de sí, con las ropas desgarradas sobre el pecho, recorrió el mundo entero; buscando primero los miembros sin vida, después los huesos, los encontró (¡pero los huesos sepultados en una orilla extranjera!), se echó sobre el lugar, bañó en lágrimas el nombre que leyó en el mármol y lo abrigó con su pecho desnudo.
vv. 340-349No lloran menos las Helíades, y ofrecen a la muerte lágrimas, ofrenda inútil; golpeándose el pecho con las palmas, llaman noche y día a Faetonte, que no ha de oír sus tristes lamentos, y se tienden sobre el sepulcro. La luna había llenado cuatro veces su disco juntando sus cuernos; ellas, según su costumbre (pues el uso había creado la costumbre), se habían entregado al llanto. Entre ellas, Faetusa, la mayor de las hermanas, al querer postrarse en tierra, se quejó de que se le habían quedado rígidos los pies. Al intentar llegar hasta ella, la blanca Lampecia quedó retenida por una súbita raíz.
vv. 350-357La tercera, cuando se disponía a mesarse los cabellos con las manos, arranca hojas; esta se lamenta de que un tronco le aprisiona las piernas, aquella de que sus brazos se convierten en largas ramas. Y mientras se asombran de ello, la corteza les envuelve las ingles y, poco a poco, rodea el vientre, el pecho, los hombros y las manos, y solo sobresalían sus bocas, que llamaban a su madre. ¿Qué puede hacer la madre, sino ir de aquí para allá, adonde la arrastra el impulso, y besarlas mientras puede?
Versos 358-400
358Non satis est; truncis avellere corpora temptat,
359et teneros manibus ramos abrumpit; at inde
360sanguineae manant, tamquam de vulnere, guttae.
361“Parce, precor, mater”, quaecumque est saucia, clamat,
362“parce, precor: nostrum laceratur in arbore corpus.
363iamque vale” —cortex in verba novissima venit.
364Inde fluunt lacrimae, stillataque sole rigescunt
365de ramis electra novis, quae lucidus amnis
366excipit et nuribus mittit gestanda Latinis.
367Adfuit huic monstro proles Stheneleia Cycnus,
368qui tibi materno quamvis a sanguine iunctus,
369mente tamen, Phaethon, propior fuit. Ille relicto
370(nam Ligurum populos et magnas rexerat urbes)
371imperio ripas virides amnemque querellis
372Eridanum implerat silvamque sororibus auctam,
373cum vox est tenuata viro, canaeque capillos
374dissimulant plumae, collumque a pectore longe
375porrigitur, digitosque ligat iunctura rubentes,
376penna latus velat, tenet os sine acumine rostrum.
377Fit nova Cycnus avis, nec se caeloque Iovique
378credit, ut iniuste missi memor ignis ab illo:
379stagna petit patulosque lacus, ignemque perosus
380quae colat elegit contraria flumina flammis.
381Squalidus interea genitor Phaethontis et expers
382ipse sui decoris, qualis, cum deficit orbem,
383esse solet, lucemque odit seque ipse diemque,
384datque animum in luctus; et luctibus adicit iram
385officiumque negat mundo. “Satis” inquit “ab aevi
386sors mea principiis fuit inrequieta, pigetque
387actorum sine fine mihi, sine honore, laborum.
388Quilibet alter agat portantes lumina currus!
389Si nemo est omnesque dei non posse fatentur,
390ipse agat ut saltem, dum nostras temptat habenas,
391orbatura patres aliquando fulmina ponat.
392Tum sciet, ignipedum vires expertus equorum,
393non meruisse necem, qui non bene rexerit illos.”
394Talia dicentem circumstant omnia Solem
395numina, neve velit tenebras inducere rebus,
396supplice voce rogant: missos quoque Iuppiter ignes
397excusat precibusque minas regaliter addit.
398Conligit amentes et adhuc terrore paventes
399Phoebus equos stimuloque dolens et verbere saevit:
400saevit enim, natumque obiectat et imputat illis.
vv. 358-366No basta: intenta arrancar sus cuerpos de los troncos y rompe con las manos las tiernas ramas; pero de allí manan gotas de sangre, como de una herida. «¡Detente, madre, te lo suplico!», grita cada una al ser herida; «detente, te lo suplico: es nuestro cuerpo lo que se desgarra en el árbol. Y ahora, adiós...» —la corteza cubrió sus últimas palabras. De allí fluyen lágrimas, y, destiladas de las ramas nuevas, se endurecen al sol convertidas en ámbar, que el río luminoso recibe y envía para que lo lleven como adorno las jóvenes latinas.
vv. 367-376Presenció este prodigio Cicno, hijo de Esténelo, que, aunque emparentado contigo, Faetonte, por la sangre de su madre, estaba más unido a ti por el afecto. Él, abandonado su reino (pues gobernaba a los pueblos de los ligures y grandes ciudades), había llenado de lamentos las verdes orillas, el río Erídano y el bosque aumentado por las hermanas, cuando a ese hombre se le adelgaza la voz, unas plumas blancas ocultan sus cabellos, el cuello se le alarga mucho desde el pecho, una membrana une sus dedos enrojecidos, las plumas le cubren el costado y ocupa su boca un pico sin punta.
vv. 377-384Cicno se convierte en un ave nueva, y no se confía al cielo ni a Júpiter, como quien recuerda el fuego que este lanzó injustamente; busca los estanques y los lagos abiertos y, odiando el fuego, eligió para habitar los ríos, contrarios a las llamas. Entretanto, el padre de Faetonte, desaliñado y privado él mismo de su esplendor, tal como suele estar cuando abandona el orbe en un eclipse, odia la luz, a sí mismo y al día, y entrega su ánimo al duelo; y al duelo añade la ira
vv. 385-393y niega sus servicios al mundo. «Bastante inquieta ha sido mi suerte —dice— desde el principio de los tiempos, y me pesan unos trabajos sin fin y sin honor. ¡Que conduzca otro cualquiera el carro que lleva la luz! Si no hay nadie y todos los dioses confiesan que no pueden, que lo conduzca él mismo, para que, al menos mientras prueba nuestras riendas, deje por una vez los rayos que privan a los padres de sus hijos. Entonces sabrá, cuando haya experimentado la fuerza de los caballos de pies de fuego, que no merecía la muerte quien no supo gobernarlos bien».
vv. 394-400Mientras dice tales cosas, rodean al Sol todas las divinidades y le piden con voz suplicante que no cubra el mundo de tinieblas; también Júpiter se disculpa por el fuego lanzado y, como rey, añade amenazas a sus ruegos. Febo reúne a los caballos, enloquecidos y todavía temblando de terror, y, dolido, se ensaña con ellos con la aguijada y el látigo; se ensaña, sí, y les echa en cara la muerte de su hijo y los culpa de ella.
4Acteón y DianaMet. III, 138-252
Personajes
Acteón, nieto de Cadmo (fundador de Tebas), hijo de Autónoe y Aristeo, joven cazador; Diana, diosa virgen de la caza; las ninfas de Diana (Crócale, Néfele, Híale, Ranis, Psécade, Fíale); los perros de Acteón (Melampo e Icnóbates son los primeros de la larga lista).
Resumen
El narrador anuncia que la primera desgracia de Cadmo, en medio de su felicidad, fue su nieto Acteón, aunque aclara que la culpa fue de la mala suerte y no un crimen, pues «¿qué crimen tiene un error?». Al mediodía, tras una buena jornada de caza, Acteón despide a sus compañeros. En el valle de Gargafia hay una gruta con una fuente donde Diana se baña, cansada de cazar, servida por sus ninfas. Acteón, que vaga sin rumbo por un bosque que no conoce, llega allí por casualidad («así lo llevaba el destino»). Las ninfas, al ver a un hombre, gritan y rodean a la diosa para taparla, pero Diana, más alta que todas, queda a la vista y se ruboriza. Como no tiene a mano las flechas, le arroja agua a la cara y le dice: «Ahora cuenta que me has visto sin velo, si es que puedes contarlo». Acteón se convierte en ciervo: le nacen cuernos, se le alarga el cuello, las manos se vuelven patas y el cuerpo se cubre de pelo; solo conserva la mente humana. Huye y, al verse en el agua, intenta lamentarse, pero no puede hablar. Sus propios perros lo descubren y lo persiguen; él quiere gritar «¡Soy Acteón, reconoced a vuestro dueño!», pero no le salen las palabras. Lo despedazan mientras sus compañeros, que no saben quién es, azuzan a los perros y lo llaman lamentando su ausencia. El pasaje termina diciendo que la ira de Diana solo se sació con su muerte. (Justo después, en los vv. 253-255, fuera de la selección, Ovidio recoge el debate de la gente: unos encuentran a la diosa demasiado cruel y otros la consideran digna de su virginidad.)
Metamorfosis
Acteón → ciervo.
Temas
La culpa sin intención: el castigo desproporcionado de un error involuntario; la crueldad de los dioses; mirar lo prohibido; la pérdida de la identidad y de la palabra; la desgracia de la casa de Cadmo (Tebas).
Claves para la PAU
Acteón nieto de Cadmo; valle de Gargafia; Diana bañándose; el agua que lo transforma; muere despedazado por sus propios perros; «fortuna» y no «crimen».
Pervivencia
Pintura: Tiziano, Diana y Acteón (1556-1559) y La muerte de Acteón (c. 1559-1575), ambos en la National Gallery de Londres (el primero compartido con la National Galleries of Scotland); el primero fue pintado para Felipe II; Giuseppe Cesari (Cavalier d'Arpino), Diana y Acteón (c. 1603-1606). Literatura: Petrarca (canción 23 del Cancionero); Giordano Bruno lo convierte en símbolo del conocimiento en De gli eroici furori.
Texto latino y traducción (Met. III, 138-252)
Versos 138-191
138Prima nepos inter tot res tibi, Cadme, secundas
139causa fuit luctus, alienaque cornua fronti
140addita, vosque canes satiatae sanguine erili.
141At bene si quaeras, fortunae crimen in illo,
142non scelus invenies: quod enim scelus error habebat?
143Mons erat infectus variarum caede ferarum;
144iamque dies medius rerum contraxerat umbras
145et sol ex aequo meta distabat utraque,
146cum iuvenis placido per devia lustra vagantes
147participes operum compellat Hyantius ore:
148“Lina madent, comites, ferrumque cruore ferarum,
149fortunamque dies habuit satis. Altera lucem
150cum croceis invecta rotis Aurora reducet,
151propositum repetemus opus; nunc Phoebus utraque
152distat idem terra finditque vaporibus arva.
153Sistite opus praesens nodosaque tollite lina.”
154Iussa viri faciunt intermittuntque laborem.
155Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,
156nomine Gargaphie, succinctae sacra Dianae.
157Cuius in extremo est antrum nemorale recessu,
158arte laboratum nulla: simulaverat artem
159ingenio natura suo; nam pumice vivo
160et levibus tofis nativum duxerat arcum.
161Fons sonat a dextra, tenui perlucidus unda,
162margine gramineo patulos succinctus hiatus.
163Hic dea silvarum venatu fessa solebat
164virgineos artus liquido perfundere rore.
165Quo postquam subiit, nympharum tradidit uni
166armigerae iaculum pharetramque arcusque retentos;
167altera depositae subiecit bracchia pallae,
168vincla duae pedibus demunt; nam doctior illis
169Ismenis Crocale sparsos per colla capillos
170conligit in nodum, quamvis erat ipsa solutis.
171Excipiunt laticem Nepheleque Hyaleque Rhanisque
172et Psecas et Phiale funduntque capacibus urnis.
173Dumque ibi perluitur solita Titania lympha,
174ecce nepos Cadmi dilata parte laborum
175per nemus ignotum non certis passibus errans
176pervenit in lucum: sic illum fata ferebant.
177Qui simul intravit rorantia fontibus antra,
178sicut erant, viso nudae sua pectora nymphae
179percussere viro, subitisque ululatibus omne
180implevere nemus circumfusaeque Dianam
181corporibus texere suis; tamen altior illis
182ipsa dea est colloque tenus supereminet omnes.
183Qui color infectis adversi solis ab ictu
184nubibus esse solet aut purpureae aurorae,
185is fuit in vultu visae sine veste Dianae.
186Quae quamquam comitum turba est stipata suarum,
187in latus obliquum tamen adstitit oraque retro
188flexit, et ut vellet promptas habuisse sagittas,
189quas habuit sic hausit aquas vultumque virilem
190perfudit, spargensque comas ultricibus undis
191addidit haec cladis praenuntia verba futurae:
vv. 138-142Entre tantos éxitos, Cadmo, tu nieto fue el primer motivo de duelo para ti, y también los cuernos ajenos añadidos a su frente, y vosotros, perros saciados con la sangre de vuestro amo. Pero, si lo examinas bien, hallarás en él una culpa de la fortuna, no un crimen: pues ¿qué crimen había en un error?
vv. 143-154Había un monte teñido con la matanza de fieras de todo tipo; y ya el mediodía había encogido las sombras de las cosas y el sol distaba lo mismo de una y otra meta, cuando el joven beocio, con voz tranquila, se dirige a los compañeros de sus tareas, que vagaban por guaridas apartadas: «Las redes, compañeros, y el hierro están empapados con la sangre de las fieras, y el día ya ha tenido suerte suficiente. Cuando la Aurora, llevada en sus ruedas de azafrán, traiga de nuevo la luz, reanudaremos la tarea propuesta; ahora Febo dista lo mismo de una y otra tierra y agrieta los campos con su calor. Detened la tarea presente y recoged las redes nudosas». Ellos cumplen las órdenes de su señor e interrumpen el trabajo.
vv. 155-164Había un valle espeso de pinos y de afilados cipreses, de nombre Gargafia, consagrado a Diana, la de la túnica recogida. En su rincón más apartado hay una gruta rodeada de bosque, que no ha trabajado arte alguno: la naturaleza había imitado el arte con su propio ingenio, pues con piedra pómez viva y tobas ligeras había trazado un arco natural. A la derecha murmura una fuente, transparente por su fina corriente, ceñida en su ancha abertura por un margen de hierba. Aquí la diosa de los bosques, cansada de cazar, solía bañar sus miembros virginales con el límpido rocío.
vv. 165-172Después de entrar allí, entregó a una de las ninfas, su escudera, la jabalina, la aljaba y el arco destensado; otra puso los brazos bajo el manto que se había quitado; dos le quitan el calzado de los pies; pues Crócale, la hija del Ismeno, más hábil que ellas, recoge en un moño los cabellos esparcidos por su cuello, aunque ella misma los llevaba sueltos. Néfele, Híale, Ránide, Psécade y Fíale toman el agua y la vierten con amplias urnas.
vv. 173-182Y mientras allí la Titania se baña en el agua de costumbre, he aquí que el nieto de Cadmo, aplazada una parte de sus trabajos, vagando con pasos inseguros por un bosque desconocido, llega a la arboleda: así lo llevaban los hados. En cuanto entró en la gruta, húmeda por las fuentes, las ninfas, desnudas como estaban, al ver a un hombre se golpearon el pecho, llenaron todo el bosque con repentinos alaridos y, rodeando a Diana, la cubrieron con sus cuerpos; sin embargo, la propia diosa es más alta que ellas y las sobrepasa a todas del cuello para arriba.
vv. 183-191El color que suelen tener las nubes teñidas por el golpe del sol de frente o la aurora purpúrea, ese tuvo en el rostro Diana al verse vista sin ropa. Aunque estaba rodeada por la multitud de sus compañeras, se puso de lado y volvió el rostro hacia atrás; y, aunque habría querido tener a mano las flechas, cogió el agua que tenía, la derramó sobre el rostro del hombre y, rociando sus cabellos con las ondas vengadoras, añadió estas palabras, presagio de la desgracia futura:
Versos 192-241
192“Nunc tibi me posito visam velamine narres,
193si poteris narrare, licet.” Nec plura minata
194dat sparso capiti vivacis cornua cervi,
195dat spatium collo summasque cacuminat aures,
196cum pedibusque manus, cum longis bracchia mutat
197cruribus et velat maculoso vellere corpus.
198Additus et pavor est. Fugit Autonoeius heros
199et se tam celerem cursu miratur in ipso.
200Ut vero vultus et cornua vidit in unda,
201“me miserum!” dicturus erat: vox nulla secuta est.
202Ingemuit: vox illa fuit, lacrimaeque per ora
203non sua fluxerunt; mens tantum pristina mansit.
204Quid faciat? repetatne domum et regalia tecta
205an lateat silvis? pudor hoc, timor impedit illud.
206Dum dubitat, videre canes. Primumque Melampus
207Ichnobatesque sagax latratu signa dedere,
208Gnosius Ichnobates, Spartana gente Melampus.
209Inde ruunt alii rapida velocius aura,
210Pamphagus et Dorceus et Oribasus, Arcades omnes,
211Nebrophonusque valens et trux cum Laelape Theron
212et pedibus Pterelas et naribus utilis Agre,
213Hylaeusque ferox, nuper percussus ab apro,
214deque lupo concepta Nape, pecudesque secuta
215Poemenis et natis comitata Harpyia duobus,
216et substricta gerens Sicyonius ilia Ladon,
217et Dromas et Canache Sticteque et Tigris et Alce
218et niveis Leucon et villis Asbolus atris
219praevalidusque Lacon et cursu fortis Aello
220et Thous et Cyprio velox cum fratre Lycisce,
221et nigram medio frontem distinctus ab albo
222Harpalos, et Melaneus hirsutaque corpore Lachne,
223et patre Dictaeo, sed matre Laconide nati
224Labros et Argiodus, et acutae vocis Hylactor,
225quosque referre mora est. Ea turba cupidine praedae
226per rupes scopulosque adituque carentia saxa,
227quaque est difficilis quaque est via nulla, sequuntur.
228Ille fugit per quae fuerat loca saepe secutus,
229heu famulos fugit ipse suos. Clamare libebat
230“Actaeon ego sum, dominum cognoscite vestrum!”
231Verba animo desunt: resonat latratibus aether.
232Prima Melanchaetes in tergo vulnera fecit,
233proxima Therodamas, Oresitrophus haesit in armo:
234tardius exierant, sed per compendia montis
235anticipata via est. Dominum retinentibus illis,
236cetera turba coit confertque in corpore dentes.
237Iam loca vulneribus desunt. Gemit ille sonumque,
238etsi non hominis, quem non tamen edere possit
239cervus habet, maestisque replet iuga nota querellis.
240Et genibus pronis supplex similisque roganti
241circumfert tacitos tamquam sua bracchia vultus.
vv. 192-199«Ahora puedes contar que me has visto sin velo, si es que puedes contarlo». Y, sin más amenazas, da a la cabeza rociada los cuernos de un ciervo longevo, da longitud al cuello, aguza la punta de las orejas, cambia las manos por pies, los brazos por largas patas, y cubre su cuerpo con una piel moteada. Se le añadió también el miedo. Huye el héroe hijo de Autónoe y se asombra, en plena carrera, de ser tan veloz.
vv. 200-205Pero, cuando vio en el agua su rostro y sus cuernos, iba a decir «¡Ay de mí!»: no salió voz alguna. Gimió: esa fue su voz, y las lágrimas corrieron por un rostro que no era el suyo; solo su mente de antes permaneció. ¿Qué puede hacer? ¿Volver a casa y al palacio real, o esconderse en los bosques? La vergüenza le impide lo uno; el miedo, lo otro.
vv. 206-215Mientras duda, lo vieron los perros. Primero Melampo y el sagaz Icnóbates dieron la señal con sus ladridos, Icnóbates de Cnoso, Melampo de raza espartana. Después se lanzan los demás, más rápidos que la veloz brisa: Pánfago, Dorceo y Oríbaso, todos arcadios, y el vigoroso Nebrófono, y el fiero Terón con Lélape, y Ptérelas, útil por sus patas, y Agre, por su olfato, y el feroz Hileo, herido hace poco por un jabalí, y Nape, concebida de un lobo, y Pémenis, que había seguido a los rebaños, y Harpía, acompañada de sus dos cachorros,
vv. 216-227y Ladón de Sición, de ijares estrechos, y Dromas, Cánace, Esticte, Tigris y Alce, y Leucón, de pelaje blanco como la nieve, y Ásbolo, de pelo negro, y el robustísimo Lacón, y Aelo, fuerte en la carrera, y Toos, y la veloz Licisca con su hermano chipriota, y Hárpalo, con la frente negra marcada en medio por una mancha blanca, y Melaneo, y Lacne, de cuerpo hirsuto, y Labro y Argiodo, nacidos de padre cretense pero de madre laconia, e Hiláctor, de voz aguda, y otros que sería largo enumerar. Esa jauría, por ansia de presa, lo persigue por peñas y riscos y rocas inaccesibles, por donde el camino es difícil y por donde no hay camino.
vv. 228-236Él huye por los lugares por donde tantas veces había perseguido; ¡ay!, huye él mismo de sus propios servidores. Querría gritar: «¡Soy Acteón, reconoced a vuestro amo!». Las palabras no acuden a su deseo: el aire resuena con los ladridos. Melanqueto le hizo las primeras heridas en el lomo; las siguientes, Terodamante; Oresítrofo se le clavó en el hombro: habían salido más tarde, pero por un atajo del monte se adelantaron en el camino. Mientras ellos retienen a su amo, el resto de la jauría se reúne y le hinca los dientes en el cuerpo.
vv. 237-241Ya no queda sitio para las heridas. Él gime y emite un sonido que, aunque no es de hombre, no es tampoco el que podría emitir un ciervo, y llena de tristes lamentos las cumbres que conoce. Y, de rodillas, suplicante y semejante a quien ruega, vuelve a su alrededor su rostro callado como si fueran sus brazos.
Versos 242-252
242At comites rapidum solitis hortatibus agmen
243ignari instigant oculisque Actaeona quaerunt
244et velut absentem certatim Actaeona clamant
245(ad nomen caput ille refert), et abesse queruntur
246nec capere oblatae segnem spectacula praedae.
247Vellet abesse quidem, sed adest; velletque videre,
248non etiam sentire canum fera facta suorum.
249Undique circumstant mersisque in corpore rostris
250dilacerant falsi dominum sub imagine cervi.
251[nec nisi finita per plurima vulnera vita]
252[ira pharetratae fertur satiata Dianae.]
vv. 242-252Pero sus compañeros, sin saberlo, azuzan a la veloz jauría con los gritos de costumbre, buscan con los ojos a Acteón y, a porfía, llaman a Acteón como si estuviera ausente (él vuelve la cabeza al oír su nombre), y se quejan de que no esté y de que, por perezoso, no contemple el espectáculo de la presa que se les ofrece. Él querría, desde luego, estar ausente, pero está presente; y querría ver, no también sentir, las salvajes hazañas de sus perros. Por todas partes lo rodean y, hundiendo los hocicos en su cuerpo, despedazan a su amo bajo la apariencia de un falso ciervo. [Y se cuenta que la ira de Diana, la portadora de la aljaba, no se sació hasta que su vida acabó entre innumerables heridas.]
5Narciso y EcoMet. III, 339-510
Personajes
Tiresias, adivino ciego de Tebas; Liríope, ninfa, madre de Narciso; Cefiso, dios río, su padre; Narciso; Eco, ninfa; Juno; Némesis (llamada Ramnusia), diosa de la venganza; las náyades, hermanas de Narciso, y las dríades.
Resumen
Liríope pregunta a Tiresias si su hijo Narciso vivirá muchos años, y el adivino responde: «Si no llega a conocerse». A los dieciséis años Narciso es tan hermoso que lo desean muchachos y muchachas, pero su orgullo es tan grande que nadie lo toca. Lo ve la ninfa Eco, que no puede hablar por sí misma: Juno la castigó a repetir solo las últimas palabras que oye, porque con su charla la entretenía mientras las ninfas amantes de Júpiter escapaban. Eco se enamora de Narciso y lo sigue; cuando él pregunta «¿Hay alguien aquí?», ella responde «aquí» y, cuando él dice «reunámonos», ella sale del bosque para abrazarlo. Narciso la rechaza con desprecio («antes moriré que dejar que me tengas»), y ella solo repite «que me tengas». Eco se esconde en las cuevas y se consume de amor hasta quedar reducida a voz y huesos, que se convierten en piedra; desde entonces solo es un sonido que responde. Uno de los despreciados por Narciso pide que él ame y no consiga lo que ama, y Némesis escucha la súplica. Narciso, cansado de cazar, se inclina sobre una fuente limpia, nunca tocada por pastores ni animales, y se enamora de su reflejo, creyendo que es otro. Intenta besarlo y abrazarlo, sin éxito. Al final comprende la verdad: «Ese soy yo; me he dado cuenta y mi imagen no me engaña» (iste ego sum, III, 463). Desesperado, se consume poco a poco como la cera junto al fuego; Eco repite sus lamentos y su último «adiós». Incluso en el mundo de los muertos sigue contemplándose en las aguas de la Estigia. Cuando sus hermanas preparan la pira funeraria, en lugar del cuerpo encuentran una flor amarilla rodeada de pétalos blancos.
Metamorfosis
Eco → voz (sus huesos se vuelven piedra); Narciso → la flor narciso.
Explicación etiológica
El origen del eco y de la flor del narciso.
Temas
El amor imposible; el amor a uno mismo (de aquí el término «narcisismo»); el conocimiento de uno mismo como peligro (inversión del conócete a ti mismo délfico); la apariencia y la realidad; el castigo del orgullo; la palabra y la voz.
Claves para la PAU
La profecía de Tiresias («si no se conoce»); Eco castigada por Juno a repetir; Némesis atiende la súplica del rechazado; la fuente; la flor amarilla y blanca.
Pervivencia
Pintura: Caravaggio (atribuido), Narciso (c. 1597-1599, Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma); Salvador Dalí, Metamorfosis de Narciso (1937, Tate Modern); John William Waterhouse, Eco y Narciso (1903). Literatura: Calderón de la Barca, Eco y Narciso; Sor Juana Inés de la Cruz, El divino Narciso. Psicología: Freud adopta el término «narcisismo».
Texto latino y traducción (Met. III, 339-510)
Versos 339-392
339Ille per Aonias fama celeberrimus urbes
340inreprehensa dabat populo responsa petenti.
341Prima fide vocisque ratae temptamina sumpsit
342caerula Liriope. Quam quondam flumine curvo
343implicuit clausaeque suis Cephisus in undis
344vim tulit. Enixa est utero pulcherrima pleno
345infantem, nymphis iam tunc qui posset amari,
346Narcissumque vocat. De quo consultus, an esset
347tempora maturae visurus longa senectae,
348fatidicus vates “si se non noverit” inquit.
349Vana diu visa est vox auguris: exitus illam
350resque probat letique genus novitasque furoris.
351Namque ter ad quinos unum Cephisius annum
352addiderat poteratque puer iuvenisque videri:
353multi illum iuvenes, multae cupiere puellae.
354Sed fuit in tenera tam dura superbia forma:
355nulli illum iuvenes, nullae tetigere puellae.
356Adspicit hunc trepidos agitantem in retia cervos
357vocalis nymphe, quae nec reticere loquenti,
358nec prior ipsa loqui didicit, resonabilis Echo.
359Corpus adhuc Echo, non vox erat; et tamen usum
360garrula non alium, quam nunc habet, oris habebat,
361reddere de multis ut verba novissima posset.
362Fecerat hoc Iuno, quia, cum deprendere posset
363cum Iove saepe suo nymphas in monte iacentes,
364illa deam longo prudens sermone tenebat,
365dum fugerent nymphae. Postquam Saturnia sensit
366“huius” ait “linguae, qua sum delusa, potestas
367parva tibi dabitur vocisque brevissimus usus”:
368reque minas firmat. Tamen haec in fine loquendi
369ingeminat voces auditaque verba reportat.
370Ergo ubi Narcissum per devia rura vagantem
371vidit et incaluit, sequitur vestigia furtim,
372quoque magis sequitur, flamma propiore calescit,
373non aliter, quam cum summis circumlita taedis
374admotas rapiunt vivacia sulphura flammas.
375O quotiens voluit blandis accedere dictis
376et molles adhibere preces: natura repugnat
377nec sinit incipiat. Sed, quod sinit, illa parata est
378exspectare sonos, ad quos sua verba remittat.
379Forte puer comitum seductus ab agmine fido,
380dixerat “ecquis adest?” et “adest!” responderat Echo.
381Hic stupet, utque aciem partes dimittit in omnes,
382voce “veni!” magna clamat: vocat illa vocantem.
383Respicit et rursus nullo veniente “quid” inquit
384“me fugis?” et totidem, quot dixit, verba recepit.
385Perstat et, alternae deceptus imagine vocis,
386“huc coeamus!” ait: nullique libentius umquam
387responsura sono “coeamus” rettulit Echo,
388et verbis favet ipsa suis egressaque silva
389ibat, ut iniceret sperato bracchia collo.
390Ille fugit fugiensque “manus complexibus aufer:
391ante” ait “emoriar, quam sit tibi copia nostri.”
392Rettulit illa nihil nisi “sit tibi copia nostri.”
vv. 339-350Él, celebérrimo por su fama en las ciudades aonias, daba respuestas irreprochables al pueblo que lo consultaba. La primera en poner a prueba la veracidad y el acierto de su voz fue la azulada Liríope, a quien en otro tiempo el Cefiso envolvió en su sinuosa corriente y, encerrada en sus aguas, forzó. Ella, bellísima, dio a luz, con el vientre lleno, a un niño que ya entonces podía ser amado por las ninfas, y lo llama Narciso. Consultado acerca de él, sobre si llegaría a ver los largos tiempos de una vejez madura, el adivino que conoce el destino dijo: «Si no llega a conocerse». Durante mucho tiempo pareció vana la palabra del augur: la confirman el desenlace, los hechos, el tipo de muerte y la extrañeza de su locura.
vv. 351-358Pues el hijo del Cefiso había añadido un año a los quince y podía parecer niño y joven: muchos jóvenes, muchas muchachas lo desearon. Pero hubo en su tierna belleza una soberbia tan dura que ningún joven, ninguna muchacha lo tocó. Lo ve, mientras empuja a las redes a los asustados ciervos, una ninfa de voz sonora, que no aprendió ni a callar ante quien habla ni a hablar ella primero: la resonante Eco.
vv. 359-369Eco era todavía un cuerpo, no una voz; y, sin embargo, la charlatana no tenía otro uso de su boca que el que tiene ahora: poder devolver, de muchas palabras, las últimas. Esto lo había hecho Juno, porque, cuando podía sorprender a las ninfas acostadas con su Júpiter en el monte, a menudo aquella, astuta, entretenía a la diosa con una larga conversación hasta que las ninfas huían. Cuando la Saturnia se dio cuenta, dijo: «De esta lengua con la que me has engañado se te concederá un poder escaso, y un uso brevísimo de la voz», y confirma con hechos sus amenazas. Ella, no obstante, al final de lo que se dice, repite las voces y devuelve las palabras que oye.
vv. 370-378Así pues, en cuanto vio a Narciso vagando por campos apartados y se inflamó de amor, sigue sus huellas a escondidas, y cuanto más lo sigue, más se calienta con una llama más cercana, no de otro modo que cuando el azufre vivo, untado en la punta de las antorchas, prende las llamas que se le acercan. ¡Oh, cuántas veces quiso acercarse con palabras cariñosas y dirigirle tiernas súplicas! Su naturaleza se opone y no le permite empezar; pero —esto sí se lo permite— ella está dispuesta a esperar los sonidos a los que devolver sus propias palabras.
vv. 379-384Por casualidad el muchacho, apartado del grupo fiel de sus compañeros, había dicho: «¿Hay alguien aquí?», y «¡Aquí!», había respondido Eco. Él se queda atónito y, mientras dirige la vista a todas partes, grita en voz alta: «¡Ven!»; ella llama a quien la llama. Mira atrás y, como nadie viene, dice de nuevo: «¿Por qué me huyes?», y recibió tantas palabras como dijo.
vv. 385-392Insiste y, engañado por la imagen de la voz que le contesta, dice: «¡Juntémonos aquí!»; y Eco, que nunca respondería más a gusto a ningún sonido, repitió: «¡Juntémonos!», y ella misma secunda sus palabras y, saliendo del bosque, se acercaba para echar los brazos al cuello deseado. Él huye y, huyendo, dice: «¡Aparta las manos de mí, no me abraces! Antes moriré que dejar que me tengas». Ella no repitió nada más que «¡Que me tengas!».
Versos 393-447
393Spreta latet silvis pudibundaque frondibus ora
394protegit et solis ex illo vivit in antris.
395Sed tamen haeret amor crescitque dolore repulsae.
396Extenuant vigiles corpus miserabile curae,
397adducitque cutem macies et in aera sucus
398corporis omnis abit. Vox tantum atque ossa supersunt:
399vox manet; ossa ferunt lapidis traxisse figuram.
400[inde latet silvis nulloque in monte videtur;]
401[omnibus auditur: sonus est, qui vivit in illa.]
402Sic hanc, sic alias undis aut montibus ortas
403luserat hic nymphas, sic coetus ante viriles.
404Inde manus aliquis despectus ad aethera tollens
405“sic amet ipse licet sic non potiatur amato!”
406dixerat. Adsensit precibus Rhamnusia iustis.
407Fons erat inlimis, nitidis argenteus undis,
408quem neque pastores neque pastae monte capellae
409contigerant aliudve pecus, quem nulla volucris
410nec fera turbarat nec lapsus ab arbore ramus.
411Gramen erat circa, quod proximus umor alebat,
412silvaque sole locum passura tepescere nullo.
413Hic puer, et studio venandi lassus et aestu,
414procubuit faciemque loci fontemque secutus.
415[dumque sitim sedare cupit, sitis altera crevit.]
416Dumque bibit, visae correptus imagine formae
417[spem sine corpore amat: corpus putat esse, quod unda est]
418adstupet ipse sibi, vultuque inmotus eodem
419haeret, ut e Pario formatum marmore signum.
420Spectat humi positus geminum, sua lumina, sidus
421et dignos Baccho, dignos et Apolline crines
422impubesque genas et eburnea colla decusque
423oris et in niveo mixtum candore ruborem,
424cunctaque miratur, quibus est mirabilis ipse.
425Se cupit imprudens et qui probat, ipse probatur,
426dumque petit, petitur, pariterque accendit et ardet.
427Inrita fallaci quotiens dedit oscula fonti!
428In mediis quotiens visum captantia collum
429bracchia mersit aquis, nec se deprendit in illis!
430Quid videat, nescit: sed quod videt, uritur illo,
431atque oculos idem, qui decipit, incitat error.
432Credule, quid frustra simulacra fugacia captas?
433quod petis, est nusquam; quod amas, avertere, perdes.
434Ista repercussae, quam cernis, imaginis umbra est:
435nil habet ista sui; tecum venitque manetque,
436tecum discedet, si tu discedere possis.
437Non illum Cereris, non illum cura quietis
438abstrahere inde potest, sed opaca fusus in herba
439spectat inexpleto mendacem lumine formam,
440perque oculos perit ipse suos; paulumque levatus
441ad circumstantes tendens sua bracchia silvas
442“ecquis, io silvae, crudelius” inquit “amavit?
443Scitis enim, et multis latebra opportuna fuistis.
444Ecquem, cum vestrae tot agantur saecula vitae,
445qui sic tabuerit, longo meministis in aevo?
446Et placet et video; sed quod videoque placetque,
447non tamen invenio: tantus tenet error amantem.
vv. 393-401Despreciada, se esconde en los bosques, cubre con hojas su rostro avergonzado y desde entonces vive en grutas solitarias. Pero, aun así, el amor sigue prendido en ella y crece con el dolor del rechazo. Los desvelos consumen su cuerpo digno de lástima, la delgadez le contrae la piel y toda la savia de su cuerpo se va al aire. Solo le quedan la voz y los huesos: la voz permanece; los huesos, dicen, tomaron la forma de una piedra. [Desde entonces se esconde en los bosques y no se la ve en ningún monte; todos la oyen: es el sonido lo que vive en ella.]
vv. 402-406Así había burlado él a esta, así a otras ninfas nacidas en las aguas o en los montes, así antes a grupos de hombres. Por eso uno de los despreciados, alzando las manos al cielo, había dicho: «¡Ojalá ame así él también y así no consiga lo que ama!». La Ramnusia asintió a sus justas súplicas.
vv. 407-412Había una fuente sin limo, plateada, de aguas brillantes, que ni los pastores ni las cabras que pacen en el monte ni ningún otro ganado habían tocado, que ningún ave ni fiera había enturbiado, ni rama alguna caída de un árbol. Alrededor había hierba, que alimentaba la humedad cercana, y un bosque que no permitiría que el lugar se calentara con ningún sol.
vv. 413-419Aquí el muchacho, cansado por el afán de cazar y por el calor, se tumbó, atraído por el aspecto del lugar y por la fuente. [Y, mientras desea calmar su sed, nació en él otra sed.] Y, mientras bebe, arrebatado por la imagen de la belleza que ve [ama una esperanza sin cuerpo: cree que es cuerpo lo que es agua], se queda pasmado ante sí mismo y permanece inmóvil con el mismo semblante, como una estatua esculpida en mármol de Paros.
vv. 420-426Tumbado en el suelo, contempla dos estrellas, sus propios ojos, y unos cabellos dignos de Baco, dignos también de Apolo, y sus mejillas imberbes, su cuello de marfil, la belleza de su rostro y el rubor mezclado con una blancura de nieve, y admira todo aquello por lo que él mismo es admirable. Se desea sin saberlo, y quien da su aprecio es él mismo el apreciado; mientras corteja, es cortejado, y a la vez enciende y arde.
vv. 427-436¡Cuántas veces dio vanos besos a la engañosa fuente! ¡Cuántas veces hundió en medio de las aguas los brazos para atrapar el cuello que veía, y no se atrapa a sí mismo en ellas! No sabe qué ve, pero lo que ve lo abrasa, y el mismo error que engaña sus ojos los excita. Crédulo, ¿por qué intentas atrapar en vano imágenes fugaces? Lo que buscas no está en ninguna parte; lo que amas, si te das la vuelta, lo perderás. Eso que ves es la sombra de una imagen reflejada: no tiene nada propio; contigo viene y contigo se queda, contigo se irá, si es que tú pudieras irte.
vv. 437-447Ni el deseo de los dones de Ceres ni el de descanso pueden apartarlo de allí, sino que, tendido sobre la hierba sombría, contempla con mirada insaciable la figura engañosa y perece él mismo por sus propios ojos; e, incorporándose un poco y tendiendo los brazos hacia los bosques que lo rodean, dice: «¿Hubo alguien, oh bosques, que amara de forma más cruel? Vosotros lo sabéis, pues habéis sido para muchos un escondite oportuno. ¿Recordáis, en tan largo tiempo, ya que los siglos de vuestra vida son tantos, a alguien que se haya consumido así? Me gusta y lo veo; pero lo que veo y me gusta no lo encuentro, sin embargo: tan gran error tiene preso al amante.
Versos 448-501
448Quoque magis doleam, nec nos mare separat ingens,
449nec via nec montes nec clausis moenia portis:
450exigua prohibemur aqua. Cupit ipse teneri:
451nam quotiens liquidis porreximus oscula lymphis,
452hic totiens ad me resupino nititur ore.
453Posse putes tangi: minimum est, quod amantibus obstat.
454Quisquis es, huc exi! quid me, puer unice, fallis,
455quove petitus abis? certe nec forma nec aetas
456est mea quam fugias, et amarunt me quoque nymphae.
457Spem mihi nescio quam vultu promittis amico,
458cumque ego porrexi tibi bracchia, porrigis ultro:
459cum risi, adrides; lacrimas quoque saepe notavi
460me lacrimante tuas, nutu quoque signa remittis,
461et quantum motu formosi suspicor oris,
462verba refers aures non pervenientia nostras.
463Iste ego sum: sensi, nec me mea fallit imago.
464Uror amore mei, flammas moveoque feroque.
465Quid faciam? roger, anne rogem? quid deinde rogabo?
466quod cupio mecum est: inopem me copia fecit.
467O utinam a nostro secedere corpore possem!
468Votum in amante novum: vellem quod amamus abesset! —
469Iamque dolor vires adimit, nec tempora vitae
470longa meae superant, primoque exstinguor in aevo.
471Nec mihi mors gravis est posituro morte dolores:
472hic, qui diligitur, vellem diuturnior esset.
473Nunc duo concordes anima moriemur in una.”
474Dixit et ad faciem rediit male sanus eandem
475et lacrimis turbavit aquas, obscuraque moto
476reddita forma lacu est. Quam cum vidisset abire,
477“quo refugis? remane, nec me, crudelis, amantem
478desere!” clamavit: “liceat, quod tangere non est,
479adspicere et misero praebere alimenta furori.”
480Dumque dolet, summa vestem deduxit ab ora
481nudaque marmoreis percussit pectora palmis.
482Pectora traxerunt tenuem percussa ruborem,
483non aliter quam poma solent, quae candida parte,
484parte rubent, aut ut variis solet uva racemis
485ducere purpureum nondum matura colorem.
486Quae simul adspexit liquefacta rursus in unda,
487non tulit ulterius, sed ut intabescere flavae
488igne levi cerae matutinaeque pruinae
489sole tepente solent, sic attenuatus amore
490liquitur et tecto paulatim carpitur igni.
491Et neque iam color est mixto candore rubori,
492nec vigor et vires et quae modo visa placebant,
493nec corpus remanet, quondam quod amaverat Echo.
494Quae tamen ut vidit, quamvis irata memorque,
495indoluit, quotiensque puer miserabilis “eheu”
496dixerat, haec resonis iterabat vocibus “eheu”;
497cumque suos manibus percusserat ille lacertos,
498haec quoque reddebat sonitum plangoris eundem.
499Ultima vox solitam fuit haec spectantis in undam,
500“heu frustra dilecte puer!” totidemque remisit
501verba locus, dictoque vale “vale!” inquit et Echo.
vv. 448-453Y, para que sufra más, no nos separa un mar inmenso, ni un camino, ni montes, ni murallas de puertas cerradas: nos lo impide un poco de agua. Él mismo desea ser abrazado: pues cuantas veces acerqué mis besos al agua cristalina, otras tantas se esfuerza él hacia mí con la boca vuelta hacia arriba. Creerías que se le puede tocar: es mínimo lo que se interpone entre los amantes.
vv. 454-462¡Quienquiera que seas, sal aquí! ¿Por qué me engañas, muchacho sin igual, o adónde te vas cuando te busco? Ciertamente, ni mi belleza ni mi edad son de las que se huyen, y también a mí me amaron las ninfas. Con tu rostro amistoso me prometes no sé qué esperanza y, cuando te he tendido los brazos, tú me tiendes los tuyos; cuando he sonreído, me sonríes; también he notado a menudo tus lágrimas cuando yo lloraba; me devuelves también las señales con un gesto y, por lo que sospecho por el movimiento de tu hermosa boca, me respondes palabras que no llegan a mis oídos.
vv. 463-468¡Ese soy yo! Me he dado cuenta, y mi imagen no me engaña. Ardo de amor por mí mismo: provoco las llamas y las sufro. ¿Qué puedo hacer? ¿Dejarme rogar o rogar yo? ¿Y qué rogaré después? Lo que deseo está conmigo: la abundancia me ha hecho pobre. ¡Ojalá pudiera separarme de mi cuerpo! Deseo nuevo en un amante: ¡querría que lo que amo estuviera lejos!
vv. 469-473Y ya el dolor me quita las fuerzas, no me queda mucho tiempo de vida y me apago en la flor de la edad. Y no me pesa la muerte, pues con la muerte dejaré mis dolores; querría que este a quien amo viviera más tiempo. Ahora moriremos los dos, unidos en una sola alma».
vv. 474-479Dijo y, fuera de sí, volvió a contemplar el mismo rostro y enturbió el agua con sus lágrimas, y, al agitarse el estanque, la figura se volvió oscura. Cuando la vio alejarse, gritó: «¿Adónde huyes? ¡Quédate y no abandones, cruel, a quien te ama! Que se me permita mirar lo que no puedo tocar y dar alimento a mi desdichada locura».
vv. 480-485Y, mientras se lamenta, se bajó la túnica desde el borde de arriba y se golpeó el pecho desnudo con sus palmas de mármol. El pecho, golpeado, tomó un tenue rubor, no de otro modo que suelen las manzanas, que en parte son blancas y en parte rojas, o como la uva, aún no madura, suele tomar un color purpúreo en sus racimos de varios tonos.
vv. 486-493En cuanto vio esto en el agua, otra vez límpida, no lo soportó más, sino que, como suelen derretirse la cera amarilla con un fuego suave y la escarcha de la mañana con el sol tibio, así, consumido por el amor, se deshace y poco a poco lo devora un fuego oculto. Y ya no tiene el color del rubor mezclado con la blancura, ni el vigor ni las fuerzas, ni lo que poco antes, al verlo, le agradaba, ni le queda el cuerpo que un día había amado Eco.
vv. 494-501Ella, sin embargo, cuando lo vio, aunque airada y sin olvidar, sintió dolor, y cuantas veces el desdichado muchacho decía «¡Ay!», ella repetía con su voz resonante «¡Ay!»; y cuando él se golpeaba los brazos con las manos, ella devolvía también el mismo sonido de los golpes. Estas fueron sus últimas palabras, mientras miraba en el agua de siempre: «¡Ay, muchacho amado en vano!», y el lugar devolvió otras tantas palabras; y, cuando dijo «¡Adiós!», también Eco dijo «¡Adiós!».
Versos 502-510
502Ille caput viridi fessum submisit in herba;
503lumina mors clausit domini mirantia formam.
504Tunc quoque se, postquam est inferna sede receptus,
505in Stygia spectabat aqua. Planxere sorores
506naides et sectos fratri posuere capillos,
507planxerunt dryades: plangentibus adsonat Echo.
508Iamque rogum quassasque faces feretrumque parabant:
509nusquam corpus erat; croceum pro corpore florem
510inveniunt, foliis medium cingentibus albis.
vv. 502-510Él dejó caer su cabeza cansada sobre la hierba verde; la muerte cerró los ojos que admiraban la belleza de su dueño. Incluso entonces, después de ser recibido en la morada infernal, se contemplaba en el agua de la Estigia. Lo lloraron golpeándose el pecho sus hermanas las náyades y ofrecieron a su hermano sus cabellos cortados; lo lloraron las dríades: Eco responde a sus llantos. Y ya preparaban la pira, las antorchas agitadas y el féretro: el cuerpo no estaba en ninguna parte; en lugar del cuerpo encuentran una flor de color azafrán, con pétalos blancos que rodean su centro.
6Píramo y TisbeMet. IV, 53-166
Personajes
Píramo, el joven más hermoso; Tisbe, la muchacha más destacada de Oriente; sus padres; una leona. La historia la cuenta una de las hijas de Minias (las Miníades), que tejen mientras rechazan celebrar el culto de Baco.
Resumen
Píramo y Tisbe viven en casas contiguas en Babilonia, la ciudad que Semíramis rodeó de murallas de ladrillo. Se enamoran, pero sus padres les prohíben casarse. Se comunican por señas y por una grieta del muro que separa las dos casas, al que reprochan que los separe y agradecen que les deje hablar. Deciden escapar de noche y encontrarse junto a la tumba de Nino, bajo un árbol cargado de frutos blancos, una morera, cerca de una fuente. Tisbe llega primero, cubierta con un velo. Aparece una leona con el hocico manchado de sangre de unos bueyes, que va a beber a la fuente. Tisbe huye a una cueva y pierde el velo, que la leona desgarra con la boca ensangrentada. Píramo llega más tarde, ve las huellas de la fiera y el velo manchado de sangre, cree que Tisbe ha muerto por su culpa y se clava la espada. La sangre salta hacia arriba como el agua de una tubería de plomo rota, y salpica y tiñe de oscuro los frutos de la morera, regada además por la raíz. Tisbe vuelve y duda si es el mismo árbol por el cambio de color; encuentra a Píramo moribundo, que abre los ojos al oír el nombre de Tisbe y vuelve a cerrarlos. Tisbe decide morir con él: pide a los padres que los entierren en la misma tumba y al árbol que conserve frutos oscuros en señal de duelo. Se clava la misma espada. Los dioses y los padres atienden sus ruegos: los frutos de la morera son oscuros cuando maduran y sus cenizas reposan en una misma urna.
Metamorfosis
Los frutos de la morera cambian de blanco a rojo oscuro (púrpura).
Explicación etiológica
Por qué las moras maduras son de color oscuro.
Temas
El amor juvenil prohibido por los padres; el malentendido trágico; la muerte por amor; la fidelidad más allá de la muerte; la unión de los amantes en la tumba.
Claves para la PAU
Babilonia (murallas de Semíramis); la grieta en la pared; la tumba de Nino; la morera de frutos blancos; la leona; el velo; la sangre que tiñe las moras; la misma urna.
Pervivencia
Es el precedente de Romeo y Julieta de Shakespeare, que además parodia la historia en la representación de los artesanos de El sueño de una noche de verano. Literatura española: Luis de Góngora, Fábula de Píramo y Tisbe (1618), en clave burlesca; Cristóbal de Castillejo y Jorge de Montemayor también la versionaron. Pintura: Hans Baldung Grien, Píramo y Tisbe (c. 1530, Berlín); Nicolas Poussin, Paisaje con Píramo y Tisbe (1651, Städel Museum, Fráncfort).
Texto latino y traducción (Met. IV, 53-166)
Versos 53-104
53Hoc placet, hanc, quoniam vulgaris fabula non est,
54talibus orsa modis, lana sua fila sequente:
55“Pyramus et Thisbe, iuvenum pulcherrimus alter,
56altera, quas oriens habuit, praelata puellis,
57contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam
58coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.
59Notitiam primosque gradus vicinia fecit:
60tempore crevit amor. Taedae quoque iure coissent:
61sed vetuere patres. Quod non potuere vetare,
62ex aequo captis ardebant mentibus ambo.
63Conscius omnis abest: nutu signisque loquuntur,
64quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.
65Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,
66cum fieret paries domui communis utrique.
67Id vitium nulli per saecula longa notatum
68(quid non sentit amor?) primi vidistis amantes,
69et vocis fecistis iter; tutaeque per illud
70murmure blanditiae minimo transire solebant.
71Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,
72inque vices fuerat captatus anhelitus oris,
73“invide” dicebant “paries, quid amantibus obstas?
74quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi,
75aut hoc si nimium est, vel ad oscula danda pateres?
76Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,
77quod datus est verbis ad amicas transitus aures.”
78Talia diversa nequiquam sede locuti
79sub noctem dixere “vale” partique dedere
80oscula quisque suae non pervenientia contra.
81Postera nocturnos aurora removerat ignes,
82solque pruinosas radiis siccaverat herbas:
83ad solitum coiere locum. Tum murmure parvo
84multa prius questi, statuunt, ut nocte silenti
85fallere custodes foribusque excedere temptent,
86cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant;
87neve sit errandum lato spatiantibus arvo,
88conveniant ad busta Nini lateantque sub umbra
89arboris. Arbor ibi, niveis uberrima pomis
90ardua morus, erat, gelido contermina fonti.
91Pacta placent. Et lux, tarde discedere visa,
92praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.
93Callida per tenebras versato cardine Thisbe
94egreditur fallitque suos, adopertaque vultum
95pervenit ad tumulum, dictaque sub arbore sedit.
96Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti
97caede leaena boum spumantes oblita rictus,
98depositura sitim vicini fontis in unda.
99Quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe
100vidit et obscurum timido pede fugit in antrum,
101dumque fugit, tergo velamina lapsa reliquit.
102Ut lea saeva sitim multa conpescuit unda,
103dum redit in silvas, inventos forte sine ipsa
104ore cruentato tenues laniavit amictus.
vv. 53-58Esta es la que le agrada y, puesto que no es una historia conocida por el pueblo, la empezó de este modo, mientras la lana seguía a su hilo: «Píramo y Tisbe, él el más hermoso de los jóvenes, ella preferida a todas las muchachas que tuvo el Oriente, habitaron casas contiguas, allí donde se dice que Semíramis rodeó de murallas de ladrillo su alta ciudad.
vv. 59-64La vecindad hizo que se conocieran y dio los primeros pasos; con el tiempo creció el amor. Se habrían unido también por el derecho de la antorcha nupcial, pero lo prohibieron sus padres. Lo que no pudieron prohibir es que ambos ardieran por igual, con el corazón cautivo. No hay ningún confidente; se hablan con gestos y señas, y cuanto más se oculta el fuego, más arde oculto.
vv. 65-70La pared común a ambas casas estaba hendida por una fina grieta, que se le había abierto tiempo atrás, cuando la levantaban. Ese defecto, que nadie había advertido durante largos siglos (¿qué no percibe el amor?), lo visteis vosotros los primeros, amantes, e hicisteis de él un camino para vuestra voz; y por él solían pasar seguras vuestras palabras tiernas, en un murmullo levísimo.
vv. 71-80A menudo, cuando se habían colocado, Tisbe a este lado y Píramo al otro, y cada uno había captado a su vez el aliento de la boca del otro, decían: “Pared envidiosa, ¿por qué te interpones entre los amantes? ¿Qué te costaba dejar que nos uniéramos con todo el cuerpo o, si eso es demasiado, abrirte al menos para que nos diéramos besos? Pero no somos desagradecidos: reconocemos que te debemos que nuestras palabras tengan paso hasta los oídos amados”. Tras decir tales cosas en vano, cada uno desde su lado, al llegar la noche se dijeron “adiós” y dieron cada uno a su parte de la pared besos que no llegaban al otro lado.
vv. 81-90La aurora siguiente había apartado los fuegos nocturnos y el sol había secado con sus rayos la hierba cubierta de escarcha: se reunieron en el lugar de costumbre. Entonces, después de quejarse mucho primero en un leve murmullo, deciden intentar, en el silencio de la noche, burlar a los guardianes y salir por la puerta y, una vez fuera de casa, dejar también atrás los edificios de la ciudad; y, para no tener que andar perdidos vagando por el ancho campo, reunirse junto a la tumba de Nino y esconderse bajo la sombra de un árbol. Había allí un árbol, un alto moral cargadísimo de frutos blancos como la nieve, vecino de una fuente fría.
vv. 91-98El acuerdo les agrada. Y la luz, que les pareció tardar en marcharse, se precipita en las aguas, y de esas mismas aguas sale la noche. Astuta, Tisbe hace girar el gozne en la oscuridad, sale, burla a los suyos y, con el rostro cubierto, llega a la tumba y se sienta bajo el árbol convenido. El amor la hacía audaz. Y he aquí que llega una leona, con las fauces espumantes manchadas por la reciente matanza de unos bueyes, para saciar su sed en el agua de la fuente cercana.
vv. 99-104La babilonia Tisbe la vio de lejos, a la luz de la luna, y con pie temeroso huyó a una cueva oscura y, mientras huía, se le cayó el velo de la espalda y lo dejó atrás. Cuando la feroz leona hubo calmado su sed con mucha agua, al volver a los bosques encontró por casualidad el fino manto sin su dueña y lo desgarró con la boca ensangrentada.
Versos 105-153
105Serius egressus vestigia vidit in alto
106pulvere certa ferae totoque expalluit ore
107Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam
108repperit, “una duos” inquit “nox perdet amantes.
109E quibus illa fuit longa dignissima vita,
110nostra nocens anima est: ego te, miseranda, peremi,
111in loca plena metus qui iussi nocte venires,
112nec prior huc veni. Nostrum divellite corpus,
113et scelerata fero consumite viscera morsu,
114o quicumque sub hac habitatis rupe, leones.
115Sed timidi est optare necem.” Velamina Thisbes
116tollit et ad pactae secum fert arboris umbram;
117utque dedit notae lacrimas, dedit oscula vesti,
118“accipe nunc” inquit “nostri quoque sanguinis haustus!”
119quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,
120nec mora, ferventi moriens e vulnere traxit.
121Ut iacuit resupinus humo: cruor emicat alte,
122non aliter quam cum vitiato fistula plumbo
123scinditur et tenui stridente foramine longas
124eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.
125Arborei fetus adspergine caedis in atram
126vertuntur faciem, madefactaque sanguine radix
127purpureo tingit pendentia mora colore.
128Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,
129illa redit iuvenemque oculis animoque requirit,
130quantaque vitarit narrare pericula gestit.
131Utque locum et visa cognoscit in arbore formam,
132sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.
133Dum dubitat, tremebunda videt pulsare cruentum
134membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo
135pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,
136quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.
137Sed postquam remorata suos cognovit amores,
138percutit indignos claro plangore lacertos,
139et laniata comas amplexaque corpus amatum
140vulnera supplevit lacrimis fletumque cruori
141miscuit et gelidis in vultibus oscula figens
142“Pyrame” clamavit “quis te mihi casus ademit?
143Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe
144nominat: exaudi vultusque attolle iacentes!”
145Ad nomen Thisbes oculos iam morte gravatos
146Pyramus erexit, visaque recondidit illa.
147Quae postquam vestemque suam cognovit et ense
148vidit ebur vacuum, “tua te manus” inquit “amorque
149perdidit, infelix. Est et mihi fortis in unum
150hoc manus, est et amor: dabit hic in vulnera vires.
151Persequar exstinctum letique miserrima dicar
152causa comesque tui; quique a me morte revelli
153heu sola poteras, poteris nec morte revelli.
vv. 105-114Píramo, que había salido más tarde, vio en el polvo espeso huellas inequívocas de la fiera y palideció en todo su rostro; y cuando encontró también el vestido teñido de sangre, dijo: “Una sola noche perderá a dos amantes. De ellos, ella era la más digna de una larga vida; mía es el alma culpable: yo te he matado, desdichada, yo que te mandé venir de noche a lugares llenos de peligro y no llegué aquí el primero. ¡Despedazad mi cuerpo y devorad con fiero mordisco mis entrañas criminales, oh leones, todos los que habitáis bajo esta roca!
vv. 115-120Pero desear la muerte es de cobardes”. Recoge el velo de Tisbe y lo lleva consigo a la sombra del árbol convenido; y, después de dar lágrimas y besos a la prenda conocida, dice: “¡Recibe ahora también un trago de mi sangre!”. Y hundió en sus ijares el hierro que llevaba ceñido y, sin tardar, moribundo, lo sacó de la herida hirviente.
vv. 121-127Cuando quedó tendido boca arriba en el suelo, la sangre salta a lo alto, no de otro modo que cuando una tubería de plomo defectuoso se rompe y, por un estrecho agujero que silba, lanza largos chorros de agua y rasga el aire con sus golpes. Los frutos del árbol, salpicados por la sangre, se vuelven de color negro, y la raíz, empapada de sangre, tiñe de color púrpura las moras que cuelgan.
vv. 128-136Y he aquí que, sin haberse librado aún del miedo, para no defraudar a su amante, ella vuelve, busca al joven con los ojos y con el corazón, y está deseando contarle de cuántos peligros se ha salvado. Y aunque reconoce el lugar y la forma del árbol que ve, el color del fruto la deja insegura: duda si es este. Mientras vacila, ve unos miembros que, palpitantes, golpean el suelo ensangrentado; retrocedió y, con el rostro más pálido que el boj, se estremeció como el mar, que tiembla cuando una leve brisa roza su superficie.
vv. 137-144Pero cuando, tras detenerse un momento, reconoció a su amado, se golpea con sonoras palmadas de duelo los brazos, que no lo merecían, y, arrancándose los cabellos y abrazando el cuerpo amado, llenó de lágrimas las heridas, mezcló su llanto con la sangre e, imprimiendo besos en el rostro helado, gritó: “Píramo, ¿qué desgracia te ha arrebatado de mi lado? ¡Píramo, responde! Es tu queridísima Tisbe quien te llama: ¡escúchame y levanta tu rostro caído!”.
vv. 145-153Al oír el nombre de Tisbe, Píramo alzó los ojos, ya pesados por la muerte, y, después de verla, los volvió a cerrar. Ella, cuando reconoció su propio velo y vio la vaina de marfil vacía de la espada, dijo: “Tu mano y tu amor te han perdido, desdichado. También yo tengo una mano fuerte para esto solo, también tengo amor: él me dará fuerzas para herirme. Te seguiré en la muerte y dirán de mí que fui la desdichadísima causa y compañera de tu muerte; y tú, que, ¡ay!, solo por la muerte podías ser arrancado de mí, ni siquiera por la muerte podrás ser arrancado.
Versos 154-166
154Hoc tamen amborum verbis estote rogati,
155o multum miseri meus illiusque parentes,
156ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit,
157conponi tumulo non invideatis eodem.
158At tu quae ramis arbor miserabile corpus
159nunc tegis unius, mox es tectura duorum,
160signa tene caedis pullosque et luctibus aptos
161semper habe fetus, gemini monimenta cruoris.”
162Dixit, et aptato pectus mucrone sub imum
163incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.
164Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes:
165nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,
166quodque rogis superest, una requiescit in urna.”
vv. 154-161Con todo, oh padres míos y suyos, tan desdichados, os pido esto en nombre de los dos: que a quienes unió un amor seguro, a quienes unió la hora postrera, no les neguéis ser enterrados en una misma tumba. Y tú, árbol, que ahora cubres con tus ramas el cuerpo digno de lástima de uno solo y pronto cubrirás los de dos, conserva las señales de esta muerte y ten siempre frutos oscuros, propios del luto, en recuerdo de la sangre de los dos”.
vv. 162-166Dijo esto y, apoyando la punta bajo lo más hondo del pecho, se dejó caer sobre el hierro, que aún estaba tibio de la otra muerte. Sus súplicas, sin embargo, conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres: pues el color del fruto, cuando ha madurado del todo, es negro, y lo que queda de sus piras descansa en una sola urna».
7Ceres y ProserpinaMet. V, 341-571
Personajes
Calíope, la musa que canta la historia; Ceres, diosa de la agricultura; Proserpina, su hija; Dis (Plutón), dios de los infiernos; Venus y Cupido; la ninfa Cíane; un muchacho insolente, sin nombre en Ovidio, y una anciana; la ninfa Aretusa; Júpiter; Ascálafo; las Sirenas, hijas de Aqueloo.
Contexto
Las Musas cuentan a Minerva el certamen de canto que tuvieron con las Piérides, las nueve hijas de Píero que las desafiaron. En nombre de las Musas canta Calíope, y su canto es este mito.
Resumen
Calíope empieza alabando a Ceres, la primera que aró la tierra y dio leyes. El gigante Tifeo está aplastado bajo Sicilia y sus sacudidas hacen temer al rey de los muertos que la tierra se abra y entre la luz en su reino; Dis sale a revisar los cimientos de la isla. Venus, desde el monte Érice, decide extender su poder también al mundo subterráneo y pide a Cupido que hiera a Dis con su flecha; además, le recuerda que Proserpina, si nadie lo impide, seguirá virgen como Palas y Diana. Junto al lago Pérgusa, cerca de Henna, Proserpina recoge flores con sus compañeras; Dis la ve, se enamora y la rapta en su carro. La ninfa Cíane intenta impedírselo, pero Dis abre la tierra con su cetro y baja al Tártaro; Cíane, desconsolada, se deshace en lágrimas y se convierte en el agua de su propia fuente. Ceres busca a su hija por todas las tierras y mares, con antorchas encendidas en el Etna. Sedienta, pide agua a una anciana; un muchacho se burla de su avidez y la diosa lo convierte en lagarto moteado. Al volver a Sicilia, Cíane, que ya no puede hablar, le muestra en el agua el cinturón de Proserpina. Ceres maldice la tierra, sobre todo Sicilia, y destruye las cosechas. La ninfa Aretusa le cuenta que ha visto a su hija en el mundo subterráneo, triste pero convertida en reina, esposa del soberano de los muertos. Ceres sube al cielo a reclamar ante Júpiter. Este responde que Proserpina podrá volver si no ha probado ningún alimento allá abajo; pero en el jardín de los infiernos había comido siete granos de una granada, y Ascálafo la había visto y la delata. Proserpina lo convierte en búho, ave de mal agüero. Las Sirenas, compañeras de Proserpina, habían pedido alas para buscarla por los mares y son aves con rostro de muchacha. Finalmente Júpiter divide el año en dos partes iguales: Proserpina pasará la mitad con su madre y la otra mitad con su esposo. La diosa recupera la alegría.
Metamorfosis
Cíane → agua de su fuente; el muchacho → lagarto (estelión); Ascálafo → búho; las Sirenas → aves con rostro de muchacha.
Explicación etiológica
El año dividido entre los dos reinos, que tradicionalmente se interpreta como el ciclo de las estaciones y de las cosechas (Ovidio no lo dice expresamente); el origen de varios animales.
Temas
El amor materno y el dolor por la hija perdida; el rapto y el matrimonio; la agricultura y la fertilidad; el poder universal del Amor; el pacto entre dioses; la vida y la muerte.
Claves para la PAU
Canta Calíope; Dis/Plutón; Venus y Cupido provocan el amor; lago Pérgusa y Henna (Sicilia); Cíane; las antorchas del Etna; Aretusa; los siete granos de granada; Ascálafo en búho; el año dividido.
Pervivencia
Escultura: Gian Lorenzo Bernini, El rapto de Proserpina (1621-1622, Galería Borghese, Roma). Pintura: Rubens y taller, El rapto de Proserpina (1636-1637, Museo del Prado); Dante Gabriel Rossetti, Proserpina (1874, Tate Britain). Literatura: Claudiano, De raptu Proserpinae (s. IV); el Himno homérico a Deméter es la versión griega más antigua. Música: Claudio Monteverdi, ópera Proserpina rapita (Venecia, 1630), de la que solo se conserva un fragmento, y Stravinski compuso Perséphone (1934).
Texto latino y traducción (Met. V, 341-571)
Versos 341-394
341“Prima Ceres unco glaebam dimovit aratro,
342prima dedit fruges alimentaque mitia terris,
343prima dedit leges: Cereris sunt omnia munus.
344Illa canenda mihi est. Utinam modo dicere possem
345carmina digna dea: certe dea carmine digna est.
346Vasta giganteis ingesta est insula membris
347Trinacris et magnis subiectum molibus urget
348aetherias ausum sperare Typhoea sedes.
349Nititur ille quidem pugnatque resurgere saepe,
350dextra sed Ausonio manus est subiecta Peloro,
351laeva, Pachyne, tibi, Lilybaeo crura premuntur,
352degravat Aetna caput: sub qua resupinus harenas
353eiectat flammamque ferox vomit ore Typhoeus.
354Saepe remoliri luctatur pondera terrae
355oppidaque et magnos devolvere corpore montes.
356Inde tremit tellus, et rex pavet ipse silentum,
357ne pateat latoque solum retegatur hiatu
358inmissusque dies trepidantes terreat umbras.
359Hanc metuens cladem tenebrosa sede tyrannus
360exierat, curruque atrorum vectus equorum
361ambibat Siculae cautus fundamina terrae.
362Postquam exploratum satis est loca nulla labare,
363depositoque metu, videt hunc Erycina vagantem
364monte suo residens, natumque amplexa volucrem
365“arma manusque meae, mea, nate, potentia”, dixit,
366“illa, quibus superas omnes, cape tela, Cupido,
367inque dei pectus celeres molire sagittas,
368cui triplicis cessit fortuna novissima regni.
369Tu superos ipsumque Iovem tu numina ponti
370victa domas ipsumque, regit qui numina ponti.
371Tartara quid cessant? cur non matrisque tuumque
372imperium profers? agitur pars tertia mundi.
373Et tamen in caelo, quae iam patientia nostra est,
374spernimur, ac mecum vires minuuntur Amoris.
375Pallada nonne vides iaculatricemque Dianam
376abscessisse mihi? Cereris quoque filia virgo,
377si patiemur, erit: nam spes adfectat easdem.
378At tu, pro socio, siqua est ea gratia, regno
379iunge deam patruo.” Dixit Venus. Ille pharetram
380solvit et arbitrio matris de mille sagittis
381unam seposuit, sed qua nec acutior ulla
382nec minus incerta est nec quae magis audiat arcus,
383oppositoque genu curvavit flexile cornum
384inque cor hamata percussit harundine Ditem.
385Haud procul Hennaeis lacus est a moenibus altae,
386nomine Pergus, aquae. Non illo plura Caystros
387carmina cycnorum labentibus audit in undis.
388Silva coronat aquas cingens latus omne, suisque
389frondibus ut velo Phoebeos submovet ictus.
390Frigora dant rami, tyrios humus umida flores:
391perpetuum ver est. Quo dum Proserpina luco
392ludit et aut violas aut candida lilia carpit,
393dumque puellari studio calathosque sinumque
394implet et aequales certat superare legendo,
vv. 341-345«Ceres fue la primera que removió la gleba con el corvo arado, la primera que dio a las tierras los frutos y los alimentos cultivados, la primera que dio leyes: todo es regalo de Ceres. A ella he de cantar yo. ¡Ojalá pudiera entonar cantos dignos de la diosa! Desde luego, la diosa es digna de un canto.
vv. 346-353La vasta isla de Trinacria fue amontonada sobre los miembros de un gigante y oprime, sepultado bajo sus grandes moles, a Tifeo, que osó aspirar a las moradas del cielo. Él, ciertamente, se esfuerza y lucha a menudo por levantarse, pero su mano derecha está sometida al ausonio Peloro; la izquierda, a ti, Paquino; sus piernas las aplasta el Lilibeo; el Etna le agobia la cabeza: tendido boca arriba bajo él, el feroz Tifeo arroja arena y vomita llamas por la boca.
vv. 354-361A menudo forcejea por quitarse de encima el peso de la tierra y por apartar con su cuerpo ciudades y grandes montes. Por eso tiembla la tierra, y hasta el propio rey de los silenciosos teme que el suelo se abra y quede al descubierto por una ancha grieta, y que la luz del día, al entrar, aterre a las sombras temblorosas. Temiendo este desastre, el tirano había salido de su tenebrosa morada y, llevado en un carro de caballos negros, recorría con cautela los cimientos de la tierra sícula.
vv. 362-368Cuando hubo comprobado lo suficiente que ningún lugar se tambaleaba, y ya libre de temor, la diosa ericina, sentada en su monte, lo ve vagando y, abrazando a su hijo alado, le dijo: “Hijo mío, mis armas, mis manos, mi poder: toma, Cupido, esos dardos con los que vences a todos y clava tus rápidas flechas en el pecho del dios a quien tocó el último lote del triple reino.
vv. 369-379Tú dominas a los dioses del cielo y al mismo Júpiter; tú, a las divinidades del mar, vencidas, y al mismo que rige las divinidades del mar. ¿Por qué se queda atrás el Tártaro? ¿Por qué no extiendes el imperio de tu madre y el tuyo? Está en juego la tercera parte del mundo. Y, sin embargo, en el cielo —tanta es ya nuestra paciencia— se nos desprecia, y con mi poder mengua también el de Amor. ¿No ves que Palas y Diana, la cazadora, se me han apartado? También la hija de Ceres será virgen, si lo consentimos, pues alberga las mismas esperanzas. Pero tú, por el reino que compartimos, si es que en algo lo aprecias, une a la diosa con su tío.” Así habló Venus. Él abrió su aljaba
vv. 380-384y, a voluntad de su madre, de entre mil flechas apartó una, pero tal que ninguna era más aguda, ni más certera, ni obedecía mejor al arco; y, doblando con la rodilla el flexible arco de cornejo, y atravesó a Dite en el corazón con la caña de punta ganchuda.
vv. 385-394No lejos de las murallas de Henna hay un lago de aguas profundas llamado Pergo. El Caístro no oye en sus corrientes más cantos de cisnes que él. Un bosque corona las aguas ciñendo todo su contorno y con su follaje, como con un velo, aparta los rayos de Febo. Las ramas dan frescor; la tierra húmeda, flores de púrpura: es una primavera perpetua. Mientras Proserpina juega en este bosque y coge violetas o blancos lirios, y mientras, con afán de niña, llena canastillos y el regazo y compite por superar a sus compañeras recogiendo flores,
Versos 395-445
395paene simul visa est dilectaque raptaque Diti:
396usque adeo est properatus amor. Dea territa maesto
397et matrem et comites, sed matrem saepius, ore
398clamat; et, ut summa vestem laniarat ab ora,
399conlecti flores tunicis cecidere remissis.
400Tantaque simplicitas puerilibus adfuit annis,
401haec quoque virgineum movit iactura dolorem.
402Raptor agit currus et nomine quemque vocando
403exhortatur equos, quorum per colla iubasque
404excutit obscura tinctas ferrugine habenas,
405perque lacus altos et olentia sulphure fertur
406stagna Palicorum, rupta ferventia terra,
407et qua Bacchiadae, bimari gens orta Corintho,
408inter inaequales posuerunt moenia portus.
409Est medium Cyanes et Pisaeae Arethusae,
410quod coit angustis inclusum cornibus aequor.
411Hic fuit, a cuius stagnum quoque nomine dictum est,
412inter Sicelidas Cyane celeberrima nymphas.
413Gurgite quae medio summa tenus exstitit alvo
414agnovitque deam. “Nec longius ibitis!” inquit,
415“non potes invitae Cereris gener esse: roganda,
416non rapienda fuit. Quodsi componere magnis
417parva mihi fas est, et me dilexit Anapis:
418exorata tamen, nec, ut haec, exterrita nupsi.”
419Dixit et in partes diversas bracchia tendens
420obstitit. Haud ultra tenuit Saturnius iram,
421terribilesque hortatus equos in gurgitis ima
422contortum valido sceptrum regale lacerto
423condidit. Icta viam tellus in Tartara fecit
424et pronos currus medio cratere recepit.
425At Cyane, raptamque deam contemptaque fontis
426iura sui maerens, inconsolabile vulnus
427mente gerit tacita lacrimisque absumitur omnis,
428et quarum fuerat magnum modo numen, in illas
429extenuatur aquas. Molliri membra videres,
430ossa pati flexus, ungues posuisse rigorem;
431primaque de tota tenuissima quaeque liquescunt,
432caerulei crines digitique et crura pedesque:
433nam brevis in gelidas membris exilibus undas
434transitus est: post haec umeri tergusque latusque
435pectoraque in tenues abeunt evanida rivos.
436Denique pro vivo vitiatas sanguine venas
437lympha subit, restatque nihil, quod prendere possis.
438Interea pavidae nequiquam filia matri
439omnibus est terris, omni quaesita profundo.
440Illam non udis veniens Aurora capillis
441cessantem vidit, non Hesperus. Illa duabus
442flammiferas pinus manibus succendit ab Aetna
443perque pruinosas tulit inrequieta tenebras.
444Rursus ubi alma dies hebetarat sidera, natam
445solis ab occasu solis quaerebat ad ortus.
vv. 395-401casi a la vez fue vista, amada y raptada por Dite: tanto se precipitó su amor. La diosa, aterrada, llama con voz afligida a su madre y a sus compañeras, pero más a menudo a su madre; y, como se había desgarrado el vestido por el borde superior, las flores recogidas cayeron de la túnica suelta. Y tanta era la inocencia de sus años infantiles que también esta pérdida despertó su dolor de doncella.
vv. 402-408El raptor conduce el carro y anima a los caballos llamando a cada uno por su nombre, y sacude sobre sus cuellos y crines las riendas teñidas de oscura herrumbre; y es llevado a través de lagos profundos y de los estanques de los Palicos, que huelen a azufre y hierven desde la tierra quebrada, y por donde los Baquíadas, linaje nacido en Corinto, la de los dos mares, levantaron sus murallas entre dos puertos desiguales.
vv. 409-418Entre Cíane y la pisea Aretusa hay un brazo de mar que se cierra, encerrado entre estrechos cuernos. Aquí vivía Cíane, la más célebre entre las ninfas sicilianas, de cuyo nombre recibió también el suyo el estanque. Esta surgió del medio del remolino hasta la cintura y reconoció a la diosa. “¡No iréis más lejos!”, dijo. “No puedes ser yerno de Ceres contra su voluntad: había que pedirla, no raptarla. Y si me es lícito comparar lo pequeño con lo grande, también a mí me amó Ánapo; pero me casé tras ser cortejada, no aterrada como esta.”
vv. 419-424Dijo y, extendiendo los brazos hacia uno y otro lado, le cerró el paso. No contuvo más su ira el Saturnio y, azuzando a sus terribles caballos, blandió con brazo vigoroso el cetro real y lo hundió en lo más hondo del remolino. La tierra, golpeada, abrió un camino hacia el Tártaro y recibió en medio del cráter el carro que se precipitaba.
vv. 425-430Pero Cíane, lamentando el rapto de la diosa y el desprecio a los derechos de su fuente, lleva en su mente callada una herida inconsolable, se consume toda en lágrimas y se va disolviendo en aquellas aguas de las que poco antes había sido la gran divinidad. Habrías visto ablandarse sus miembros, volverse flexibles sus huesos, perder sus uñas la dureza;
vv. 431-437y, de todo su cuerpo, lo más delgado es lo primero que se licúa: los cabellos azulados, los dedos, las piernas y los pies; pues para unos miembros tan finos el paso a las gélidas ondas es breve. Después, los hombros, la espalda, el costado y el pecho se desvanecen convertidos en tenues arroyos. Finalmente, en lugar de sangre viva, el agua penetra en sus venas alteradas, y no queda nada que puedas agarrar.
vv. 438-445Entretanto, la madre, angustiada, busca en vano a su hija por todas las tierras y por todo el mar. Ni la Aurora, al llegar con sus cabellos húmedos, la vio descansar, ni tampoco el Héspero. Ella encendió en el Etna, con ambas manos, unas antorchas de pino portadoras de llamas y las llevó, sin descanso, a través de las tinieblas escarchadas. De nuevo, cuando el día nutricio había apagado las estrellas, buscaba a su hija desde el ocaso del sol hasta su orto.
Versos 446-497
446Fessa labore sitim conlegerat oraque nulli
447colluerant fontes; cum tectam stramine vidit
448forte casam parvasque fores pulsavit: at inde
449prodit anus divamque videt, lymphamque roganti
450dulce dedit, tosta quod texerat ante polenta.
451Dum bibit illa datum, duri puer oris et audax
452constitit ante deam risitque avidamque vocavit.
453Offensa est neque adhuc epota parte loquentem
454cum liquido mixta perfudit diva polenta.
455Combibit os maculas, et quae modo bracchia gessit,
456crura gerit; cauda est mutatis addita membris;
457inque brevem formam, ne sit vis magna nocendi,
458contrahitur, parvaque minor mensura lacerta est.
459Mirantem flentemque et tangere monstra parantem
460fugit anum latebramque petit; aptumque colori
461nomen habet, variis stellatus corpora guttis.
462Quas dea per terras et quas erraverit undas,
463dicere longa mora est: quaerenti defuit orbis.
464Sicaniam repetit; dumque omnia lustrat eundo,
465venit et ad Cyanen. Ea ni mutata fuisset,
466omnia narrasset: sed et os et lingua volenti
467dicere non aderant, nec quo loqueretur habebat.
468Signa tamen manifesta dedit notamque parenti,
469illo forte loco delapsam in gurgite sacro,
470Persephones zonam summis ostendit in undis.
471Quam simul agnovit, tamquam tunc denique raptam
472scisset, inornatos laniavit diva capillos
473et repetita suis percussit pectora palmis.
474Nescit adhuc, ubi sit: terras tamen increpat omnes
475ingratasque vocat nec frugum munere dignas,
476Trinacriam ante alias, in qua vestigia damni
477repperit. Ergo illic saeva vertentia glaebas
478fregit aratra manu, parilique irata colonos
479ruricolasque boves leto dedit arvaque iussit
480fallere depositum vitiataque semina fecit.
481Fertilitas terrae latum vulgata per orbem
482falsa iacet: primis segetes moriuntur in herbis,
483et modo sol nimius, nimius modo corripit imber
484sideraque ventique nocent, avidaeque volucres
485semina iacta legunt; lolium tribulique fatigant
486triticeas messes et inexpugnabile gramen.
487Tum caput Eleis Alpheias extulit undis
488rorantesque comas a fronte removit ad aures
489atque ait: “O toto quaesitae virginis orbe
490et frugum genetrix, inmensos siste labores
491neve tibi fidae violenta irascere terrae.
492Terra nihil meruit patuitque invita rapinae.
493Nec sum pro patria supplex: huc hospita veni;
494Pisa mihi patria est et ab Elide ducimus ortus;
495Sicaniam peregrina colo, sed gratior omni
496haec mihi terra solo est: hos nunc Arethusa penates,
497hanc habeo sedem: quam tu, mitissima, serva.
vv. 446-450Agotada por la fatiga, le había entrado sed y ninguna fuente le había humedecido los labios, cuando vio por casualidad una choza cubierta de paja y llamó a su pequeña puerta; de allí sale una anciana, ve a la diosa y, cuando ella le pide agua, le da una bebida dulce que antes había cubierto con harina de cebada tostada.
vv. 451-461Mientras ella bebe lo que le han dado, un muchacho de cara dura y atrevido se plantó delante de la diosa, se rio y la llamó glotona. Ofendida, la diosa roció al que hablaba con lo que aún no se había bebido: la harina mezclada con el líquido. Su cara absorbe las manchas, y lo que hacía poco eran brazos son patas; se añade una cola a sus miembros transformados, y se contrae en una forma diminuta, para que no tenga gran capacidad de hacer daño: su tamaño es menor que el de un pequeño lagarto. Huye de la anciana, que se asombra, llora e intenta tocar al prodigio, y busca un escondrijo; y tiene un nombre adecuado a su color, con el cuerpo estrellado de manchas variadas.
vv. 462-470Contar por qué tierras y por qué mares anduvo errante la diosa sería largo: a la que buscaba le faltó mundo. Vuelve a Sicania y, mientras lo recorre todo a su paso, llega también junto a Cíane. Si esta no hubiera sido transformada, se lo habría contado todo; pero, aunque quería hablar, no tenía boca ni lengua, ni nada con que hablar. Sin embargo, le dio señales claras: muestra sobre la superficie de las aguas el ceñidor de Perséfone, bien conocido por su madre, que por casualidad había caído en aquel lugar, en el sagrado remolino.
vv. 471-480En cuanto lo reconoció, como si entonces por fin supiera que había sido raptada, la diosa se arrancó los cabellos desaliñados y se golpeó una y otra vez el pecho con las palmas. Todavía no sabe dónde está; sin embargo, increpa a todas las tierras, las llama ingratas e indignas del don de las cosechas, y a Trinacria antes que a ninguna, en la que había encontrado las huellas de su pérdida. Así pues, allí rompió con mano cruel los arados que volteaban los terrones, entregó a la muerte, airada, por igual a los campesinos y a los bueyes de labranza, ordenó a los campos que defraudaran lo que se les había confiado y echó a perder las semillas.
vv. 481-486La fertilidad de la tierra, celebrada por todo el ancho mundo, yace desmentida: las mieses mueren cuando apenas despuntan, y unas veces un sol excesivo, otras una lluvia excesiva, las arrasan; los astros y los vientos las dañan, y las aves voraces recogen las semillas sembradas; la cizaña, los abrojos y la grama invencible acosan las cosechas de trigo.
vv. 487-497Entonces la Alfeíade sacó la cabeza de las aguas eleas, se apartó de la frente hacia las orejas los cabellos que goteaban y dijo: “Oh madre de la doncella buscada por todo el mundo, madre también de los frutos, pon fin a tus inmensas fatigas y no te enfurezcas violentamente con la tierra, que te es fiel. La tierra no ha merecido nada y se abrió contra su voluntad para el rapto. Y no suplico por mi patria: vine aquí como extranjera. Pisa es mi patria y de la Élide procedo; habito Sicania como forastera, pero esta tierra me es más grata que cualquier otro suelo: estos son ahora mis penates; yo, Aretusa, tengo aquí mi morada: consérvala tú, bondadosísima.
Versos 498-550
498Mota loco cur sim tantique per aequoris undas
499advehar Ortygiam, veniet narratibus hora
500tempestiva meis, cum tu curaque levata
501et vultus melioris eris. Mihi pervia tellus
502praebet iter, subterque imas ablata cavernas
503hic caput attollo desuetaque sidera cerno.
504Ergo dum Stygio sub terris gurgite labor,
505visa tua est oculis illic Proserpina nostris:
506illa quidem tristis neque adhuc interrita vultu,
507sed regina tamen, sed opaci maxima mundi,
508sed tamen inferni pollens matrona tyranni.”
509Mater ad auditas stupuit ceu saxea voces
510attonitaeque diu similis fuit. Utque dolore
511pulsa gravi gravis est amentia, curribus oras
512exit in aetherias. Ibi toto nubila vultu
513ante Iovem passis stetit invidiosa capillis
514“pro” que “meo veni supplex tibi, Iuppiter” inquit,
515“sanguine proque tuo. Si nulla est gratia matris,
516nata patrem moveat, neu sit tibi cura, precamur,
517vilior illius, quod nostro est edita partu.
518En quaesita diu tandem mihi nata reperta est,
519si reperire vocas amittere certius, aut si
520scire, ubi sit, reperire vocas. Quod rapta, feremus,
521dummodo reddat eam: neque enim praedone marito
522filia digna tua est, si iam mea filia non est.”
523Iuppiter excepit: “Commune est pignus onusque
524nata mihi tecum. Sed si modo nomina rebus
525addere vera placet, non hoc iniuria factum,
526verum amor est; neque erit nobis gener ille pudori,
527tu modo, diva, velis. Ut desint cetera, quantum est
528esse Iovis fratrem! — Quid quod non cetera desunt
529nec cedit nisi sorte mihi? sed tanta cupido
530si tibi discidii est, repetet Proserpina caelum,
531lege tamen certa, si nullos contigit illic
532ore cibos; nam sic Parcarum foedere cautum est.”
533Dixerat. At Cereri certum est educere natam.
534Non ita fata sinunt, quoniam ieiunia virgo
535solverat et, cultis dum simplex errat in hortis,
536Poeniceum curva decerpserat arbore pomum
537sumptaque pallenti septem de cortice grana
538presserat ore suo. Solusque ex omnibus illud
539Ascalaphus vidit, quem quondam dicitur Orphne,
540inter Avernales haud ignotissima nymphas,
541ex Acheronte suo silvis peperisse sub atris:
542vidit et indicio reditum crudelis ademit.
543Ingemuit regina Erebi testemque profanam
544fecit avem, sparsumque caput Phlegethontide lympha
545in rostrum et plumas et grandia lumina vertit.
546Ille sibi ablatus fulvis amicitur in alis,
547inque caput crescit, longosque reflectitur ungues
548vixque movet natas per inertia bracchia pennas:
549foedaque fit volucris, venturi nuntia luctus,
550ignavus bubo, dirum mortalibus omen.
vv. 498-508Por qué me moví de mi lugar y por qué soy llevada a Ortigia a través de las olas de un mar tan grande, ya llegará una hora oportuna para mi relato, cuando estés aliviada de tu pena y tengas mejor semblante. La tierra, abriéndose a mi paso, me ofrece un camino y, llevada bajo las cavernas más profundas, aquí levanto la cabeza y contemplo los astros, que ya no estaba acostumbrada a ver. Así pues, mientras me deslizaba bajo tierra por el remolino estigio, vi allí con mis propios ojos a tu Proserpina: triste, ciertamente, y con el rostro aún no libre de temor, pero reina al fin y al cabo, soberana del mundo de las sombras, poderosa esposa del tirano infernal.”
vv. 509-517Al oír estas palabras, la madre quedó atónita, como de piedra, y durante largo rato pareció fulminada. Y cuando un grave dolor hubo expulsado su grave estupor, sale en su carro hacia las regiones del cielo. Allí, con todo el rostro nublado y los cabellos sueltos, se presentó ante Júpiter llena de reproche y dijo: “Vengo a suplicarte, Júpiter, por mi sangre y por la tuya. Si la madre no te merece ningún favor, que la hija conmueva a su padre; y que no te importe menos ella, te lo ruego, por haber nacido de mi parto.
vv. 518-522Mira: la hija que tanto tiempo he buscado por fin la he encontrado, si a perderla con más certeza lo llamas encontrarla, o si a saber dónde está lo llamas encontrarla. Que la hayan raptado, lo soportaré, con tal de que la devuelva: porque tu hija no merece un bandido por marido, si es que ya no es hija mía.”
vv. 523-532Júpiter replicó: “Nuestra hija es para mí una prenda y una carga que comparto contigo. Pero, si quieres dar a las cosas sus verdaderos nombres, esto no es una afrenta, sino amor; y ese yerno no será para nosotros una vergüenza, con tal de que tú, diosa, lo quieras. Aunque le faltara todo lo demás, ¡qué gran cosa es ser hermano de Júpiter! ¿Y qué decir de que no le falta lo demás y de que no me es inferior más que por el sorteo? Pero, si tan gran deseo tienes de separarlos, Proserpina volverá al cielo, aunque con una condición fija: si allí no ha probado alimento alguno; pues así lo establece el pacto de las Parcas.”
vv. 533-542Así habló. Ceres está decidida a sacar a su hija. No lo permiten así los hados, porque la doncella había roto el ayuno y, mientras paseaba inocente por los cuidados jardines, había arrancado de un árbol encorvado una granada y, tomando siete granos de su pálida corteza, los había exprimido con su boca. Y el único de todos que lo vio fue Ascálafo, a quien, según se dice, Orfne, no la menos conocida entre las ninfas del Averno, había dado a luz de su Aqueronte bajo los negros bosques: lo vio y, cruel, con su delación le arrebató el regreso.
vv. 543-550Gimió la reina del Érebo e hizo del testigo un ave de mal agüero: le roció la cabeza con agua del Flegetonte y la transformó en pico, plumas y grandes ojos. Él, arrancado de sí mismo, se reviste de alas leonadas, se convierte casi todo en cabeza, se le curvan hacia atrás unas largas uñas y apenas mueve las plumas que le han nacido en los brazos inertes: se convierte en un ave repugnante, mensajera del luto que se avecina, el perezoso búho, presagio funesto para los mortales.
Versos 551-571
551Hic tamen indicio poenam linguaque videri
552commeruisse potest: vobis, Acheloides, unde
553pluma pedesque avium, cum virginis ora geratis?
554an quia, cum legeret vernos Proserpina flores,
555in comitum numero, doctae Sirenes, eratis?
556Quam postquam toto frustra quaesistis in orbe,
557protinus, ut vestram sentirent aequora curam,
558posse super fluctus alarum insistere remis
559optastis, facilesque deos habuistis et artus
560vidistis vestros subitis flavescere pennis.
561Ne tamen ille canor mulcendas natus ad aures
562tantaque dos oris linguae deperderet usum,
563virginei vultus et vox humana remansit.
564At medius fratrisque sui maestaeque sororis
565Iuppiter ex aequo volventem dividit annum.
566Nunc dea, regnorum numen commune duorum,
567cum matre est totidem, totidem cum coniuge menses.
568Vertitur extemplo facies et mentis et oris:
569nam modo quae poterat Diti quoque maesta videri,
570laeta deae frons est, ut sol, qui tectus aquosis
571nubibus ante fuit, victis e nubibus exit.
vv. 551-555Puede parecer, sin embargo, que este mereció su castigo por su delación y su lengua; pero vosotras, hijas de Aqueloo, ¿de dónde tenéis las plumas y las patas de ave, si conserváis rostro de doncella? ¿Acaso porque, cuando Proserpina recogía las flores de primavera, estabais en el número de sus compañeras, doctas Sirenas?
vv. 556-563Después de buscarla en vano por todo el mundo, enseguida, para que también los mares sintieran vuestra solicitud, deseasteis poder sosteneros sobre las olas con los remos de unas alas, y encontrasteis propicios a los dioses, y visteis cómo vuestros miembros se doraban de súbitas plumas. Pero, para que aquel canto, nacido para acariciar los oídos, y tan gran don de vuestra voz no perdieran el uso de la lengua, os quedaron el rostro de doncella y la voz humana.
vv. 564-571Pero Júpiter, mediando entre su hermano y su afligida hermana, divide a partes iguales el año que gira. Ahora la diosa, divinidad común de los dos reinos, pasa tantos meses con su madre como con su esposo. Al instante cambia el aspecto de su ánimo y de su rostro: pues la frente de la diosa, que hace poco podía parecer triste incluso a Dite, se muestra alegre, como el sol que, antes oculto por nubes cargadas de agua, sale de entre las nubes vencidas.
8AracneMet. VI, 1-145
Personajes
Palas Minerva (la diosa Tritonia); Aracne, joven de Lidia (Meonia), hija de Idmón de Colofón, tintorero de púrpura; las ninfas del Tmolo y del Pactolo.
Resumen
Minerva, que acaba de oír cómo las Musas castigaron a las Piérides, decide castigar a una mortal que se considera mejor tejedora que ella. Aracne no es famosa por su linaje ni por su patria (vive en la pequeña Hipepa), sino por su arte; las ninfas acuden a admirar sus trabajos. Niega que se lo haya enseñado Palas y la desafía a competir. Minerva se le aparece disfrazada de anciana y le aconseja que pida perdón a la diosa; Aracne la insulta. La diosa se descubre y empieza el certamen. Minerva teje en el centro su disputa con Neptuno por Atenas ante los doce dioses en el Areópago: Neptuno hace brotar agua del suelo con el tridente y ella un olivo, y gana. En las cuatro esquinas pone ejemplos de mortales castigados por desafiar a los dioses (Ródope y Hemo convertidos en montes, la madre de los pigmeos convertida en grulla, Antígona hija de Laomedonte convertida en cigüeña, y Cíniras llorando sobre las gradas del templo que eran sus hijas), y lo rodea con una orla de olivo. Aracne teje los engaños amorosos de los dioses: Júpiter con Europa (como toro), Asteria, Leda (como cisne), Antíope, Alcmena, Dánae (lluvia de oro), Egina, Mnemósine y la hija de Deo; Neptuno, Apolo, Baco y Saturno en otras transformaciones. Lo rodea con flores entrelazadas con hiedra. Ni Palas ni la Envidia pueden encontrar defecto en su obra. La diosa, furiosa, rompe el tapiz y golpea a Aracne en la cabeza con la lanzadera de boj del monte Citoro. Aracne no lo soporta y se ahorca. Palas, compadecida, la levanta y le dice: «Vive, pero cuelga, malvada», y la rocía con el jugo de una hierba de Hécate: se le cae el pelo, la nariz y las orejas, la cabeza se le encoge, los dedos se convierten en patas y el resto es vientre, del que sigue sacando hilo para tejer.
Metamorfosis
Aracne → araña (en griego aráchne).
Explicación etiológica
Por qué las arañas tejen y cuelgan de sus hilos.
Temas
La soberbia (hybris) humana frente a los dioses; el arte y la rivalidad artística; el poder de los dioses y su injusticia (el tapiz de Aracne es perfecto y denuncia los abusos divinos); la venganza divina; la mujer y el trabajo del tejido.
Claves para la PAU
Aracne de Lidia, hija de Idmón; Minerva disfrazada de anciana; tapiz de Minerva = disputa con Neptuno por Atenas (olivo); tapiz de Aracne = los amores y engaños de los dioses; lanzadera; se ahorca; araña.
Pervivencia
Pintura: Diego Velázquez, Las hilanderas o La fábula de Aracne (c. 1655-1660, Museo del Prado), con el tapiz del rapto de Europa al fondo; Rubens, Palas y Aracne (boceto, 1636-1637, Virginia Museum of Fine Arts). Literatura: Dante cita a Aracne en el Purgatorio (canto XII) entre los ejemplos de soberbia castigada.
Texto latino y traducción (Met. VI, 1-145)
Versos 1-49
1Praebuerat dictis Tritonia talibus aures
2carminaque Aonidum iustamque probaverat iram.
3Tum secum “laudare parum est; laudemur et ipsae
4numina nec sperni sine poena nostra sinamus”
5Maeoniaeque animum fatis intendit Arachnes,
6quam sibi lanificae non cedere laudibus artis
7audierat. Non illa loco neque origine gentis
8clara, sed arte fuit. Pater huic Colophonius Idmon
9Phocaico bibulas tingebat murice lanas.
10Occiderat mater; sed et haec de plebe suoque
11aequa viro fuerat. Lydas tamen illa per urbes
12quaesierat studio nomen memorabile, quamvis
13orta domo parva parvis habitabat Hypaepis.
14Huius ut adspicerent opus admirabile, saepe
15deseruere sui nymphae vineta Timoli,
16deseruere suas nymphae Pactolides undas.
17Nec factas solum vestes spectare iuvabat;
18tum quoque, cum fierent: tantus decor adfuit arti.
19Sive rudem primos lanam glomerabat in orbes,
20seu digitis subigebat opus repetitaque longo
21vellera mollibat nebulas aequantia tractu,
22sive levi teretem versabat pollice fusum,
23seu pingebat acu, scires a Pallade doctam.
24Quod tamen ipsa negat, tantaque offensa magistra
25“certet” ait “mecum: nihil est, quod victa recusem.”
26Pallas anum simulat falsosque in tempora canos
27addit et infirmos, baculo quos sustinet, artus.
28Tum sic orsa loqui: “Non omnia grandior aetas,
29quae fugiamus, habet: seris venit usus ab annis.
30Consilium ne sperne meum. Tibi fama petatur
31inter mortales faciendae maxima lanae:
32cede deae veniamque tuis, temeraria, dictis
33supplice voce roga: veniam dabit illa roganti.”
34Adspicit hanc torvis inceptaque fila relinquit,
35vixque manum retinens confessaque vultibus iram
36talibus obscuram resecuta est Pallada dictis:
37“Mentis inops longaque venis confecta senecta.
38Et nimium vixisse diu nocet. Audiat istas,
39siqua tibi nurus est, siqua est tibi filia, voces.
40Consilii satis est in me mihi. Neve monendo
41profecisse putes, eadem est sententia nobis.
42Cur non ipsa venit? cur haec certamina vitat?”
43Tum dea “venit” ait, formamque removit anilem
44Palladaque exhibuit. Venerantur numina nymphae
45Mygdonidesque nurus: sola est non territa virgo.
46Sed tamen erubuit, subitusque invita notavit
47ora rubor rursusque evanuit, ut solet aer
48purpureus fieri, cum primum aurora movetur,
49et breve post tempus candescere solis ab ortu.
vv. 1-7La Tritonia había prestado oídos a tales palabras y había aprobado los cantos de las Aónides y su justa cólera. Entonces piensa para sí: «Alabar es poco; seamos alabadas también nosotras y no permitamos que nuestra divinidad sea despreciada sin castigo», y vuelve su atención hacia el destino de Aracne de Meonia, de quien había oído que no le cedía en la gloria del arte de trabajar la lana.
vv. 8-13No fue ella famosa por su lugar ni por el origen de su linaje, sino por su arte. Su padre, Idmón de Colofón, teñía con púrpura de Focea las lanas, que la embebían. Su madre había muerto; pero también ella era del pueblo e igual a su marido. Aracne, sin embargo, se había ganado con su dedicación un nombre memorable por las ciudades de Lidia, aunque, nacida en una casa humilde, vivía en la humilde Hipepa.
vv. 14-18Para contemplar su admirable trabajo, a menudo las ninfas abandonaron los viñedos de su Tmolo, las ninfas del Pactolo abandonaron sus aguas. Y no solo daba gusto ver los tejidos terminados, sino también mientras se hacían: tanta gracia había en su arte.
vv. 19-25Ya enrollara la lana en bruto formando los primeros ovillos, ya la trabajara con los dedos y ablandara, estirándolos largamente, los vellones una y otra vez retomados, semejantes a nubes, ya hiciera girar con ágil pulgar el huso torneado, ya bordara con la aguja, se diría que la había enseñado Palas. Ella, sin embargo, lo niega y, ofendida por una maestra tan grande, dice: «Que compita conmigo: si me vence, no hay nada que me niegue a sufrir».
vv. 26-33Palas finge ser una anciana, se pone canas falsas en las sienes y se añade también unos miembros débiles, que sostiene con un bastón. Entonces empezó a hablar así: «No todo lo que trae la edad avanzada es para rehuirlo: con los años tardíos llega la experiencia. No desprecies mi consejo. Aspira a tener entre los mortales la mayor fama en el trabajo de la lana, pero cede ante la diosa y pídele perdón, temeraria, por tus palabras con voz suplicante: ella te lo concederá si se lo pides».
vv. 34-42Aracne la mira con ojos torvos, deja los hilos empezados y, conteniendo a duras penas la mano y mostrando la ira en su rostro, respondió con estas palabras a Palas disfrazada: «Vienes falta de juicio y consumida por una larga vejez; vivir demasiado tiempo también perjudica. Que escuche esas palabras tu nuera, si tienes alguna, o tu hija, si tienes alguna. Yo tengo en mí consejo suficiente. Y, para que no creas que has conseguido algo con tus advertencias, sigo pensando lo mismo. ¿Por qué no viene ella misma? ¿Por qué evita este certamen?».
vv. 43-49Entonces la diosa dice: «Ya ha venido», se quitó la figura de anciana y se mostró como Palas. Las ninfas y las mujeres migdonias veneran a la divinidad; solo la doncella no se asustó. Pero, aun así, se sonrojó: un rubor repentino le tiñó el rostro contra su voluntad y de nuevo se desvaneció, como suele el cielo volverse purpúreo en cuanto se pone en marcha la aurora y, poco después, blanquear con la salida del sol.
Versos 50-102
50Perstat in incepto stolidaeque cupidine palmae
51in sua fata ruit: neque enim Iove nata recusat,
52nec monet ulterius, nec iam certamina differt.
53Haud mora, constituunt diversis partibus ambae
54et gracili geminas intendunt stamine telas
55(tela iugo iuncta est, stamen secernit harundo);
56inseritur medium radiis subtemen acutis,
57quod digiti expediunt, atque inter stamina ductum
58percusso paviunt insecti pectine dentes.
59Utraque festinant cinctaeque ad pectora vestes
60bracchia docta movent, studio fallente laborem.
61Illic et Tyrium quae purpura sensit aenum
62texitur et tenues parvi discriminis umbrae,
63qualis ab imbre solet percussis solibus arcus
64inficere ingenti longum curvamine caelum:
65in quo diversi niteant cum mille colores,
66transitus ipse tamen spectantia lumina fallit;
67usque adeo quod tangit idem est, tamen ultima distant.
68Illic et lentum filis inmittitur aurum
69et vetus in tela deducitur argumentum.
70Cecropia Pallas scopulum Mavortis in arce
71pingit et antiquam de terrae nomine litem.
72Bis sex caelestes medio Iove sedibus altis
73augusta gravitate sedent. Sua quemque deorum
74inscribit facies: Iovis est regalis imago.
75Stare deum pelagi longoque ferire tridente
76aspera saxa facit, medioque e vulnere saxi
77exsiluisse fretum, quo pignore vindicet urbem;
78at sibi dat clipeum, dat acutae cuspidis hastam,
79dat galeam capiti, defenditur aegide pectus,
80percussamque sua simulat de cuspide terram
81edere cum bacis fetum canentis olivae
82mirarique deos: operis Victoria finis.
83Ut tamen exemplis intellegat aemula laudis,
84quod pretium speret pro tam furialibus ausis,
85quattuor in partes certamina quattuor addit,
86clara colore suo, brevibus distincta sigillis.
87Threiciam Rhodopen habet angulus unus et Haemum
88(nunc gelidi montes, mortalia corpora quondam!),
89nomina summorum sibi qui tribuere deorum.
90Altera Pygmaeae fatum miserabile matris
91pars habet: hanc Iuno victam certamine iussit
92esse gruem populisque suis indicere bella.
93Pinxit et Antigonen ausam contendere quondam
94cum magni consorte Iovis, quam regia Iuno
95in volucrem vertit; nec profuit Ilion illi
96Laomedonve pater, sumptis quin candida pennis
97ipsa sibi plaudat crepitante ciconia rostro.
98Qui superest solus, Cinyran habet angulus orbum;
99isque gradus templi, natarum membra suarum,
100amplectens saxoque iacens lacrimare videtur.
101Circuit extremas oleis pacalibus oras:
102is modus est, operisque sua facit arbore finem.
vv. 50-58Persiste en su empeño y, por el deseo de una necia victoria, se precipita hacia su perdición; pues la hija de Júpiter ni lo rechaza, ni le da más consejos, ni aplaza ya el certamen. Sin demora, ambas se colocan en lugares separados y tensan dos telares con una fina urdimbre (la tela está sujeta al travesaño, la caña separa los hilos de la urdimbre); se introduce por en medio la trama con las puntiagudas lanzaderas, que los dedos hacen pasar, y, una vez llevada entre los hilos de la urdimbre, la aprietan los dientes tallados del peine al batirlo.
vv. 59-69Ambas se apresuran y, con los vestidos ceñidos al pecho, mueven sus brazos expertos, mientras el entusiasmo les hace olvidar la fatiga. Allí se teje la púrpura que conoció el caldero de Tiro y finas gradaciones de matices apenas distintos, como suele el arco iris, cuando la lluvia choca con los rayos del sol, teñir con su enorme curva una vasta extensión del cielo: aunque en él brillan mil colores distintos, el paso de uno a otro engaña, sin embargo, a los ojos que lo contemplan; hasta tal punto los colores que se tocan son iguales y, sin embargo, los extremos son diferentes. Allí se entreteje también en los hilos el oro flexible y se desarrolla en la tela una antigua historia.
vv. 70-77Palas pinta la roca de Marte en la ciudadela de Cécrope y la antigua disputa sobre el nombre de aquella tierra. Doce dioses celestes, con Júpiter en medio, están sentados en altos tronos con augusta majestad. A cada uno de los dioses lo identifica su propio aspecto: la imagen de Júpiter es la de un rey. Representa al dios del mar de pie, golpeando con su largo tridente las ásperas rocas, y que de en medio de la herida de la roca ha brotado agua de mar, prenda con la que reclamar la ciudad;
vv. 78-86a sí misma, en cambio, se da un escudo, se da una lanza de punta afilada, se da un casco para la cabeza, la égida le protege el pecho, y representa que la tierra, golpeada por su lanza, hace brotar un olivo blanquecino cargado de aceitunas, y que los dioses se maravillan: una Victoria remata la obra. Pero, para que su rival en la gloria comprenda con ejemplos qué recompensa puede esperar por una osadía tan insensata, añade en las cuatro esquinas cuatro certámenes, de vivos colores y distinguidos con pequeñas figuras.
vv. 87-92Una esquina contiene a Ródope de Tracia y al Hemo (¡ahora montes helados, en otro tiempo cuerpos mortales!), que se atribuyeron los nombres de los dioses supremos. Otra parte contiene el triste destino de la madre pigmea: Juno, después de vencerla en un certamen, ordenó que se convirtiera en grulla y declarara la guerra a su propio pueblo.
vv. 93-102Pintó también a Antígona, que se atrevió en otro tiempo a competir con la esposa del gran Júpiter, y a la que la regia Juno convirtió en ave; y no le sirvieron de nada Ilión ni su padre Laomedonte para evitar que, cubierta de plumas, blanca cigüeña, se aplauda a sí misma con su pico que crepita. La única esquina que queda contiene a Cíniras privado de sus hijas; abrazado a las gradas de un templo, que habían sido los miembros de sus hijas, y tendido sobre la piedra, parece llorar. Rodeó los bordes exteriores con olivos de la paz: ese es el límite, y cierra la obra con su propio árbol.
Versos 103-145
103Maeonis elusam designat imagine tauri
104Europam: verum taurum, freta vera putares.
105Ipsa videbatur terras spectare relictas
106et comites clamare suas tactumque vereri
107adsilientis aquae timidasque reducere plantas.
108Fecit et Asterien aquila luctante teneri,
109fecit olorinis Ledam recubare sub alis;
110addidit, ut satyri celatus imagine pulchram
111Iuppiter implerit gemino Nycteida fetu,
112Amphitryon fuerit, cum te, Tirynthia, cepit,
113aureus ut Danaen, Asopida luserit ignis,
114Mnemosynen pastor, varius Deoida serpens.
115Te quoque mutatum torvo, Neptune, iuvenco
116virgine in Aeolia posuit. Tu visus Enipeus
117gignis Aloidas, aries Bisaltida fallis;
118et te flava comas frugum mitissima mater
119sensit equum, sensit volucrem crinita colubris
120mater equi volucris, sensit delphina Melantho.
121Omnibus his faciemque suam faciemque locorum
122reddidit. Est illic agrestis imagine Phoebus,
123utque modo accipitris pennas, modo terga leonis
124gesserit, ut pastor Macareida luserit Issen;
125Liber ut Erigonen falsa deceperit uva,
126ut Saturnus equo geminum Chirona crearit.
127Ultima pars telae, tenui circumdata limbo,
128nexilibus flores hederis habet intertextos.
129Non illud Pallas, non illud carpere Livor
130possit opus. Doluit successu flava virago
131et rupit pictas, caelestia crimina, vestes.
132Utque Cytoriaco radium de monte tenebat,
133ter quater Idmoniae frontem percussit Arachnes.
134Non tulit infelix laqueoque animosa ligavit
135guttura. Pendentem Pallas miserata levavit
136atque ita “vive quidem, pende tamen, improba” dixit:
137“lexque eadem poenae, ne sis secura futuri,
138dicta tuo generi serisque nepotibus esto.”
139Post ea discedens sucis Hecateidos herbae
140sparsit; et extemplo tristi medicamine tactae
141defluxere comae, cum quis et naris et aures,
142fitque caput minimum, toto quoque corpore parva est:
143in latere exiles digiti pro cruribus haerent,
144cetera venter habet: de quo tamen illa remittit
145stamen et antiquas exercet aranea telas.
vv. 103-107La meonia dibuja a Europa engañada por la figura de un toro: creerías que el toro es de verdad, que el mar es de verdad. Ella parecía mirar las tierras que dejaba atrás, llamar a gritos a sus compañeras, temer el contacto del agua que salpicaba y encoger sus pies temerosos.
vv. 108-114Representó también a Asteria sujeta por un águila que forcejea, representó a Leda recostada bajo las alas de un cisne; añadió cómo Júpiter, oculto bajo la figura de un sátiro, dejó encinta de dos gemelos a la hermosa hija de Nicteo; cómo se convirtió en Anfitrión cuando te poseyó a ti, mujer de Tirinto; cómo, convertido en oro, engañó a Dánae; en fuego, a la hija de Asopo; en pastor, a Mnemósine; en serpiente moteada, a la hija de Deo.
vv. 115-120También a ti, Neptuno, te representó transformado en un torvo novillo junto a la doncella eolia. Tú, con la apariencia de Enipeo, engendras a los Alóadas; como carnero, engañas a la hija de Bisaltes; y a ti te conoció como caballo la rubia madre de las mieses, la más bondadosa; te conoció como ave la madre del caballo alado, la de los cabellos de serpientes; te conoció como delfín Melanto.
vv. 121-128A todos ellos les dio su propio aspecto y el aspecto de los lugares. Está allí Febo con figura de campesino, y cómo llevó unas veces plumas de halcón, otras la piel de un león; cómo, disfrazado de pastor, engañó a Isse, hija de Macareo; cómo Líber engañó a Erígone con un falso racimo de uvas; cómo Saturno, convertido en caballo, engendró al biforme Quirón. El borde extremo de la tela, rodeado por una fina orla, tiene flores entretejidas con hiedras enlazadas.
vv. 129-133Ni Palas ni la Envidia podrían criticar esa obra. La rubia diosa guerrera se dolió de su éxito y rasgó los tejidos bordados, que mostraban los crímenes de los dioses; y, como tenía en la mano una lanzadera de boj del monte Citoro, golpeó tres y cuatro veces en la frente a Aracne, hija de Idmón.
vv. 134-138No lo soportó la desdichada y, llena de orgullo, se ató un lazo a la garganta. Palas, compadecida, la levantó cuando colgaba y le dijo así: «Vive, desde luego, pero cuelga, insolente; y, para que no estés tranquila respecto al futuro, que esta misma ley de castigo quede impuesta a tu linaje y a tus lejanos descendientes».
vv. 139-145Después, al marcharse, la roció con el jugo de una hierba de Hécate; y al instante, tocados por la funesta droga, se le cayeron los cabellos, y con ellos la nariz y las orejas; la cabeza se le vuelve diminuta, y es también pequeña en todo el cuerpo: en el costado tiene pegados finos dedos en lugar de piernas; el resto lo ocupa el vientre, del que, sin embargo, ella sigue sacando hilo y, convertida en araña, sigue tejiendo sus antiguas telas.
9Ariadna y el LaberintoMet. VIII, 152-182
Personajes
Minos, rey de Creta; Pasífae, su esposa; el Minotauro; Dédalo; Teseo; Ariadna, hija de Minos; Baco (Líber).
Resumen
Minos vuelve a Creta tras vencer a Mégara y ofrece a Júpiter cien toros. La deshonra de su familia ha crecido: ha nacido el Minotauro, monstruo mitad hombre y mitad toro, fruto de la unión de Pasífae con un toro. Para ocultarlo, Minos encarga a Dédalo, famoso arquitecto, un edificio de pasillos engañosos: el Laberinto, cuyos caminos se cruzan y vuelven sobre sí mismos como el río Meandro, de modo que ni el propio Dédalo encuentra fácilmente la salida. Allí encierran al monstruo, que se alimenta de jóvenes atenienses enviados como tributo cada nueve años; la tercera remesa lo vence. Teseo, con la ayuda de Ariadna, mata al Minotauro y sale siguiendo el hilo que ella le dio. Teseo zarpa con Ariadna, pero la abandona en la isla de Día (Naxos). Baco la abraza y la consuela, y para que sea famosa en el cielo toma la corona de su frente y la lanza a las estrellas: sus gemas se convierten en astros y forman la constelación de la Corona (entre la de Hércules arrodillado y la del Serpentario).
Metamorfosis
La corona de Ariadna → la constelación de la Corona Boreal.
Temas
El monstruo y la vergüenza familiar; la inteligencia técnica (el Laberinto); el amor y la traición (Teseo abandona a Ariadna); la recompensa divina.
Claves para la PAU
Minotauro hijo de Pasífae; Dédalo construye el Laberinto (comparado con el Meandro); el hilo de Ariadna; abandonada en Día (Naxos); Baco convierte su corona en constelación. Ovidio cuenta el episodio muy rápidamente porque el lector ya lo conocía.
Pervivencia
Pintura: Tiziano, Baco y Ariadna (1520-1523, National Gallery de Londres); Pablo Picasso, la serie del Minotauro (años treinta). Música: Claudio Monteverdi, Lamento d'Arianna (1608); Richard Strauss, Ariadne auf Naxos (1912). Literatura: Catulo, poema 64; Ovidio, Heroidas X (carta de Ariadna a Teseo); Jorge Luis Borges, «La casa de Asterión» (El Aleph, 1949).
Texto latino y traducción (Met. VIII, 152-182)
Versos 152-182
152Vota Iovi Minos taurorum corpora centum
153solvit, ut egressus ratibus Curetida terram
154contigit, spoliis decorata est regia fixis.
155Creverat opprobrium generis, foedumque patebat
156matris adulterium monstri novitate biformis.
157Destinat hunc Minos thalamo removere pudorem
158multiplicique domo caecisque includere tectis.
159Daedalus ingenio fabrae celeberrimus artis
160ponit opus turbatque notas et lumina flexu
161ducit in errorem variarum ambage viarum.
162Non secus ac liquidis Phrygius Maeandrus in undis
163ludit et ambiguo lapsu refluitque fluitque
164occurrensque sibi venturas adspicit undas,
165et nunc ad fontes, nunc ad mare versus apertum
166incertas exercet aquas: ita Daedalus implet
167innumeras errore vias. Vixque ipse reverti
168ad limen potuit: tanta est fallacia tecti.
169Quo postquam geminam tauri iuvenisque figuram
170clausit, et Actaeo bis pastum sanguine monstrum
171tertia sors annis domuit repetita novenis,
172utque ope virginea nullis iterata priorum
173ianua difficilis filo est inventa relecto,
174protinus Aegides rapta Minoide Diam
175vela dedit comitemque suam crudelis in illo
176litore destituit. Desertae et multa querenti
177amplexus et opem Liber tulit; utque perenni
178sidere clara foret, sumptam de fronte coronam
179inmisit caelo. Tenues volat illa per auras
180dumque volat, gemmae nitidos vertuntur in ignes
181consistuntque loco specie remanente coronae,
182qui medius Nixique genu est anguemque tenentis.
vv. 152-156Minos, en cuanto desembarcó de sus naves y pisó la tierra de los Curetes, cumplió su voto a Júpiter con los cuerpos de cien toros, y su palacio quedó adornado con los despojos colgados en él. Había crecido la deshonra de su linaje, y el vergonzoso adulterio de la madre quedaba al descubierto por lo inaudito de un monstruo de doble forma.
vv. 157-161Minos decide apartar de su lecho esta vergüenza y encerrarla en una morada de múltiples estancias, bajo un techo sin salida. Dédalo, famosísimo por su ingenio en el arte de construir, levanta la obra, confunde las señales y, con sus recodos, lleva la mirada a extraviarse en la maraña de caminos diversos.
vv. 162-168No de otro modo que el frigio Meandro juega en sus límpidas aguas y, con curso indeciso, refluye y fluye, y, saliéndose al encuentro a sí mismo, contempla las aguas que han de venir, y, vuelto unas veces hacia sus fuentes y otras hacia el mar abierto, agita sus aguas inciertas: así llena Dédalo de extravíos innumerables caminos. Y a duras penas pudo él mismo volver al umbral: tan grande es el engaño de aquella construcción.
vv. 169-176Después de que encerró allí la doble figura de toro y de joven, y de que el tercer sorteo, repetido cada nueve años, domó al monstruo dos veces alimentado con sangre ateniense, y de que, con la ayuda de una doncella, la difícil puerta, que ninguno de los anteriores había vuelto a cruzar, se halló recogiendo el hilo, el hijo de Egeo, tras raptar a la hija de Minos, desplegó al punto las velas rumbo a Día y, cruel, abandonó a su compañera en aquella playa.
vv. 177-182A ella, abandonada y entre muchos lamentos, Líber le ofreció sus abrazos y su ayuda; y, para que brillara con una constelación eterna, tomó la corona de su frente y la lanzó al cielo. Ella vuela a través de las tenues brisas y, mientras vuela, sus gemas se convierten en fuegos resplandecientes y se fijan, conservando la forma de corona, en el lugar que queda entre el que está de rodillas y el que sujeta la serpiente.
10Dédalo e ÍcaroMet. VIII, 183-235
Personajes
Dédalo, artesano ateniense; su hijo Ícaro; Minos.
Resumen
Dédalo, cansado de su largo destierro en Creta y deseando volver a su patria, está retenido porque Minos domina la tierra y el mar; pero «no domina el aire». Inventa unas alas: ordena plumas de menor a mayor, las sujeta con hilo en el centro y con cera en la base y las curva como las de las aves. Ícaro juega a su lado sin saber que maneja su perdición. Dédalo prueba las alas y luego instruye a su hijo: debe volar por el camino del medio, porque si va bajo la humedad del mar le pesará en las alas y si va alto el sol las quemará; no debe fijarse en las constelaciones (el Boyero, la Osa, Orión), sino seguirle. Le besa por última vez y emprenden el vuelo. Un pescador, un pastor y un labrador los ven y los toman por dioses. Ya han dejado atrás Delos y Paros y tienen a la izquierda Samos y a la derecha Lebinto y Calimna; entonces Ícaro, feliz con el vuelo, abandona a su guía y sube hacia el cielo. El sol ablanda la cera, las alas se deshacen y cae al mar gritando el nombre de su padre; ese mar recibe de él el nombre de Icario. Dédalo, que ya no es padre, lo busca, ve las plumas en el agua, maldice su arte y entierra el cuerpo; la tierra recibe el nombre del muerto (la isla de Icaria).
Metamorfosis
No hay una transformación propiamente dicha: hombres que vuelan como aves. La explicación etiológica es el nombre del mar Icario y de la isla de Icaria.
Temas
El ingenio humano y la técnica que desafía a la naturaleza; la desobediencia y la imprudencia juvenil; el término medio; la relación entre padre e hijo; el castigo de la ambición (paralelo con Faetonte).
Claves para la PAU
Dédalo prisionero de Minos en Creta; alas de plumas, hilo y cera; consejo de volar por el medio; Ícaro sube demasiado, el sol funde la cera; cae al mar Icario.
Pervivencia
Pintura: Paisaje con la caída de Ícaro, atribuido a Pieter Brueghel el Viejo (c. 1560, Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica), en el que Ícaro apenas se ve y la vida sigue; Henri Matisse, Ícaro (1947, del libro Jazz). Escultura: Antonio Canova, Dédalo e Ícaro (1777-1779, Museo Correr, Venecia). Literatura: W. H. Auden, «Musée des Beaux Arts» (1938), sobre el cuadro de Brueghel.
Texto latino y traducción (Met. VIII, 183-235)
Versos 183-235
183Daedalus interea Creten longumque perosus
184exsilium tactusque loci natalis amore
185clausus erat pelago. “Terras licet” inquit “et undas
186obstruat: at caelum certe patet; ibimus illac.
187Omnia possideat, non possidet aera Minos.”
188Dixit et ignotas animum dimittit in artes
189naturamque novat. Nam ponit in ordine pennas,
190a minima coeptas, longam breviore sequenti,
191ut clivo crevisse putes. Sic rustica quondam
192fistula disparibus paulatim surgit avenis.
193Tum lino medias et ceris adligat imas,
194atque ita compositas parvo curvamine flectit,
195ut veras imitetur aves. Puer Icarus una
196stabat et, ignarus sua se tractare pericla,
197ore renidenti modo, quas vaga moverat aura,
198captabat plumas, flavam modo pollice ceram
199mollibat lusuque suo mirabile patris
200impediebat opus. Postquam manus ultima coepto
201imposita est, geminas opifex libravit in alas
202ipse suum corpus motaque pependit in aura.
203Instruit et natum “medio” que “ut limite curras,
204Icare,” ait “moneo, ne, si demissior ibis,
205unda gravet pennas, si celsior, ignis adurat.
206Inter utrumque vola. Nec te spectare Booten
207aut Helicen iubeo strictumque Orionis ensem:
208me duce carpe viam.” Pariter praecepta volandi
209tradit et ignotas umeris accommodat alas.
210Inter opus monitusque genae maduere seniles,
211et patriae tremuere manus. Dedit oscula nato
212non iterum repetenda suo, pennisque levatus
213ante volat comitique timet, velut ales, ab alto
214quae teneram prolem produxit in aera nido,
215hortaturque sequi damnosasque erudit artes
216et movet ipse suas et nati respicit alas.
217Hos aliquis tremula dum captat harundine pisces,
218aut pastor baculo stivave innixus arator
219vidit et obstipuit, quique aethera carpere possent
220credidit esse deos. Et iam Iunonia laeva
221parte Samos (fuerant Delosque Parosque relictae),
222dextra Lebinthos erat fecundaque melle Calymne,
223cum puer audaci coepit gaudere volatu
224deseruitque ducem caelique cupidine tractus
225altius egit iter. Rapidi vicinia solis
226mollit odoratas, pennarum vincula, ceras.
227Tabuerant cerae: nudos quatit ille lacertos,
228remigioque carens non ullas percipit auras,
229oraque caerulea patrium clamantia nomen
230excipiuntur aqua: quae nomen traxit ab illo.
231At pater infelix, nec iam pater, “Icare,” dixit,
232“Icare,” dixit “ubi es? qua te regione requiram?”
233“Icare” dicebat: pennas adspexit in undis
234devovitque suas artes corpusque sepulcro
235condidit, et tellus a nomine dicta sepulti.
vv. 183-187Entretanto Dédalo, que aborrecía Creta y su largo destierro, y movido por el amor a su tierra natal, estaba encerrado por el mar. «Aunque me cierre el paso por tierra y por mar —dijo—, el cielo, desde luego, está abierto: iremos por allí. Aunque lo posea todo, Minos no posee el aire».
vv. 188-195Dijo, y entrega su mente a artes desconocidas y renueva la naturaleza. Pues coloca plumas en orden, empezando por la más pequeña, de modo que a una larga le sigue otra más corta, para que pienses que han crecido en pendiente. Así, a veces, se alza poco a poco la rústica zampoña con cañas desiguales. Luego ata las del medio con hilo y las de abajo con cera y, así dispuestas, las dobla con una leve curvatura para imitar a las aves verdaderas.
vv. 196-202El niño Ícaro estaba a su lado y, sin saber que manejaba su propia perdición, con el rostro radiante, unas veces atrapaba las plumas que la brisa errante había movido, otras ablandaba con el pulgar la rubia cera, y con su juego estorbaba la admirable obra de su padre. Cuando se dio el último toque a la empresa, el propio artífice equilibró su cuerpo sobre las dos alas y quedó suspendido en el aire agitado.
vv. 203-209Instruye también a su hijo y le dice: «Te aconsejo, Ícaro, que vueles por el camino de en medio, para que, si vas demasiado bajo, el agua no haga pesadas tus plumas, y, si demasiado alto, el fuego no las queme. Vuela entre uno y otro. Y no quiero que mires al Boyero, ni a la Hélice, ni a la espada desenvainada de Orión: sigue el camino conmigo como guía». A la vez le transmite las normas del vuelo y le ajusta a los hombros las alas desconocidas.
vv. 210-216Entre el trabajo y los consejos, se humedecieron las mejillas del anciano y le temblaron las manos de padre. Dio a su hijo unos besos que no volvería a repetir y, elevándose con las alas, vuela delante y teme por su compañero, como el ave que ha sacado del alto nido al aire a su tierna cría; lo anima a seguirle, le enseña las funestas artes, y él mismo mueve sus alas y mira hacia atrás las de su hijo.
vv. 217-222Alguien que pescaba peces con su temblorosa caña, o un pastor apoyado en su cayado, o un labrador en la esteva, los vio y quedó atónito, y creyó que eran dioses, ya que podían surcar el éter. Y ya tenían a la izquierda Samos, consagrada a Juno (habían dejado atrás Delos y Paros), y a la derecha Lebinto y Calimne, rica en miel,
vv. 223-230cuando el muchacho empezó a disfrutar del audaz vuelo, abandonó a su guía y, arrastrado por el deseo del cielo, llevó su ruta más arriba. La cercanía del sol abrasador ablanda la cera olorosa, atadura de las plumas. Se había derretido la cera: él agita sus brazos desnudos y, falto de remos, no logra apoyarse en aire alguno, y su boca, que gritaba el nombre de su padre, se hunde en el agua azul oscuro, que tomó de él su nombre.
vv. 231-235Pero el desdichado padre, que ya no era padre, dijo: «¡Ícaro! ¡Ícaro! —dijo—, ¿dónde estás? ¿En qué lugar he de buscarte?». «¡Ícaro!», decía; vio las plumas en las olas, maldijo sus artes y enterró el cuerpo en un sepulcro, y la tierra recibió el nombre del sepultado.
11Ifis y YanteMet. IX, 669-797
Personajes
Ligdo, hombre pobre y honrado de Festo (Creta); Teletusa, su esposa; Ifis, su hija; la diosa egipcia Isis (con su séquito: Anubis, Bubastis, Apis, Harpócrates y Osiris); Yante, hija de Telestes, prometida de Ifis; Venus, Juno e Himeneo, en la boda.
Resumen
Ligdo advierte a su esposa embarazada que, si nace una niña, la matarán, porque son pobres y una hija es una carga. Teletusa llora; Isis se le aparece en sueños y le ordena criar a la criatura, sea lo que sea. Nace una niña y la madre la hace pasar por niño; el padre, sin saberlo, le pone el nombre del abuelo, Ifis, que a la madre le alegra porque vale para los dos sexos, y la viste como un chico. A los trece años, su padre la promete con Yante, la muchacha más hermosa de Festo. Las dos se enamoran, pero Ifis sufre porque su amor le parece imposible y contrario a la naturaleza, y se lamenta en un largo monólogo. Teletusa retrasa la boda con excusas, hasta que no puede más. La víspera, madre e hija rezan ante el altar de Isis. La diosa da una señal (el templo se mueve, las puertas tiemblan, brillan los cuernos de luna y suena el sistro) e Ifis, al salir, cambia: camina con pasos más largos, su rostro es menos delicado, tiene más fuerza y el pelo más corto. Se ha convertido en un joven. Los padres ofrecen dones al templo con una inscripción: «Estos dones que había prometido como mujer los pagó Ifis como hombre». Al día siguiente se celebra la boda con Venus, Juno e Himeneo, y «el muchacho Ifis obtiene a su Yante».
Metamorfosis
Ifis pasa de mujer a hombre.
Temas
La identidad y el género; el amor entre dos muchachas y la mirada de la época sobre él; la piedad recompensada (Isis protege a la familia); la pobreza y el valor de los hijos en la Antigüedad; la intervención divina que resuelve lo imposible.
Claves para la PAU
Creta (Festo); Ligdo quería un hijo varón; Isis en sueños; nombre ambiguo «Ifis»; prometida a Yante; la transformación en muchacho la víspera de la boda; la inscripción votiva. Fue una de las respuestas del test de la PAU 2026.
Pervivencia
Literatura: Isaac de Benserade, comedia Iphis et Iante (1634); Ali Smith, novela Girl Meets Boy (2007), reescritura contemporánea del mito.
Texto latino y traducción (Met. IX, 669-797)
Versos 669-719
669Proxima Cnosiaco nam quondam Phaestia regno
670progenuit tellus ignotum nomine Ligdum,
671ingenua de plebe virum. Nec census in illo
672nobilitate sua maior, sed vita fidesque
673inculpata fuit. Gravidae qui coniugis aures
674vocibus his monuit, cum iam prope partus adesset:
675“Quae voveam, duo sunt; minimo ut relevere dolore,
676utque marem parias; onerosior altera sors est,
677et vires fortuna negat. Quod abominor, ergo
678edita forte tuo fuerit si femina partu,
679(invitus mando: pietas, ignosce!) necetur.”
680Dixerat, et lacrimis vultus lavere profusis,
681tam qui mandabat, quam cui mandata dabantur.
682Sed tamen usque suum vanis Telethusa maritum
683sollicitat precibus, ne spem sibi ponat in arto.
684Certa sua est Ligdo sententia. Iamque ferendo
685vix erat illa gravem maturo pondere ventrem,
686cum medio noctis spatio sub imagine somni
687Inachis ante torum, pompa comitata sacrorum,
688aut stetit aut visa est. Inerant lunaria fronti
689cornua cum spicis nitido flaventibus auro
690et regale decus. Cum qua latrator Anubis
691sanctaque Bubastis variusque coloribus Apis,
692quique premit vocem digitoque silentia suadet,
693sistraque erant numquamque satis quaesitus Osiris
694plenaque somniferis serpens peregrina venenis.
695Tum velut excussam somno et manifesta videntem
696sic adfata dea est: “Pars o Telethusa mearum,
697pone graves curas mandataque falle mariti.
698Nec dubita, cum te partu Lucina levarit,
699tollere quidquid erit. Dea sum auxiliaris opemque
700exorata fero, nec te coluisse quereris
701ingratum numen.” Monuit thalamoque recessit.
702Laeta toro surgit purasque ad sidera supplex
703Cressa manus tollens, rata sint sua visa, precatur.
704Ut dolor increvit, seque ipsum pondus in auras
705expulit et nata est ignaro femina patre,
706iussit ali mater puerum mentita: fidemque
707res habuit, neque erat ficti nisi conscia nutrix.
708Vota pater solvit nomenque inponit avitum:
709Iphis avus fuerat. Gavisa est nomine mater,
710quod commune foret nec quemquam falleret illo.
711Inde incepta pia mendacia fraude latebant:
712cultus erat pueri, facies, quam sive puellae,
713sive dares puero, fuerat formosus uterque.
714Tertius interea decimo successerat annus,
715cum pater, Iphi, tibi flavam despondet Ianthen,
716inter Phaestiadas quae laudatissima formae
717dote fuit virgo, Dictaeo nata Teleste.
718Par aetas, par forma fuit, primasque magistris
719accepere artes, elementa aetatis, ab isdem.
vv. 669-674Pues en otro tiempo la tierra de Festo, vecina al reino de Cnoso, engendró a un tal Ligdo, de nombre sin fama, hombre libre nacido de la plebe. Y su hacienda no era mayor que su nobleza, pero su vida y su lealtad fueron intachables. Este, cuando ya el parto estaba próximo, advirtió con estas palabras a su esposa encinta:
vv. 675-681«Dos son las cosas que deseo: que te alivies con el menor dolor y que des a luz un varón; la otra suerte es más gravosa, y la fortuna nos niega los recursos. Así pues —y lo aborrezco—, si por azar lo que nazca de tu parto fuera una niña (lo ordeno a mi pesar; ¡perdóname, piedad!), que muera». Había hablado, y abundantes lágrimas bañaron el rostro tanto del que lo ordenaba como de aquella a quien se daban las órdenes.
vv. 682-688Sin embargo, Teletusa no deja de importunar a su marido con vanos ruegos para que no reduzca su esperanza a tan estrecho margen. La decisión de Ligdo es firme. Y ya apenas podía ella llevar el vientre, pesado por su carga madura, cuando en mitad de la noche, en forma de sueño, la hija de Ínaco, acompañada del cortejo de sus ritos, se detuvo ante su lecho, o así le pareció.
vv. 689-694Llevaba en la frente los cuernos de la luna, con espigas que amarilleaban con brillante oro, y la insignia real. Con ella estaban el ladrador Anubis, la santa Bubastis, Apis, de variados colores, y el que reprime la voz y con el dedo aconseja silencio; había sistros, y Osiris, nunca buscado lo bastante, y la serpiente extranjera, llena de venenos que dan sueño.
vv. 695-701Entonces, como si ella estuviera despierta y viera todo con claridad, la diosa le habló así: «Oh Teletusa, una de mis fieles, deja tus graves preocupaciones y burla las órdenes de tu marido. Y no dudes, cuando Lucina te haya aliviado con el parto, en criar lo que sea. Soy una diosa que socorre y presto ayuda a quien me suplica, y no te quejarás de haber honrado a una divinidad desagradecida». Así le aconsejó y se retiró de la alcoba.
vv. 702-707Alegre, la cretense se levanta del lecho y, alzando suplicante sus manos puras hacia las estrellas, ruega que se cumpla su visión. Cuando creció el dolor y la carga salió por sí misma a la luz y nació una niña sin que el padre lo supiera, la madre mandó criarla haciéndola pasar por niño; la cosa resultó creíble, y nadie más que la nodriza conocía el engaño.
vv. 708-713El padre cumple sus votos y le impone el nombre del abuelo: el abuelo se había llamado Ifis. La madre se alegró del nombre, porque servía para ambos sexos y con él no engañaba a nadie. Desde entonces, las mentiras empezadas con un piadoso engaño pasaban inadvertidas: vestía como un niño, y su cara, tanto si se la atribuías a una niña como a un niño, era hermosa en uno y otro caso.
vv. 714-719Entretanto, a los diez años se habían sumado tres más, cuando tu padre, Ifis, te promete en matrimonio a la rubia Yante, la doncella más alabada por la dote de su belleza entre las muchachas de Festo, hija del dicteo Telestes. Igual era su edad, igual su belleza, y de los mismos maestros recibieron las primeras enseñanzas, rudimentos propios de su edad.
Versos 720-770
720Hinc amor ambarum tetigit rude pectus et aequum
721vulnus utrique dedit. Sed erat fiducia dispar:
722coniugium pactaeque exspectat tempora taedae
723quamque virum putat esse, virum fore credit Ianthe;
724Iphis amat, qua posse frui desperat, et auget
725hoc ipsum flammas, ardetque in virgine virgo;
726vixque tenens lacrimas “quis me manet exitus” inquit,
727“cognita quam nulli, quam prodigiosa novaeque
728cura tenet Veneris? Si di mihi parcere vellent,
729[parcere debuerant; si non, et perdere vellent,]
730naturale malum saltem et de more dedissent.
731Nec vaccam vaccae, nec equas amor urit equarum:
732urit oves aries, sequitur sua femina cervum.
733Sic et aves coeunt, interque animalia cuncta
734femina femineo conrepta cupidine nulla est.
735Vellem nulla forem! Ne non tamen omnia Crete
736monstra ferat, taurum dilexit filia Solis,
737femina nempe marem: meus est furiosior illo,
738si verum profitemur, amor! Tamen illa secuta est
739spem Veneris, tamen illa dolis et imagine vaccae
740passa bovem est, et erat, qui deciperetur adulter!
741Huc licet e toto sollertia confluat orbe,
742ipse licet revolet ceratis Daedalus alis,
743quid faciet? Num me puerum de virgine doctis
744artibus efficiet? num te mutabit, Ianthe?
745Quin animum firmas, teque ipsa reconligis, Iphi,
746consiliique inopes et stultos excutis ignes?
747Quid sis nata, vide, nisi te quoque decipis ipsa,
748et pete quod fas est, et ama quod femina debes!
749Spes est, quae capiat, spes est, quae pascit amorem:
750hanc tibi res adimit. Non te custodia caro
751arcet ab amplexu nec cauti cura mariti,
752non patris asperitas, non se negat ipsa roganti:
753nec tamen est potienda tibi, nec, ut omnia fiant,
754esse potes felix, ut dique hominesque laborent.
755Nunc quoque votorum nulla est pars vana meorum,
756dique mihi faciles, quidquid valuere, dederunt;
757quodque ego, vult genitor, vult ipsa socerque futurus.
758At non vult natura, potentior omnibus istis,
759quae mihi sola nocet. Venit ecce optabile tempus,
760luxque iugalis adest, et iam mea fiet Ianthe—
761nec mihi continget: mediis sitiemus in undis.
762Pronuba quid Iuno, quid ad haec, Hymenaee, venitis
763sacra, quibus qui ducat abest, ubi nubimus ambae?”
764Pressit ab his vocem. Nec lenius altera virgo
765aestuat, utque celer venias, Hymenaee, precatur.
766Quod petit haec, Telethusa timens modo tempora differt,
767nunc ficto languore moram trahit, omina saepe
768visaque causatur. Sed iam consumpserat omnem
769materiam ficti, dilataque tempora taedae
770institerant, unusque dies restabat. At illa
vv. 720-725Por eso el amor tocó el pecho inexperto de ambas y a cada una le causó la misma herida. Pero su confianza era desigual: Yante espera la boda y el momento de la antorcha nupcial pactada, y cree que será su marido aquella a quien tiene por varón; Ifis ama a alguien de quien desespera poder gozar, y eso mismo aumenta sus llamas, y una doncella arde por otra doncella.
vv. 726-734Y, conteniendo a duras penas las lágrimas, dice: «¿Qué final me espera, si me posee un amor que nadie conoce, monstruoso, de una Venus nunca vista? Si los dioses querían perdonarme, [deberían haberme perdonado; si no, y querían perderme,] al menos me habrían dado un mal natural y acostumbrado. Ni el amor de una vaca abrasa a otra vaca, ni el de las yeguas a las yeguas: el carnero abrasa a las ovejas, a su ciervo lo sigue su hembra. Así se aparean también las aves, y entre todos los animales no hay ninguna hembra presa del deseo de otra hembra.
vv. 735-740¡Ojalá no existiera! Y, para que Creta no deje de producir toda clase de monstruos, la hija del Sol amó a un toro: una hembra a un macho, al fin y al cabo. Mi amor, si he de confesar la verdad, es más loco que aquel. Ella, aun así, persiguió una esperanza de placer; ella, aun así, con engaños y bajo la figura de una vaca, se entregó al toro, y había un amante al que engañar.
vv. 741-748Aunque aquí confluya el ingenio del mundo entero, aunque el propio Dédalo vuelva volando con sus alas de cera, ¿qué podrá hacer? ¿Acaso con sus doctas artes me convertirá de doncella en muchacho? ¿Acaso te transformará a ti, Yante? ¿Por qué no afirmas tu ánimo, Ifis, y te recobras, y te sacudes esos fuegos necios y sin remedio? Mira qué naciste, a no ser que también te engañes a ti misma, y busca lo que es lícito, y ama lo que, como mujer, debes amar.
vv. 749-754La esperanza es lo que hace prender el amor, la esperanza lo que lo alimenta: y esa te la arrebata la realidad. No te aparta de su querido abrazo ninguna vigilancia, ni el celo de un marido precavido, ni la severidad de un padre; ni ella misma se niega a tus ruegos; y, sin embargo, no puedes poseerla ni, aunque se haga todo, puedes ser feliz, por más que se esfuercen dioses y hombres.
vv. 755-763También ahora ninguno de mis deseos queda sin cumplir, y los dioses, propicios, me han dado todo lo que han podido; y lo que yo quiero lo quiere mi padre, lo quiere ella misma y mi futuro suegro. Pero no lo quiere la naturaleza, más poderosa que todos ellos, la única que me perjudica. Mira, llega el momento deseado, está aquí el día de la boda, y ya Yante será mía… y no me tocará en suerte: tendremos sed en medio de las aguas. ¿Por qué, Juno prónuba, por qué, Himeneo, venís a estos ritos, en los que falta quien tome esposa, si las dos somos la novia?».
vv. 764-770Con estas palabras calló. Y no con menos ardor se abrasa la otra doncella, y te ruega, Himeneo, que vengas pronto. Teletusa, temiendo lo que esta pide, unas veces aplaza la fecha, otras alarga la demora con una enfermedad fingida, y a menudo pone como pretexto presagios y visiones. Pero ya había agotado todos los pretextos para fingir, y la fecha aplazada de la boda se echaba encima, y solo quedaba un día.
Versos 771-797
771crinalem capiti vittam nataeque sibique
772detrahit et passis aram complexa capillis
773“Isi, Paraetonium Mareoticaque arva Pharonque
774quae colis et septem digestum in cornua Nilum:
775fer, precor” inquit “opem nostroque medere timori!
776Te, dea, te quondam tuaque haec insignia vidi
777cunctaque cognovi, sonitum comitantiaque aera
778sistrorum, memorique animo tua iussa notavi.
779Quod videt haec lucem, quod non ego punior, ecce
780consilium munusque tuum est. Miserere duarum
781auxilioque iuva!” Lacrimae sunt verba secutae.
782Visa dea est movisse suas (et moverat) aras,
783et templi tremuere fores, imitataque lunam
784cornua fulserunt, crepuitque sonabile sistrum.
785Non secura quidem, fausto tamen omine laeta
786mater abit templo: sequitur comes Iphis euntem,
787quam solita est, maiore gradu, nec candor in ore
788permanet, et vires augentur, et acrior ipse est
789vultus, et incomptis brevior mensura capillis,
790plusque vigoris adest, habuit quam femina. Nam quae
791femina nuper eras, puer es. Date munera templis
792nec timida gaudete fide! Dant munera templis,
793addunt et titulum; titulus breve carmen habebat:
794DONA PUER SOLVIT QUAE FEMINA VOVERAT IPHIS
795Postera lux radiis latum patefecerat orbem,
796cum Venus et Iuno sociosque Hymenaeus ad ignes
797conveniunt, potiturque sua puer Iphis Ianthe.
vv. 771-781Entonces ella se quita a sí misma y a su hija la cinta del pelo y, abrazada al altar con los cabellos sueltos, dice: «Isis, que habitas Paretonio, los campos mareóticos, Faros y el Nilo dividido en siete brazos: ¡préstanos ayuda, te lo ruego, y pon remedio a nuestro temor! A ti, diosa, a ti te vi en otro tiempo, y estas tus insignias, y lo reconocí todo, el sonido y el bronce de los sistros que te acompañaban, y grabé tus órdenes en mi memoria. Que esta vea la luz, que yo no sea castigada, es, mira, obra de tu consejo y tu regalo. ¡Apiádate de las dos y socórrenos con tu ayuda!». A las palabras siguieron las lágrimas.
vv. 782-788Pareció que la diosa movía su altar (y lo había movido), y temblaron las puertas del templo, y brillaron sus cuernos, semejantes a la luna, y resonó el sonoro sistro. No tranquila del todo, pero alegre por el favorable presagio, sale la madre del templo; la acompaña Ifis en su marcha, con paso más largo que de costumbre; y la blancura no permanece en su rostro, y aumentan sus fuerzas, y su mismo semblante es más enérgico,
vv. 789-797y es más corto el largo de sus cabellos sin peinar, y tiene más vigor del que tuvo siendo mujer. Pues tú, que hace poco eras mujer, eres un muchacho. ¡Llevad ofrendas a los templos y alegraos con una fe sin temor! Llevan ofrendas a los templos y añaden además una inscripción; la inscripción contenía un breve verso: IFIS, YA MUCHACHO, PAGÓ LAS OFRENDAS QUE HABÍA PROMETIDO SIENDO MUJER. La luz del día siguiente había descubierto con sus rayos el ancho mundo, cuando Venus, Juno e Himeneo se reúnen junto a los fuegos nupciales, y el muchacho Ifis toma por esposa a su Yante.
12Orfeo y EurídiceMet. X, 1-77
Personajes
Orfeo, poeta y cantor de Tracia (el «vate del Ródope»), hijo de la musa Calíope; Eurídice, su esposa; Himeneo, dios de las bodas; las náyades; Plutón (el señor de las sombras) y Perséfone (Proserpina); las almas condenadas de los infiernos; el barquero (Caronte).
Resumen
Himeneo acude a la boda de Orfeo, pero con malos presagios: su antorcha solo echa humo. Poco después Eurídice, paseando con las náyades por un prado, muere por la mordedura de una serpiente en el tobillo. Orfeo, tras llorarla en la tierra, baja a los infiernos por la puerta del Ténaro. Ante Perséfone y su esposo canta acompañado de la lira: dice que no viene a ver el Tártaro ni a encadenar a Cerbero, sino por su esposa, y que también ellos fueron unidos por el Amor; pide que se la presten, no que se la den, porque al final todos acabarán en su reino. Su canto conmueve a todo el mundo subterráneo: Tántalo deja de perseguir el agua, la rueda de Ixión se detiene, los buitres dejan de devorar el hígado (de Ticio), las Bélides (Danaides) descansan de sus urnas, Sísifo se sienta en su roca y las Euménides lloran por primera vez. Los reyes del infierno le devuelven a Eurídice con una condición: no volver la vista atrás hasta salir de los valles del Averno. Suben por un sendero empinado y oscuro y, cerca ya de la salida, Orfeo, temiendo que ella desfallezca y ansioso por verla, se vuelve. Eurídice muere de nuevo, sin quejarse (¿de qué podía quejarse, sino de ser amada?), y le dice un último «adiós». Orfeo se queda atónito, como el hombre que se convirtió en piedra al ver a Cerbero o como Óleno y Letea, convertidos en rocas. Intenta volver a cruzar, pero el barquero se lo impide. Pasa siete días a la orilla sin comer, alimentado solo de dolor y lágrimas, y después se retira a los montes Ródope y Hemo.
Metamorfosis
En este pasaje no hay transformación de los protagonistas; solo se mencionan, como comparación, hombres convertidos en piedra (el que vio a Cerbero, Óleno y Letea).
Temas
El amor más fuerte que la muerte; el poder de la poesía y de la música, capaz de conmover a los dioses infernales; la condición incumplida y la mirada prohibida; la duda y la impaciencia; la segunda pérdida, definitiva.
Claves para la PAU
La antorcha humeante de Himeneo; la serpiente; la bajada por el Ténaro; el canto ante Plutón y Perséfone; los condenados que se detienen; la condición de no mirar atrás; la segunda muerte de Eurídice.
Pervivencia
Música: Claudio Monteverdi, L'Orfeo (1607); Christoph Willibald Gluck, Orfeo ed Euridice (1762); Jacques Offenbach, Orfeo en los infiernos (1858), en parodia. Literatura: Virgilio, Geórgicas IV, la otra gran versión latina; Rainer Maria Rilke, «Orfeo. Eurídice. Hermes» y Sonetos a Orfeo. Pintura: Rubens, Orfeo y Eurídice (1636-1638, Museo del Prado). Escultura: Antonio Canova, Orfeo y Eurídice (1775-1776, Venecia). Cine: Jean Cocteau, Orphée (1950); Marcel Camus, Orfeo negro (1959).
Texto latino y traducción (Met. X, 1-77)
Versos 1-55
1Inde per inmensum croceo velatus amictu
2aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras
3tendit et Orphea nequiquam voce vocatur.
4Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia verba
5nec laetos vultus nec felix attulit omen.
6Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo
7usque fuit nullosque invenit motibus ignes.
8Exitus auspicio gravior: nam nupta per herbas
9dum nova naiadum turba comitata vagatur,
10occidit in talum serpentis dente recepto.
11Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras
12deflevit vates, ne non temptaret et umbras,
13ad Styga Taenaria est ausus descendere porta;
14perque leves populos simulacraque functa sepulcro
15Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem
16umbrarum dominum. Pulsisque ad carmina nervis
17sic ait: “O positi sub terra numina mundi,
18in quem reccidimus, quidquid mortale creamur,
19si licet et falsi positis ambagibus oris
20vera loqui sinitis, non huc, ut opaca viderem
21Tartara, descendi, nec uti villosa colubris
22terna Medusaei vincirem guttura monstri:
23causa viae est coniunx, in quam calcata venenum
24vipera diffudit crescentesque abstulit annos.
25Posse pati volui nec me temptasse negabo:
26vicit Amor. Supera deus hic bene notus in ora est,
27an sit et hic, dubito. Sed et hic tamen auguror esse;
28famaque si veteris non est mentita rapinae,
29vos quoque iunxit Amor. Per ego haec loca plena timoris,
30per chaos hoc ingens vastique silentia regni,
31Eurydices, oro, properata retexite fata.
32Omnia debemur vobis, paulumque morati
33serius aut citius sedem properamus ad unam.
34Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, vosque
35humani generis longissima regna tenetis.
36Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,
37iuris erit vestri: pro munere poscimus usum.
38Quod si fata negant veniam pro coniuge, certum est
39nolle redire mihi: leto gaudete duorum.”
40Talia dicentem nervosque ad verba moventem
41exsangues flebant animae: nec Tantalus undam
42captavit refugam, stupuitque Ixionis orbis,
43nec carpsere iecur volucres, urnisque vacarunt
44Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.
45Tunc primum lacrimis victarum carmine fama est
46Eumenidum maduisse genas. Nec regia coniunx
47sustinet oranti nec qui regit ima negare,
48Eurydicenque vocant. Umbras erat illa recentes
49inter et incessit passu de vulnere tardo.
50Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,
51ne flectat retro sua lumina, donec Avernas
52exierit valles: aut inrita dona futura.
53Carpitur acclivis per muta silentia trames,
54arduus, obscurus, caligine densus opaca.
55Nec procul afuerunt telluris margine summae:
vv. 1-10Desde allí, cubierto con un manto de color azafrán, Himeneo se aleja a través del inmenso éter, se dirige a las costas de los cícones y es invocado en vano por la voz de Orfeo. Acudió, sí, pero no trajo ni las palabras rituales, ni un rostro alegre, ni un presagio favorable. También la antorcha que sostenía estuvo chisporroteando todo el tiempo con un humo que hacía llorar, y por más que la agitaron no encontró llama alguna. El desenlace fue más grave que el augurio: pues, mientras la recién casada paseaba por la hierba acompañada por un grupo de náyades, cayó muerta al recibir en el tobillo la mordedura de una serpiente.
vv. 11-16Después de llorarla lo suficiente en las auras de arriba, el vate del Ródope, para no dejar de intentarlo también con las sombras, se atrevió a bajar a la Estige por la puerta del Ténaro; y, a través de los pueblos ingrávidos y de los espectros que ya han recibido sepultura, se presentó ante Perséfone y ante el señor de las sombras, que posee un reino sin alegría. Y, pulsando las cuerdas para acompañar su canto, habló así:
vv. 17-24«Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que volvemos a caer todos los que somos creados mortales: si es lícito y permitís que, dejando a un lado los rodeos de una boca mentirosa, diga la verdad, no he bajado aquí para ver el tenebroso Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas, erizadas de serpientes, del monstruo medúseo: el motivo de mi viaje es mi esposa, en quien una víbora pisada derramó su veneno y le arrebató sus años, que aún iban creciendo.
vv. 25-31Quise ser capaz de soportarlo y no negaré que lo he intentado: venció el Amor. Este dios es bien conocido en la región de arriba; si lo es también aquí, lo dudo. Pero, aun así, sospecho que también aquí lo es; y, si no miente la fama del antiguo rapto, también a vosotros os unió el Amor. Por estos lugares llenos de temor, por este caos inmenso y por los silencios de este vasto reino, os lo ruego: destejed el destino precipitado de Eurídice.
vv. 32-39Os pertenecemos por entero, y, tras demorarnos un poco, más tarde o más temprano nos apresuramos hacia una misma morada. Hacia aquí nos dirigimos todos, esta es la última casa, y vosotros poseéis el reinado más largo sobre el género humano. También ella, cuando, ya madura, haya cumplido los años que le corresponden, estará bajo vuestra jurisdicción: no os la pido como regalo, sino en usufructo. Y si los hados niegan esta gracia para mi esposa, tengo decidido no querer volver: alegraos con la muerte de los dos.»
vv. 40-49Mientras decía tales cosas y movía las cuerdas al compás de sus palabras, lo lloraban las almas exangües: Tántalo no intentó atrapar el agua que huye, la rueda de Ixión se detuvo asombrada, las aves no desgarraron el hígado, las Bélides dejaron libres sus urnas y tú, Sísifo, te sentaste en tu roca. Cuenta la fama que entonces, por primera vez, las mejillas de las Euménides, vencidas por el canto, se humedecieron de lágrimas. Ni la regia esposa ni el que gobierna las profundidades son capaces de negarse al que suplica, y llaman a Eurídice. Ella estaba entre las sombras recientes y avanzó con paso lento a causa de la herida.
vv. 50-55Orfeo del Ródope la recibe a ella y, a la vez, la condición: que no vuelva la vista atrás hasta que haya salido de los valles del Averno; de lo contrario, el regalo quedaría sin efecto. Recorren, a través de mudos silencios, un sendero cuesta arriba, empinado, oscuro, denso de tiniebla opaca. Y ya no estaban lejos del borde de la superficie de la tierra:
Versos 56-77
56hic, ne deficeret, metuens avidusque videndi
57flexit amans oculos; et protinus illa relapsa est,
58bracchiaque intendens prendique et prendere certans
59nil nisi cedentes infelix arripit auras.
60Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam
61questa suo: quid enim nisi se quereretur amatam?
62Supremumque “vale,” quod iam vix auribus ille
63acciperet, dixit revolutaque rursus eodem est.
64Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,
65quam tria qui timidus, medio portante catenas,
66colla canis vidit, quem non pavor ante reliquit,
67quam natura prior, saxo per corpus oborto;
68quique in se crimen traxit voluitque videri
69Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,
70infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam
71pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.
72Orantem frustraque iterum transire volentem
73portitor arcuerat. Septem tamen ille diebus
74squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:
75cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.
76Esse deos Erebi crudeles questus, in altam
77se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.
vv. 56-63allí, temiendo que ella desfalleciera y ansioso por verla, el enamorado volvió los ojos; y al instante ella se deslizó hacia atrás y, tendiendo los brazos y esforzándose por ser agarrada y por agarrarlo, la desdichada no atrapa nada más que el aire que se le escapa. Y, muriendo ya por segunda vez, no se quejó en absoluto de su esposo: pues ¿de qué iba a quejarse, sino de haber sido amada? Y dijo un último «adiós», que él ya apenas podía percibir con sus oídos, y volvió a caer al mismo lugar.
vv. 64-71Con la doble muerte de su esposa, Orfeo quedó atónito no de otro modo que aquel que, lleno de miedo, vio los tres cuellos del perro, el del medio cargado de cadenas, y a quien el pavor no abandonó antes que su naturaleza anterior, al brotarle la piedra por todo el cuerpo; o que Óleno, que atrajo sobre sí la culpa y quiso parecer culpable, y tú, oh desdichada Letea, confiada en tu belleza: corazones en otro tiempo tan unidos, y ahora piedras que sostiene el húmedo Ida.
vv. 72-77Al que suplicaba y quería en vano cruzar de nuevo, el barquero se lo había impedido. Aun así, él permaneció sentado durante siete días en la orilla, desaliñado y sin probar el don de Ceres: la angustia, el dolor de su alma y las lágrimas fueron su alimento. Tras quejarse de que los dioses del Érebo eran crueles, se retira al alto Ródope y al Hemo, azotado por los aquilones.
13Apolo y JacintoMet. X, 162-219
Personajes
Febo Apolo; Jacinto, joven espartano, llamado Amiclida («descendiente de Amiclas», el rey que fundó Amiclas, cerca de Esparta). La historia forma parte del canto de Orfeo, que, tras perder a Eurídice, canta sobre los muchachos amados por los dioses.
Resumen
Orfeo dice que Apolo habría colocado a Jacinto en el cielo si el destino se lo hubiera permitido; aun así, es eterno, porque renace cada primavera. Apolo lo amaba tanto que abandonaba Delfos, el centro del mundo, para estar en Esparta, junto al río Eurotas, olvidando la lira y el arco y acompañándolo de caza. Un día, al mediodía, se desnudan, se untan de aceite y compiten lanzando el disco. Apolo lo lanza muy alto; Jacinto corre a recogerlo, pero el disco rebota en la tierra dura y le golpea la cara. Apolo, pálido como él, intenta reanimarlo con hierbas medicinales, sin éxito. El muchacho muere como una violeta, una amapola o un lirio al que se le parte el tallo. Apolo se culpa y se lamenta: desearía morir con él, pero no puede, porque es inmortal; promete que Jacinto vivirá siempre en su recuerdo y en sus cantos, que se convertirá en una flor que llevará escritos sus gemidos y que un héroe valentísimo (Áyax) se unirá a la misma flor. La sangre derramada se convierte en una flor más brillante que la púrpura de Tiro, con la forma de un lirio pero de color púrpura, y Apolo escribe en sus pétalos su lamento: AI AI. Esparta honra a Jacinto con las fiestas anuales de las Jacintias.
Metamorfosis
Jacinto → la flor jacinto (que no es exactamente el jacinto moderno; los antiguos veían en los pétalos las letras AI AI, «¡ay, ay!»).
Explicación etiológica
El origen de la flor y de las fiestas Jacintias de Esparta.
Temas
El amor de un dios por un muchacho (la pederastia griega); la muerte accidental; la impotencia de la medicina y de la inmortalidad frente a la muerte; el duelo y la memoria; la flor como recuerdo eterno.
Claves para la PAU
Jacinto de Amiclas (Esparta); el lanzamiento del disco; el disco rebota en el suelo (en Ovidio no interviene el viento Céfiro, que sí aparece en otras versiones); flor púrpura con las letras AI AI; Áyax; fiestas Jacintias. Lo cuenta Orfeo.
Pervivencia
Pintura: Giovanni Battista Tiepolo, La muerte de Jacinto (1752-1753, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid); Jean Broc, La muerte de Jacinto (1801, Poitiers). Escultura: Benvenuto Cellini, Apolo y Jacinto (c. 1546, Museo del Bargello, Florencia).
Texto latino y traducción (Met. X, 162-219)
Versos 162-213
162Te quoque, Amyclide, posuisset in aethere Phoebus,
163tristia si spatium ponendi fata dedissent.
164Qua licet, aeternus tamen es: quotiensque repellit
165ver hiemem piscique aries succedit aquoso,
166tu totiens oreris viridique in caespite flores.
167Te meus ante omnes genitor dilexit, et orbe
168in medio positi caruerunt praeside Delphi,
169dum deus Eurotan inmunitamque frequentat
170Sparten. Nec citharae nec sunt in honore sagittae:
171inmemor ipse sui non retia ferre recusat,
172non tenuisse canes, non per iuga montis iniqui
173ire comes, longaque alit adsuetudine flammas.
174Iamque fere medius Titan venientis et actae
175noctis erat spatioque pari distabat utrimque:
176corpora veste levant et suco pinguis olivi
177splendescunt latique ineunt certamina disci.
178Quem prius aerias libratum Phoebus in auras
179misit et oppositas disiecit pondere nubes.
180Reccidit in solidam longo post tempore terram
181pondus et exhibuit iunctam cum viribus artem.
182Protinus imprudens actusque cupidine lusus
183tollere Taenarides orbem properabat. At illum
184dura repercusso subiecit verbere tellus
185in vultus, Hyacinthe, tuos. Expalluit aeque
186quam puer ipse deus conlapsosque excipit artus,
187et modo te refovet, modo tristia vulnera siccat,
188nunc animam admotis fugientem sustinet herbis.
189Nil prosunt artes: erat inmedicabile vulnus.
190Ut siquis violas rigidumve papaver in horto
191liliaque infringat fulvis horrentia linguis,
192marcida demittant subito caput illa vietum
193nec se sustineant spectentque cacumine terram:
194sic vultus moriens iacet, et defecta vigore
195ipsa sibi est oneri cervix umeroque recumbit.
196“Laberis, Oebalide, prima fraudate iuventa,”
197Phoebus ait “videoque tuum, mea crimina, vulnus.
198Tu dolor es facinusque meum: mea dextera leto
199inscribenda tuo est! Ego sum tibi funeris auctor.
200Quae mea culpa tamen? Nisi si lusisse vocari
201culpa potest, nisi culpa potest et amasse vocari.
202Atque utinam merito vitam tecumque liceret
203reddere! Quod quoniam fatali lege tenemur,
204semper eris mecum memorique haerebis in ore.
205Te lyra pulsa manu, te carmina nostra sonabunt,
206flosque novus scripto gemitus imitabere nostros.
207Tempus et illud erit, quo se fortissimus heros
208addat in hunc florem folioque legatur eodem.”
209Talia dum vero memorantur Apollinis ore,
210ecce cruor, qui fusus humo signaverat herbas,
211desinit esse cruor, Tyrioque nitentior ostro
212flos oritur formamque capit quam lilia, si non
213purpureus color his, argenteus esset in illis.
vv. 162-166También a ti, hijo de Amiclas, te habría colocado Febo en el cielo, si el triste destino le hubiera dado tiempo para colocarte. Aun así, en la medida en que es posible, eres eterno: y cuantas veces la primavera expulsa al invierno y el Carnero sucede al acuoso Pez, otras tantas naces tú y floreces en el verde césped.
vv. 167-173A ti te amó mi padre por encima de todos, y Delfos, situada en el centro del mundo, se quedó sin su protector mientras el dios frecuentaba el Eurotas y Esparta, que no tenía murallas. Ni la cítara ni las flechas reciben honra: olvidado de sí mismo, no se niega a llevar las redes, a sujetar a los perros, a ir como acompañante por las cumbres de un monte escarpado, y con el largo trato alimenta su pasión.
vv. 174-181Y ya el Titán estaba casi a medio camino entre la noche que venía y la que había pasado, y distaba lo mismo de una y de otra: se quitan la ropa, relucen con el jugo del graso olivo y emprenden una competición con el ancho disco. Febo fue el primero en lanzarlo, tras balancearlo, hacia las brisas del aire, y con su peso partió las nubes que se le oponían. Mucho tiempo después cayó de nuevo el peso en la tierra firme y mostró una destreza unida a la fuerza.
vv. 182-189Al punto el joven del Ténaro, imprudente y llevado por el deseo de jugar, se apresuraba a recoger el disco. Pero la dura tierra lo hizo rebotar con el golpe y lo lanzó contra tu rostro, Jacinto. Palideció el dios tanto como el propio muchacho, recoge sus miembros desplomados, y ya te reanima, ya seca tus tristes heridas, ya retiene, aplicándole hierbas, tu alma que huye. De nada sirven sus artes: la herida no tenía cura.
vv. 190-195Como cuando alguien, en un huerto, quiebra violetas o una amapola erguida y lirios erizados de amarillas lenguas, y estos, marchitos, de repente dejan caer su cabeza lacia, no se sostienen y miran la tierra con su punta: así yace el rostro del moribundo, y su cuello, falto de vigor, es una carga para sí mismo y se recuesta sobre el hombro.
vv. 196-201«Te desplomas, descendiente de Ébalo, privado de tu primera juventud», dice Febo, «y veo tu herida, mi crimen. Tú eres mi dolor y mi delito: ¡tu muerte ha de llevar inscrita mi diestra! Yo soy el causante de tu muerte. Pero ¿qué culpa tengo yo? A no ser que pueda llamarse culpa haber jugado, a no ser que pueda llamarse culpa también haber amado.
vv. 202-208¡Y ojalá pudiera, como merezco, entregar la vida junto contigo! Pero, ya que la ley del destino nos lo impide, siempre estarás conmigo y permanecerás en mis labios, que te recordarán. A ti te celebrará la lira pulsada por mi mano, a ti mis cantos, y, convertido en una flor nueva, imitarás mis gemidos con una inscripción. Y llegará también el tiempo en que un héroe valentísimo se una a esta flor y se le lea en el mismo pétalo.»
vv. 209-213Mientras la boca veraz de Apolo dice estas palabras, he aquí que la sangre, que, derramada por el suelo, había manchado la hierba, deja de ser sangre, y, más brillante que la púrpura de Tiro, nace una flor y toma la forma de los lirios, salvo que en ella el color es purpúreo y en aquellos, plateado.
Versos 214-219
214Non satis hoc Phoebo est (is enim fuit auctor honoris):
215ipse suos gemitus foliis inscribit, et AI AI
216flos habet inscriptum, funestaque littera ducta est.
217Nec genuisse pudet Sparten Hyacinthon, honorque
218durat in hoc aevi, celebrandaque more priorum
219annua praelata redeunt Hyacinthia pompa.
vv. 214-219No le basta esto a Febo (pues fue él el autor del homenaje): él mismo inscribe sus gemidos en los pétalos, y la flor lleva escrito AI AI, y se trazaron unas letras fúnebres. Tampoco se avergüenza Esparta de haber engendrado a Jacinto, y su honra dura hasta nuestros días, y cada año vuelven las Jacintias, que se celebran a la manera de los antepasados, encabezadas por una procesión solemne.